Los tandilenses recibieron el Año Nuevo con relativa calma y festejos en distintos lugares
Una vez que el reloj marcó la hora cero, las familias reunidas en sus casas realizaron el tradicional brindis e intercambiaron los mejores deseos para el año que comienza. A partir de allí, y con el clima de una noche que ameritó algún abrigo, cada uno emprendió un rumbo distinto.
Algunos se movilizaron para saludar a otros familiares, los más jóvenes salieron a reunirse con sus amigos para comenzar con los festejos, y otros optaron por ir a presenciar la sexta (y ya tradicional) edición del ?Tandil brilla? (ver página 18).
Y quizás radique justamente en el espectáculo de fuegos artificiales, que copó el estrellado cielo del 1 de enero de 2009 por 16 minutos, el notable retraso del movimiento vehicular en el centro que, hasta las tres de la mañana, era escaso. Incluso los peatones parecieron resguardarse de las calles hasta pasado ese horario. Puede que haya sido un Año Nuevo frío como pocos, pero la baja temperatura que marcó la madrugada de ayer no permitió que se opacara la alegría y las ganas de festejo por el comienzo, para algunos, de una nueva etapa.
En cuanto a los boliches, como sucedió en Navidad, tuvieron una concurrencia un tanto menor durante las primeras horas de la madrugada. Más tarde, las personas comenzaron a llegar y a colmar los locales céntricos más concurridos de la ciudad, en los que, por momentos, se registraron algunas colas para ingresar.
Por otro lado, la realización (o por lo menos, difusión) de una serie de fiestas privadas, que tuvieron foco en distintos puntos de la ciudad, parecieron acaparar un público que pudo optar por varias opciones.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailFestejos, sin incidentes
El creciente uso de pirotecnia, a la hora de dar rienda suelta a la alegría por la llegada de 2009, generó algunos accidentes. Desde el Hospital Municipal Ramón Santamarina, por caso, no se brindaron precisiones, aunque sí se reconoció que la guardia tuvo movimiento, y que se atendieron a personas afectadas por quemaduras o por el golpe de corchos rebeldes.
En la víspera, quienes habían estirado la noche entre brindis y visitas, se levantaron bastante más tarde que de costumbre. Eso provocó que por la mañana, una vez que finalizó el éxodo juvenil, las calles quedaran desiertas por largo rato.
El almuerzo volvió a reunir a la familia, y la siesta, esta vez exenta de calor, también se convirtió en una de las vedettes de la jornada.
A esa hora de la tarde, el centro continuaba ofreciendo un panorama desolador, en el que los restos de una noche agitada se ofrecían como mudos testigos de la fiesta que había sido.
Para el anochecer, confiterías y bares comenzaron a abrir sus puertas, y automovilistas y caminantes dejaron la modorra para volcarse a las calles.
Las tradicionales Llamadas hicieron que la música recorriera Rodríguez, desde España hasta la Glorieta de la Plaza Independencia, poniéndole calor y color al final de la especial celebración.
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