Lunghi, el pato rengo y la ribera
Pocos pero están, y en los aledaños al poder radical, quienes piensan que el intendente Miguel Lunghi debería dejar de lado el allanado camino hacia un nuevo período de gobierno, tras elegir con meditación (más de) una opción entre sus hombres cercanos y apuntalarlo en la contienda de 2011, para hacer viable una sucesión desde el mismo partido de gobierno.
Lo hacen bajo variados, inquietantes y atendibles argumentos.
El primero es que no existe manual de la política que no muestre que los últimos dos años de lo que pueden ser doce al frente de una administración pública suelen borrar lo que se cosechó durante una década.
Parados sobre esa hipótesis, se cree que a un escenario de retirada exitosa ?con altos niveles de popularidad- suele sucederle otro donde la ciudadanía no muestra esa misma consideración hacia quien la gobernó, incluso con amplísimo margen de sustento.
El segundo es que por primera vez en los últimos años el radicalismo no deberá remontar candidatos que resulten literalmente barriletes de plomo en los niveles provincial y nacional, con un peronismo que por estos días se dispersa en tercios del electorado.
El tercero radica en lo que muchos entendidos mencionan como la teoría del ?pato rengo? (lame duck). Con Lunghi promediando un hipotético tercer mandato y anunciándoles a sus correligionarios que no irá por otro más, desataría una expectativa sucesoria que lo vaciaría de poder. El rengo, será el último en la fila de los patos sanos y, por eso, la primera víctima del predador.
Para graficarlo desde lo cotidiano, convocaría a las habituales reuniones de gabinete y sus funcionarios estarían más atentos y preocupados por anotarse en la grilla póstuma intentando sumar adhesiones, desde los mismos despachos del poder. Siempre habrá un quincho y asado disponible para esos cabildeos internos, que afectarían la agenda de gobierno.
Como se verá, la expectativa del radicalismo en el poder depende cada vez más y casi exclusivamente de sus propios designios, que de lo que pueda generar un peronismo siempre disperso, o aglutinado entre dispendiosas sedas que pueden desaparecer de la noche a la mañana.
En política, la capacidad de contener la reacción de los vecinos tras decidir trasladar médicos de un barrio a otro es importante, pero también imaginarse qué hay después del ?hombre? de la última década resultará central, si se quiere seguir administrando los destinos de la ciudad.
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