Luz, cámara, acción para el 13ro. Tandil Cine
Con la premisa “Una manera de ampliar la mirada” este festival ya cuenta con identidad propia y proyecciones no sólo en sala, sino en espacios no convencionales como escuelas, barrios y hasta en la Unidad Penitenciaria 37 de Barker. Además posee prestigio académico, artístico y el reconocimiento del público.
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Presencias
En el Espacio Incaa se encontraban presentes Miguel Angel Lunghi, Marcos Nicolini, Natalia Correa, Héctor Llorens, Daniel Herrero, Mario Valiente, Julio Cicopiedi, Cristina Dimatteo, Juan Manuel Padrón, María Salceda, Nacho Lacovara, concejales, consejeros escolares, organizadores y programadores del festival, representantes de distintas instituciones, realizadores, actores, profesores, alumnos y público.
También estaban los jurados que fueron presentados durante la apertura: Pablo Giorgelli, Juan Sasiaín, Mauricio Riccio, Javier Campo y Anabel Bonani, quienes tendrán la responsabilidad de evaluar los siete largometrajes en competencia:“La Salada” de Juan Martín Hsu, con interpretación de Ignacio Huang, Yunseon Kim, Chang Sun Kim y Paloma Contreras; “Ciencias naturales” de Matías Lucchesi, con actuaciones de Paola Hertzog, Paola Barrientos, Sergio Boris y Arturo Goetz; “El cerrajero” de Natalia Smirnoff, con actuaciones de Esteban Lamothe, Erica Rivas, Sergio Boris, Arturo Goetz y María Onetto; “La Paz en Buenos Aires” de Marcelo Charras, con actuaciones de Erasmo Chambi, Luis Chambi Ramos y Guillermina Ramos; “Escuela de Sordos” de Ada Frontini; “El Grillo” de Matías Herrera Córdoba y “La utilidad de un revistero” de Adriano Salgado.
Las palabras
El Intendente fue el responsable de brindar las palabras de apertura del festival. Dijo que “otra vez el cine nos cita con las historias, la fantasía, la realidad y el talento. Campanella dice que lo bueno del cine es la posibilidad de acelerar el tiempo. Como toda ficción, como toda utopía, como la esperanza misma, el hombre quiso siempre ser dueño del tiempo para alargarlo, para achicarlo, para ponerlo en velocidad o lentitud, según sea conveniente”.
Y evaluó que “algo así pretendemos con la vida misma: hacer casi infinitos los buenos instantes, o volver instantáneos y que acaben pronto los tiempos del dolor, que siempre se hacen interminables. Nunca había pensado que en el cine, viendo una película, cambiábamos la dimensión del tiempo. Entramos a un mundo que cambia la velocidad según convenga a la historia, y podemos mirar lo que ocurre desde un plano imposible para el humano real: un ojo estirado, un ojo alargado, tan cerca o tan lejos como requiera lo que se está contando”.
Más adelante, expresó que “creo que esa magia es una pretensión talentosa de los grandes contadores de historias” y agregó que “por eso, aun con aplicaciones tecnológicas novedosas, seguimos amando el cine, aunque su formato nos permita ver en la televisión y en el living de casa la décima repetición de esa película con el final que ya conocemos y conocemos también los diálogos de memoria”.
Lunghi destacó que “la posibilidad de encender la emoción o comprar una entrada para unas lágrimas de un relato, o la risa de una comedia, sigue peleando codo a codo con un sinfín de juegos virtuales y siempre van ganando las películas. Hay más de mil y una historias para contar al sultán obsesivo que no quiere dormir, con cámaras, con luces, sonidos, montajes, con técnicas, con edición, con vestuario, maquillaje, escenografías y un puñado de actores tejiendo esa buena historia, bajo la tutela de un titiritero invisible”.
Sobre el séptimo arte, reflexionó que “es más que magia, sigue siendo instrumento de protesta, de denuncia, de emoción, de testimonio, de alegría. Sigue educando, contando historias mínimas, que multiplica hasta convertirlas en grandes y poderosas por el complicado efecto de la emoción humana, como la de este momento cuando contamos los trece años abriendo la pantalla de nuestro festival de cine de Tandil. Trece años con los mismos socios del inicio: Universidad, Biblioteca Rivadavia y Municipio. Qué importante es trabajar juntos y terminar definitivamente en el país con el individualismo”.
Finalmente, añadió que “esperemos que en estos días podamos ampliar la mirada, esa mirada que hoy sostiene un cine nacional en un espacio Incaa como éste y con taquillas que logran colocar al cine argentino en lugares que supo ocupar hace muchos años. Como en este milenio se dice que todo debe ser un negocio, ya nos queda bien en claro que el cine es una industria y debe mover trabajo e inversión, sino los sueños se deshacen como polvo de estrella; pero sin esos sueños tampoco tendríamos aquí una Universidad, una Facultad de Arte y decenas de jóvenes directores que van haciendo su camino”.
Para cerrar, dio las gracias “por contar las historias que, sin movernos de una butaca, nos meten dentro de ellas; gracias por compartir estos días; por esas charlas de cine en los cafés; por esa mirada que, como siempre, nos permite buscar en nosotros, cuando el cine nos cuenta lo de los otros. Creo que coincidiremos con Orson Welles (que dijo): 'La cámara sólo puede dar cine si es como el ojo del corazón de un poeta'. Luz, cámara, acción y gracias a todos”.
Historia del festival
Tandil Cine nació en 2001 con el objetivo de dar cuenta de la notable producción cinematográfica nacional. La propuesta comenzó a partir de la iniciativa de un grupo de cinéfilos que, de a poco, fue concretando el respaldo del Municipio de Tandil, la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires y la Biblioteca Rivadavia en la producción y organización del mismo.
Lo que empezó como una muestra de cine en las primeras tres ediciones se convirtió, en la cuarta, en el Festival Nacional Competitivo Tandil Cine.
En la quinta edición se incorporó la sección Oficios del Cine, con charlas y talleres. En su sexta, se implementó el Programa País del Incaa.
El Festival Nacional Competitivo Tandil Cine terminó de consolidar una identidad propia al promover proyecciones en salas de preestrenos y estrenos de difícil acceso en la zona y al abrir espacios de proyección no convencionales, como escuelas, centros de jubilados, sedes barriales. La más significativa de estas experiencias es la sección que se proyecta en la Unidad Penitenciaria 37 de Barker.
El desafío supone incluir diferentes expresiones y soportes audiovisuales, logrando un adecuado equilibrio entre el prestigio artístico, académico y el reconocimiento del público a sus referentes.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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