Luis Falcini, un escultor que combinó la tarea pedagógica con una rica producción individual

Realizó su primera Exposición Internacional de Arte del Centenario, con su obra ?Pobre Herencia? en yeso.  En 1911 marchó a Europa instalándose en Florencia (Italia). Luego se trasladó a París,  de donde regresó debido a la gran conflagración mundial de 1914. Volvió a Europa en 1915 quedándose allí hasta 1918 que regresa a Buenos Aires y se va a Montevideo llamado por el pintor uruguayo Pedro Blas Viale, director de la Escuela de Arte de ese  país, donde se dedicó a tareas pedagógicas alternándola con su producción individual. En 1924 obtuvo el  segundo premio nacional con ?Flagma Extinta? una obra de tránsito, etapa necesaria para avances mayores.
Falcini  fue, con toda evidencia, el plástico de las renovaciones. En ningún momento se lo vio  limitado por órmulas, así fuesen las más tentadoras. Acudió a los maestros con espíritu alerta. Los vio, los estudió y procuró  extraer  de ellos ejemplos,  no modelos. ?Flagma Extinta? lo evidenció una vez más. Esa imagen votiva vive por dentro, como toda obra cuya inspiración logra situarla en la esfera de lo espiritual. Hay allí una conciencia,  un dolor, un alma. Todo ello se resume en un nombre augusto: el de madre.
A su tiempo vendrán obras más complejas, de diversa ordenación en la vastedad del desarrollo.  Así realiza el relieve para el edificio de la Unión Ferroviaria. Al género decorativo también corresponden los dos Relieves, policromados, para una casa sindical: dos aspectos de una demostración ciudadana. Conforme puede inferirse, Falcini ha superado dificultades no leves.  Hay en estas esculturas cierto calor vibratorio, de un ritmo contenido. Se ilustran con ello las varias facetas de una personalidad de avanzada.  Este escultor fue uno de los primeros  en difundir entre nosotros las doctrinas del arte nuevo.
Hombre moderno y  muy de su hora, aceptó cuanto podía  contribuir a su crecimiento, como se asimila toda enseñanza cuando ella favorece, esto es, cuando lo adoptado se une y se funde en el viviente crisol de modos individuales inconfundibles.
Transfundirse en cada obra para Falcini,  es darse en ella por entero, ya se trate de esculturas menores en tamaño, ya de otras de mayor volumen. Fue un apasionado un vibrante, para quien un mero detalle importaba como integración de compleja armonía. Una cabeza estilizada, un desnudo arcaico, un retrato resuelto según técnica de breves toques, como de color  vibratorio, una figura mayor, de líneas movidas o de una continencia elegíaca,  una composición resuelta con amplitud decorativa, todo se resume en conformidad con ese vivir tenso del artista, de máxima tensión en el esfuerzo disciplinado.
Este Museo Municipal de Bellas Artes cuenta en su acervo patrimonial con un trabajo en bronce  de su autoría titulado  ?Joven que mira?, premio del II Salón de Arte de Tandil.

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