Luz Peuscovich: Arte Joven en crecimiento
-¿En qué disciplina artística te ubicarías?
-Principalmente me manejo cómoda en la pintura y el dibujo, pero soy amante del grabado y la cerámica, aunque en los últimos tiempos llevo practicando poco estas últimas disciplinas. Trabajé bastante en escenografía y realización, donde aplicás un poco de todo. La escultura es un asunto pendiente aún. Pero si debo catalogarme, soy pintora.
-¿Cómo llegaste al mundo del arte?
-Casi de casualidad. Mi hermana, María Paz, dibujó muy bien desde chica y cuando le tocó ir al secundario eligió Polivalente. Leticia, mi otra hermana, también fue allí, pero eligió la orientación en música. Siguiendo a mis hermanas hice lo mismo y con el incentivo de mi mamá Isabel Ramírez, fui a la misma escuela. Cuando terminé no sabía mucho qué hacer, y me pareció bueno seguir con algo que tuviera que ver con lo que venía haciendo, así que me fui a La Plata a la Facultad de Bellas Artes, y recién ahí me di cuenta cuánto me gustaba esto, sobre todo, cuando empecé a sentarme a crear mis propias obras.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEstudios personales
-¿Estudiaste en otros sitios?
-Hice un taller de realización escenográfica en el Teatro Colón, un curso de fotografía y revelado en el centro cultural Dardo Rocha de La Plata, y actualmente estoy estudiando la Licenciatura en Curaduría y Gestión de Arte.
-¿Quiénes fueron tus maestros y referentes?
-Es una pregunta difícil de responder porque mi formación no fue de talleres o maestros, sino en instituciones. Sin embargo, tuve mucha gente que me influenció, todos los profesores que tuve, de hecho. Referentes, o influencias, creo que la historia del arte entera, cada imagen nos aporta desde algún lugar. Además, es inevitable que se impregnen ciertas obras o estéticas que nos han marcado a todos.
Muestras individuales y colectivas
-¿Dónde has podido exponer?
-Arte Joven fue mi quinta exposición y la segunda grupal. La primera fue en 2006, en un bar de Palermo, que se llama El Taller, donde se expusieron obras finalistas del concurso Palermo Viejo, en el que resulté seleccionada. La segunda fue en junio de 2007 en El Secreto del Polaco, en Belgrano, que fue individual y se llamó Micropsia. Contaba con diez obras. La tercera fue en marzo de 2008 y se llamó Principio de Diversidad, también individual y fue en Piola, que se encuentra en Recoleta, donde presenté 27 obras. La cuarta, también individual y se llamó En Ebullición, donde por primera vez, tuve curadoras. Esto fue en Eseade, instituto Filadelfia. Y la quinta, en el Mumbat, un orgullo total.
-¿Cuál es tu público?
-No lo sé, todos. Yo principalmente trabajo para que me guste a mí y si a los demás les gusta, es maravilloso. Lo mínimo que puedo hacer es mantenerme fiel a mis gustos, a mis ideas. Cuando aparecen otras personas a las que les gusta es muy gratificante, porque te encontrás con otro que piensa lo mismo, o se siente movilizado, incentivado por lo que vos pensás.
La pintura se trata de conversar, de dialogar y considero que si uno abre su mente puede encontrar que con cualquier persona en el mundo tiene algo para compartir.
-¿Y cómo te enteraste de la convocatoria de Arte Joven en el Mumbat?
-Analía Ríos, de la Dirección de Cultura, es amiga de mi hermana, por lo tanto, amiga mía. Ella sabía que yo tenía muchas ganas de exponer en el museo. Cuando se enteró de la convocatoria, me reenvió el mail.
-¿Con qué obras participaste?
-La obra central se llama Imago Mundi, es una de las más grandes que hice hasta el momento. Imago mundi, imagen del mundo… salido de ese mundo, donde podemos verlo desde “afuera”. En sí, creo que representa mi estructura mental, esto de alejarse y ver todo con más claridad, buscar siempre la mayor objetividad posible. Esta visión del mundo se hace desde la perspectiva de otro mundo, del que está debajo, que representa el mundo psicodélico de mis ideas, el mundo mágico.
Aquí se recae en dos textos escritos, en dos reflexiones: en la mayoría de las culturas y de las religiones, el círculo y lo esférico es un símbolo primordial de lo sagrado y de lo primario, básico, esencial. La segunda tiene que ver con la cultura como la madre del hombre, protectora, que contiene, une con el resto de los hombres, pero a la vez, es una barrera que el hombre debe atravesar para encontrarse con su propia verdad.
También llevé una serie en colores fluorescentes y negro, bien representativas de que si hay algo que amo en la vida es el contraste. Además, hay dos chicos con un eje central y simetría, llamados Totem y Mas-Caras; otro alargado con mucha presencia del color blanco, llamado Turbooo, otro cuadrado más chico que fue mi primera obra, Caleidoscopio, y otro de colores más suaves, con mucha textura, que nombré La inevitable fuerza de la naturaleza.
-¿Cómo fue el recibimiento de los tandilenses?
-Eso fue algo hermoso, la gente se mostró muy gustosa de ver mi trabajo, fue algo muy gratificante. Un momento así expresa todo lo que uno tiene en su interior. Si alguien se quedó pensando en algo de lo que vio superé mis expectativas.
Proyectos personales
-¿En qué proyecto artístico te encontrás trabajando?
-Lo que tiene de bueno y de malo esta disciplina es que uno está solo trabajando, entonces, vas marcando tu propio ritmo, tu orden, tus propias reglas. En general, siempre estoy con más de una obra a la vez. Lo bueno es que cada cuadro te aporta algo diferente. Ahora estoy con dos trabajos bastante grandes, cuadrados, todavía no sé muy bien en qué van a terminar. Me gusta la idea de que una cosa te lleve a otra, esa a otra.
Además, en noviembre me espera otra muestra colectiva, que tiene como elemento común que todas somos mujeres. Por otro lado, estoy programando otra expo con algún tipo de luz especial, pero estoy atravesando la etapa de investigación.
-¿Cuáles son tus proyectos a largo plazo en el arte?
-Hay un montón de cosas que quiero hacer, pero básicamente quiero viajar mucho, para poder adquirir nuevas experiencias. Por ejemplo, el año pasado fui a visitar a mi papá, Elias Peuscovich que vive en Las Vegas. Paseando, entramos a una galería, y terminamos charlando con un discípulo de Andy Warhol. Le mostré mis trabajos y él me dio su opinión, fue algo increíble. Ese tipo de experiencias, esos momentos donde uno está totalmente abierto a la vida, se dan mucho en los viajes.
Por otra parte me gustaría desarrollar una capacidad cada vez mayor para apreciar la vida con plenitud, pintar muchos cuadros, exhibir y mostrarlos por muchas partes del mundo, y que puedan aportar algo a otras personas.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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