MAESTRIA PIANISTICA EN ALTO NIVEL Segundo Concierto del Mozarteum Argentino
Con una grata presencia escénica, y al comenzar a escucharse las primeras notas de la Sonata en Re Mayor, Hob.XVI:24, del inmortal Joseph Haydn (1732?1809), pudo ya advertir el auditorio que se encontraba frente a una artista impecable y no fue otra que la pianista ucraniana Julia Bochovskaia, quien tuvo a su cargo la realización del segundo concierto del ciclo de cuatro que está desarrollando el Mozarteum Argentino, de esta filial Tandil.
El concierto tuvo lugar el pasado martes 21 de agosto en el ya tradicional auditorio del Colegio de Escribanos de la calle Roríguez y constituyó otro nuevo aporte a la presencia de la música y con letras mayúsculas, en nuestro medio.
Se trata de una sólida artista, prácticamente desconocida para la colectividad amante de la buena música, no sólo de nuestro medio, sino del país todo y que realiza su debut a través de esta entidad realmente pionera en la materia. Dueña de una personalidad austera, puso en funciones un mecanismo pianístico inobjetable y que no cae nunca en la sobreactuación.
Presentó un programa de obras valiosas e indudablemente bellas. No ofreció partituras trilladas o meramente de efecto asegurado, vertiendo obras que llegaron a exigir un esfuerzo intelectual de los oyentes y no hablemos de quien asume la tarea de ofrecer su ejecución. Esto no deja de constituir un proceso de enriquecimiento legítimo para todos.
En este tipo de recitales, en el cual se ofrecen autores y estéticas tan diversas, puede llegar a encontrarse con rendimientos diferentes en el intérprete. En este concierto Bochovskaia produjo traducciones fieles a su autoría en cada caso, sonando siempre las mismas limpias, de grata sonoridad y con gran entrega sin restricciones al espíritu de las obras, como frutos sin altibajos, resultante de su genuina musicalidad.
Tal cual lo dicho inicialmente, la velada se abrió con la bella Sonata en Re Mayor del gran Haydn, donde el toque obligado de delicadeza, la precisión y el mejor estilo del más puro clasicismo se hilvanaron en armoniosa combinación.
El manejo de los exactos ?grupettos? y el ritmo incisico de los ?Staccatos? muy rítmicos del Allegro con brío inicial, fueron virtuosamente salvados por la formidable técnica de la artista… y conviene agregar, por el mágico toque de ese excelente profesion al del afinador, señor Moreno que logra maravillas con este veterano piano. El adagio siguiente resultó sencillamente conmovedor.
Vino a continuación una selección de temas del Libro I de los Preludios del francés Claude Debussy (1862-1918), con gran cantidad de energías para sostener la catarata de dificultades, en especial polirritmias, salvadas impecablemente por esta virtuosa. Faltó quizás algo de la sublimidad impresionista que requiere la obra de este tan especial creador, pero esto es nada más que una apreciación subjetiva y personal.
Luego Johannes Brahms (1833-1897) con una selección de sus ?Intermezzi? en Sol Mayor y en Mi Bemol Mayor, op 17 y una Balada de su Opus 10. Con total limpieza y sonoridad apropiada presentó los primeros temas, haciendo escuchar de pronto apasionados fraseos y recordando que en este Brahms el piano es toda una orquesta.
El final ofreció a un Robert Schumann (1810-1856) en una obra de su período pleno del gran pianismo romántico germano que fue la ?Humoreske?, Opus 20. El piano brilla por su fecundidad inspirativa, en lo más relevante de su carrera creativa y como otra muestra dedicada al gran amor de su vida, la magnífica pianista Clara Wieck (1819-1896). Aquí Bochovskaia se movió a sus anchas, logrando una aprobación del público muy intensa que se tradujo, entre otros, que agregara dos obras cortos del mismo predilecto Schumann, como bises de retribución a la plena aprobación de los allí presentes.
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