Made in Independiente
Más allá de la euforia lógica que depara cualquier título, el ascenso al Argentino B conseguido el domingo en el San Martín arrojó, sin dudas, un sabor especial para Independiente.
Consagrarse en una categoría nacional con un plantel integrado por todos jugadores formados en la ciudad, y su gran mayoría en el club, se constituye en un hecho que no encuentra parangones en Tandil al cabo de los últimos años.
E independientemente de esa connotación histórica, las sensaciones son bien particulares. Claro está que por mucha afinidad que exista, no será lo mismo dar una vuelta olímpica abrazado a un compañero con presencia de 6 meses en el club que hacerlo junto a un amigo con el que se compartió el paso por todas las categorías.
Una vez más, el fútbol demostró que el aglutinamiento de figuras rutilantes y la disposición de un presupuesto exacerbado no garantizan el resultado proyectado.
Al compás de la política del club, el rojinegro apostó a su base, evitando contrataciones onerosas y contando con el guiño de jugadores y cuerpo técnico que resignaron terreno en lo económico, rozando el amateurismo, en pos de subirse a otra ilusión, soñando con la gloria y el prestigio, esquivo para este plantel en campañas anteriores a nivel nacional. Y el sacrificio valió la pena.
La comunión grupal y el conocimiento minucioso -futbolístico y personal- que tuvo entre sí el plantel fue, indudablemente, el principal capital. Amalgamado con un director técnico de bajo perfil que sólo en base a trabajo se ganó el respeto de sus dirigidos.
Dentro de la cancha, el ejemplo más cabal se vio en el bloque defensivo, con un arquero y cuatro defensores que son compañeros en el club desde hace más de un lustro.
El resto del equipo, salvo escasas excepciones, también presentó futbolistas con un largo recorrido en la institución.
De la pasada temporada, en la que Independiente se quedó con las ganas, apenas se hicieron retoques, perdiéndose dos baluartes ofensivos como Prezioso y Parolari.
Y si bien resultó difícil reemplazarlos, con un año más de rodaje -título de la Unión Permanente de Ligas mediante- el entrenador Mauricio Nosei halló otros argumentos que permitieron dar esta vez el paso que faltaba.
Su equipo ganó en solidez defensiva, pudiendo mantener su valla imbatida en varios partidos, mostró oficio para resolver situaciones comprometidas y una enorme dosis de carácter en la tarde de la consagración, en la cual volcó toda su experiencia y hábito de jugar sin margen para el error para torcer el rumbo de una serie ?chiva?.
Es que a la jornada inolvidable ante Boca de Río Gallegos, el rojinegro llegó luego de sentir la eliminación soplándole la nuca, tanto en la eliminatoria ante Sport Club de Magdalena como en la sostenida frente a El Taladro de Las Flores.
Su aptitud para desenvolverse como visitante igual -y en ocasiones mejor- que como local fue un plus, invalorable en este tipo de torneos, del cual pudo disfrutar Independiente.
A contramano de lo que ocurre con asiduidad, más de una vez el equipo de Nosei encontró fuera de Tandil el margen necesario para soportar una actuación en falso como local.
Para ello fue determinante el roce de valores como Quintas, Lecuona, Argüeso, Arteagaveytía y Agustín Harguindeguy; complementado por la consolidación de otros como Manuel Aguirre, Petersen, Zabaleta y Maximiliano Villar, quien perdió su lugar en el equipo sobre el cierre de la campaña pero fue importante en su comienzo.
Los tiempos acotados del fútbol privarán a Independiente de un goce muy prolongado, ante la proximidad de una nueva temporada.
Tras la gesta consumada por jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, ahora la pelota la tienen éstos últimos. A su gestión y a la predisposición del sector empresarial de la ciudad quedará supeditada la magnitud del objetivo a trazarse en el regreso del club al Argentino B. Tras la campaña que acaba de terminar, quedó demostrado que el esfuerzo por lograr un producto digno valdría la pena.
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