Los Pernía, en una historia que se repite
Cuando Vicente Alberto Pernía -aquel aguerrido defensor y en ocasiones capitán de Boca Juniors en la década del ?70- colgó los botines, se decidió a llevar adelante su otra pasión, el automovilismo.
Y no le fue nada mal: terminó siendo subcampeón de la súper competitiva Turismo Clase 2 manejando un Fiat 128. El campeón fue Ernesto Bessone padre, que conducía un auto “de otra categoría”: un Alfa Romeo que por sí solo marcaba grandes diferencias.
Decidido luego el Tano a encarar el Turismo de Carretera, se dio el gusto de ser nuevamente subcampeón. Esta vez el campeón fue el inigualable Juan María Traverso, que obtenía su quinto título en la categoría máxima, y el tercero consecutivo.
Pasaron los años, y fue su hijo Leonel quien, con una experiencia escasa, y siendo tercer piloto de Honda, se consagró el pasado domingo subcampeón de Turismo Competición 2000, la categoría más avanzada del país. El campeón fue Pechito López, el indiscutible mejor piloto del momento, que lucha por conseguir un logro único en el mundo: consagrarse campeón, el mismo año, en tres categorías. Y que, por si fuese poco, está a punto de subirse a un Fórmula Uno.
La historia se repite.
Son los dos Pernía, padre e hijo.
Fueron ambos subcampeones de aquellos que, cada uno en su momento, marcaron auténticas e indiscutibles diferencias con el resto.
Y obtuvieron sus respectivos subcampeonatos, cada doce años exactos: 1985, 1997 y 2009.
¿Será verdad, entonces, que las casualidades no existen?
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios