Los patachorros tienen en jaque a los vecinos de un sector de Villa del Parque
“Estaba con mi marido y esperamos que llegara nuestro hijo, que estaba en la facultad, para salir a hacer los mandados”, dijo inicialmente Patricia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailRecordó que “antes de salir escuché que el perro que estaba afuera ladraba hacia atrás y les sugerí que se fijasen”, sin que se observara nada anormal.
Acotó que los vecinos ya estaban en alerta debido a que “una semana antes escuchamos ladrar mucho a los perros y cuando se asomó mi hijo vio que andaba la policía en el patio porque los pateapuertas les habían robado a los chicos de atrás”.
El viernes último, tras verificar que no hubiera nada extraño, la pareja salió a hacer compras en el barrio y en la casa quedó el adolescente. “No hice más que salir y llegar a la esquina que mi hijo me llamó desesperado por teléfono porque había dos tipos adentro de mi casa”.
Añadió que el joven “estaba estudiando en la habitación cuando escuchó al perro de afuera ladrar nuevamente, pero cuando se asomó vio a un muchachón que entró por la puerta de atrás. Estaba con un palo de escoba, esperando para pegarle a la perra que estaba adentro y lo enfrentaba”.
Al observar que había gente en la casa, los ladrones salieron corriendo, en tanto que el estudiante quedó en estado de shock.
“No alcanzaron a llevarse nada, pero nos rompieron la puerta y esa noche tuvimos que trabarla con los muebles, ya que no podíamos echarle llave”, dijo la mujer.
Patricia indicó que la policía demoró “25 minutos en llegar, porque supuestamente no encontraban la calle”.
Finalmente indicó que estudian dotar a la vivienda de más medidas de seguridad, aunque “no quiero estar entre rejas”, sentenció.
Sexto robo
En tanto, una vecina de calle Matorras –Karina- planteó que “estamos muy mal porque en mi casa ya fueron seis robos y no sabemos que más hacer. Hemos puesto rejas, traído perros, cerrado los fondos y es indignante que te roben así”.
Acotó que los delitos suceden “en el horario de la mañana, cuando la gente trabaja. No sabemos qué más hacer”.
Karina indicó que “las últimas dos veces fueron muy seguidas. Una fue el 20 de marzo, día en que entraron por la ventana de mi habitación. El miércoles pasado –en tanto- ingresaron por la del cuarto de mi hijo”.
La mujer dijo estar “muy angustiada. Uno no tiene derecho a salir porque siempre está intranquilo, pensando en que cuando uno vuelve se puede encontrar con que le entraron”.
Explicó que los primeros cuatro robos fueron a lo largo de siete años, pero que en los últimos sólo hubo dos meses de diferencia.
“Me gustaría que la policía pase a la mañana, que es cuando están robando”, añadió.
Los ladrones, en el anteúltimo robo, se llevaron la computadora completa y el equipo de música, además de efectos más chicos. En la última oportunidad se alzaron con un televisor de 40 pulgadas “que había comprado tres días antes para regalarle a mi esposo el Día del Padre. Hicimos la denuncia, pero la policía no vino en ningún momento a ver o a preguntar”, se quejó Karina.
Otro caso
Silvia, residente en calle De los Granaderos, indicó que el sábado al mediodía los delincuentes “me patearon la puerta, pero no llegaron a entrar porque había una traba”.
Adelantó que “voy a reforzar las rejas, poner pinches… pero todo es gasto y uno no dispone del dinero para enfrentar esta situación”.
Indicó que los vecinos quieren “que la policía pase y haga rondas, como hacía antes. Lo solicitamos, nos dicen que sí, pero no lo hacen”.
Los vecinos se sienten “vigilados” por la delincuencia y las mujeres aclararon que “no somos nosotros solos, sino que hay muchos en la misma situación”.
Tandil olvidado
Plantearon la intención de juntar firmas parea reclamar a las autoridades.
“Esto es también parte de Tandil y a veces nos sentimos un poco desamparados. No tenemos cloacas ni gas. Cuando se rompen las luces –porque se queman o andan los chicos con las ondas- la Usina tarda hasta 15 días en venir a repararlas. A veces los recolectores no pasan, no tenemos cordón cuneta”, se quejaron las vecinas.
Se definieron como “gente de trabajo y que tenemos al día nuestros impuestos. Queremos que alguien se acerque a darnos contención y seguridad, para no estar con miedo y desconfiando de todo el mundo”.
Finalmente Karina dijo que “cuando me voy a trabajar, no estoy en paz. No alcanza con todas las medidas de seguridad”.
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