Lunghi clamó por ?solidaridad social? y advirtió que no puede colocar un ?ángel custodio? por cada habitante
Pasadas las 10.30, el sol salió tímido para acompañar el acto protocolar por el centésimo nonagésimo primer aniversario de la fundación de Tandil. El encuentro se desarrolló al pie del Monumento a Martín Rodríguez, en la cima del Parque Independencia, y fue encabezado por el Intendente, a quien acompañaron el presidente del Concejo Deliberante y gran cantidad de ediles de los tres bloques, secretarios y directores, entre otros funcionarios.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPor otra parte, se hicieron presentes el comandante de la VI Brigada Aérea Pedro Girardi y el segundo comandante de la Primera Brigada Blindada Gustavo Luis Martínez; las agrupaciones tradicionalistas de la ciudad, integrantes de las colectividades y representantes de las instituciones educativas.
Entre el granito húmedo y las rústicas escalinatas de la réplica del fuerte, se izó la Bandera Argentina y se entonaron las estrofas del Himno Nacional. Además, el padre Marcos Picaroni realizó la oración de acción de gracias.
El sacerdote elevó una plegaria “por todos aquellos que ponen lo mejor de sí mismos para embellecerla y hacer de ella un ámbito para convivir con ilusión” y pidió a Dios “por todas las instituciones que le dan dinamismo y vida, por las instituciones políticas y sociales, las instituciones deportivas, de seguridad y culturales, las instituciones educativas y cada uno de los tandilenses”.
Tras las palabras del jefe comunal, el Municipio entregó una plaqueta recordatoria a Esther Rodríguez de Soaje Pinto, tataranieta del fundador Martín Rodríguez, quien se mostró sumamente agradecida por el recibimiento que le propinó la ciudad.
El ser tandilense y la convivencia
En el inicio de sus palabras, el intendente Lunghi hizo un esbozo de la identidad local: “Si algo tenemos claro los tandilenses es que nuestra ciudad es única, es nuestro espacio de convivencia, son sus sierras, sus árboles, es nuestra comunidad, es nuestro Tandil”.
Además, se posicionó como “un vecino nacido y criado en esta ciudad” que fue experimentando su crecimiento y compartió anécdotas de sus estudios en el colegio San José, en la época en que no se cerraban las puertas con llave
“El centro de nuestra ciudad tenía la misma vuelta del perro de hoy. Con las mismas veredas y las mismas calles angostas. Con la misma arboleda que nos abraza cada día. Y hasta que se hizo el Lago, nos inundábamos y usábamos compuertas. Las quintas del fin de semana estaban bastante lejos: en la zona de Uncas”, recordó.
También mencionó que a fines de los 60 había sólo dos inspectores de tránsito, a quienes la comunidad llamaba “zorros grises”, y “muchos recordamos las persecuciones de Capristo montado en su Gilera. Eran heroicas”. Por ese entonces había 8.600 vehículos y hoy son 64.400 los patentados, en el mismo territorio.
Lunghi sostuvo que “no siempre crecer es desarrollarse. Y cada día debemos apostar al desarrollo armónico de la convivencia, al desarrollo armónico del respeto por el otro, al desarrollo cultural, deportivo, empresarial, crecimiento y desarrollo deben ir siempre de la mano”.
Expresó preocupación por los “cambios en las normas y pautas de convivencia: hemos naturalizado nuestra convivencia alterando principios básicos. Somos los mayores quienes debemos orientar con nuestras acciones, acompañar a los jóvenes en su crecimiento”.
Y tal vez apuntando a los dirigentes, afirmó que “la juventud es una etapa intensa y transgresora y siempre vendrá alguien más joven; que sabrá más; tendrá más creatividad y creerá por un momento, como todos alguna vez, que puede cambiar el mundo”.
Por otro lado, destacó que a pesar de la velocidad y el vértigo de nuestro tiempo, “aquí todo sigue quedando cerca. En nuestro Tandil, mantenemos la escala humana. Aquí vivimos en escala humana. Pero igual tenemos apuro por llegar, por ser, por pertenecer”.
Desde esa óptica, afirmó que “el gran desafío es mantener los principios del humanismo”, aunque aclaró que no se detendrán las obras de infraestructura y servicios, como asfalto, servicios, salud, etc.
