?Los títeres, un patrimonio cultural de la humanidad?

Podría decirse sin temor a equivocarse que Eduardo Di Mauro (80), con sesenta años en la profesión, es actualmente el referente en el mundo mágico de los títeres.
Lo encontramos en el Alfa, a punto de ofrecer una función. Se hace un tiempito para charlar con nosotros.
Este hombre, que desde el colegio primario en su natal Córdoba junto a su hermano Héctor (fallecido) despuntaban el vicio de los títeres, los confeccionaban y armaban obras de teatro, trasladarían más tarde a la secundaria esta pasión y posteriormente decidirían intentar distintas carreras universitarias: Eduardo, medicina ?porque quería ser como el humanista,  escritor Anton Chejov?-dice el hombre con seriedad, pero se desanimó cuando en una práctica en la morgue debieron diseccionar a un anciano. El titiritero devenido en universitario puso el grito en el cielo porque ?no es posible que le hagamos esto a un hombre que trabajó toda su vida, hay que dejarlo en paz?. Cuenta Eduardo que se acercó a él su profesor y le dijo ?usted es un gran hombre, pero no será un gran médico. Imagínese si se le muere un paciente ¿qué hace,  se suicida?
Fue entonces que Eduardo y su hermano decidieron abandonar sus carreras y dedicarse a lo que más le gustaba, el mundo de los títeres. Pasarían antes por estudios de filosofía y letras que tampoco concluiría, ellos ya habían elegido sus destinos, aunque uno de los dos quedara en el camino.

Reconocimiento
a nivel mundial
Eduardo Di Mauro es uno de los titiriteros más importantes en Latinoamérica, tanto por la calidad de sus trabajos como por el esfuerzo en difundir este oficio. Sus títeres han recorrido casi todos los países del continente americano y, finalmente, se estableció en Venezuela, donde ha seguido trabajando. Actualmente organiza el Instituto Latinoamericano del Títere.
Cuenta con 60 años de profesión de titiritero, a tiempo completo, ha dignificado el trabajo basado en su pensamiento que muchas veces ha expresado así: ?Nuestro deber de artistas, no es desde luego, simplemente entretener, esto lo hace cualquier técnico que mezcle algunas situaciones ridículas o absurdas? que de por sí abundan en demasía en nuestra época. Nuestro deber como titiriteros es servir, llegando regular y sistemáticamente a nuestro pueblo con las más bellas expresiones, fruto de nuestra creatividad e inteligencia en forma clara, simple y honesta, desarrollando la sensibilidad, exaltando la fuerza infinita de la unidad cuando se sostiene con propósitos nobles y profundos, que generalmente van más allá de nuestras cortas vidas, como lo son: la fraternidad y la paz para todos los habitantes de nuestra tierra, tan pequeña como bella y amada, que gira sin cesar en la inmensidad sin límites del universo, sin destino aparente?.

 

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