Lunghi, el campo y las canteras.
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Relatan los medios gráficos locales la sorpresa del Intendente cuando un dirigente ruralista solicitó un aplauso para los empresarios mineros que les manifestaban su apoyo a la manifestación organizada por los patronos agropecuarios. Confieso que no entiendo bien de que se sorprende el intendente. Quiero decir ¿por qué no esperar el apoyo de un sector del empresariado que comparte con ?el campo? una controversia con las intervenciones estatales?
Caben dos hipótesis, o Lunghi actúa de buena fe y no puede discernir claramente sobre la cuestión de fondo en el conflicto que plantean las entidades ruralistas o ha actuado en forma oportunista para incrementar su capital político intuyendo que el conflicto debilitaría al gobierno nacional y entonces era preciso desmarcarse.
Primera hipótesis: Personalmente comparto la iniciativa del municipio en reclamar que la explotación minera debiera desarrollarse conforme a regulaciones que limiten el daño al medio ambiente. Sin embargo, puede comprenderse como legítima la controversia que plantea el sector minero en la medida en que se compartan sus visiones sobre las articulaciones entre la actividad económica y sus efectos en la sociedad. Quiero decir, en la medida en que se sostenga que la producción de riqueza es una actividad que desarrollan los empresarios sin más arreglo que la maximización de la ganancia. Desde esta posición debería entenderse que el daño al medio ambiente es un efecto colateral y menor ya que visto en prospectiva ?producir? es más valioso que los posibles efectos dañinos resultado de las condiciones en que se produce.
La lógica es exactamente la misma que la que sostienen los empresarios agropecuarios. La maximización de la ganancia del sector se desvincula de los efectos que produce. Se trata de la lógica neoliberal que impulsaba en los noventa el desplazamiento del estado respecto de cualquier intervención que regule los patrones de acumulación. El sentido común del neoliberalismo estableció como dogma que debe dejarse actuar libremente al mercado porque en el largo plazo se produciría un derrame de los beneficios. Es en este marco en que se explica, por ejemplo, por qué se desmanteló la legislación laboral.
Se entiende ahora cual es la cuestión de fondo que comparten los empresarios mineros y agropecuarios: el estado debe mantenerse prescindente en la elaboración de las reglas de juego de la economía. Ni regulaciones medioambientales que limiten la ganancia del sector minero, ni regulaciones que distribuyan un porcentual de la renta extraordinaria del sector agropecuario.
Quizás el intendente y sus asesores, conjeturo, habrán encontrado que es más fácil ?pegarle? a los canteristas habida cuenta de los avances que en la ciudadanía se han manifestado respecto de una conciencia ecologista. Y que detrás de su posición no pueda encontrarse una clara vocación de proteger un bien común sino una oportunidad de ?remar a favor de la corriente?.
En este caso, la hipótesis dos cobraría más fuerza. Lunghi escudriña los escenarios de conflicto, entre ellos el agropecuario, y actúa en razón de maximizar su capital político. Aunque por momentos deba tragarse algunos sapos. Se sabe, la acción política no es avara en contradicciones.
Javier Araujo
DNI 14.842.549
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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