Y estableció que “la igualdad de oportunidades es el principal desafío del desarrollo humano“, convocando a “obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas”.
Ser mejores
En igual sentido, sostuvo que “si no somos mejores en los peores momentos, no habrá ciudad que sea habitable y nos dé felicidad” y vaticinó que “esta ciudad querida, maravillosa, soñada por todos -aun por aquellos que discuten los sueños- se limitará a estructuras vaciadas de solidaridad, de moral, de ética, de afecto, de buena esencia”.
Por otro lado, resaltó que la vida humana es el valor más preciado y que “la función pública no reemplaza a la familia ni puede colocar una ángel custodio al lado de cada habitante para vigilar su conducta y orientarlo en sus acciones. Y no hay acción humana que no nos afecte a todos. Por lo tanto, nuestro aporte tiene que tener el concepto de libertad responsable”.
En tono filosófico, el Intendente indicó que “el proceder cotidiano nos quita o nos aporta calidad de vida” y condenó el individualismo, que no debería tener lugar en “donde aún nos conocemos y saludamos y reconocemos. No merece la mezquindad, las chicanas, el egoísmo y mucho menos el individualismo”.
En el remate, expresó que “como Intendente apuesto a los proyectos y propuestas que nos permitan vivir el Tandil armónico y accesible del presente y del futuro” y confió que “quiero apostar a un Tandil con sueños que construyamos entre todos, que compartamos entre todos. Es nuestro desafío cada día el de sentirnos tandilenses junto a los amores del pasado, acompañando la realidad del presente, ayudando a construir el futuro”.
Antes de cantar el feliz cumpleaños, el intendente Miguel Lunghi agradeció el respeto y el silencio con el que fueron escuchadas sus palabras.
Martín Rodríguez en el recuerdo de su tataranieta
Esther Rodríguez de Soaje Pinto, tataranieta del fundador de Tandil, se mostró muy contenta con la invitación para participar del aniversario de la ciudad y agradeció las atenciones que recibió de parte de Manuel Pérez Etchegoyen, representante de la Casa de los Rodríguez.
Definió a Martín Rodríguez como un personaje “extraordinario” de la historia, que “siendo poseedor de tierras, de campo, cuando vio en peligro a la patria, se presentó y vivió para el país siempre”.
La descendiente explicó que “su gobierno (de la provincia de Buenos Aires), de 1821 al 24, está catalogado como uno de los mejores. Incluso, eso lo reconocemos actualmente porque las instituciones fundadas durante su gobierno permanecen hoy día. Es decir, no fue un gobierno que hizo algo que se terminara; todo eso continúa”.
Locuaz y dueña de una franca mirada azul, esta mujer de 92 años valoró el ejemplo de su tatarabuelo. “Los que tenemos el honor de llevar un apellido histórico, tenemos la responsabilidad de estudiarlo, conocerlo, de respetarlo, presentarlo en nuestra familias para que el recuerdo se continúe y el respeto permanezca siempre”, manifestó.
En su tercera visita a Tandil, expresó que la ciudad es “una maravilla” y destacó que es “enorme”, al reconocer que ha experimentado un “cambio imponente”.
Por otra parte, Esther Rodríguez contó que también es descendiente de Juan Manuel de Rosas -cuarta nieta-, por lo que conviven en su sangre elementos unitarios y federales.
La anécdota
En diálogo con El Eco de Tandil, la tataranieta subrayó la generosidad de Martín Rodríguez y compartió una anécdota con todos los tandilenses, “una historia preciosa”.
Esther Rodríguez refirió que durante las invasiones inglesas “entraron los ingleses por la estancia de Martín Rodríguez en Ensenada. El lo cuenta en sus memorias: ‘Entraron por mi estancia y llegaron a las otras estancias nuestras, en que destruyeron las casas, las capillas, tiraron los santos’”.
Ante el peligro “cuentan que él, con gente de su campo, iba recorriendo para ver dónde estaban los ingleses. La idea que él tenía era secuestrar a (William) Bereford, porque una vez que agarrara al jefe, se terminaba la invasión. Todo eso lo supo el gobernador y le mandó a decir que parara todo, que se estaban armando regimientos, que iba a ser todo militarizado. Entonces ahí empezó con la formación del Regimiento de Patricios”.
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