Maestro y figura paradigmática
Corría el mes de enero de 1993. Don Juan Carlos Pugliese hacía un tiempo que ya había regresado definitivamente a su Tandil, y con muchas ganas. Este suplemento -?La Vidriera?- era muy nuevo. Lo habíamos fundado en noviembre de 1992, junto con el ?nuevo diario?. En offset, con computadoras y todos los demás ?chiches? de la moderna tecnología.
Teníamos la sección ?Tandilenses con historia?. Y obviamente, don Juan Carlos era número puesto. Maestro de la política y un ejemplo de vida austera. Figura paradigmática para propios y extraños y para cualquier persona de bien que profese la militancia de la vida.
Nos recibió en su casa de la calle Alem entre Maipú y Belgrano. Se lo notaba sereno, feliz de su tiempo libre.
SU PAPA, TAMBIEN TANDILENSE Y CONCEJAL
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPugliese había nacido en el Tandil el 17 de febrero de 1915. Su padre se llamaba Victorino, aunque todos le decían “Victorio”. El también había nacido en Tandil, al igual que su mamá, Rosa Vulcano. En cambio su abuelo era italiano. Su papá fue concejal radical y falleció siendo muy joven, circunstancia de la cual se lamenta Juan Carlos, que realizó la escuela primaria en el Colegio San José. Después se recibió de maestro en la Escuela Normal Mixta, cuando todavía funcionaba en la esquina de Alem y Maipú.
LA PRIMERA CLAUSURA, AQUELLA
REVISTA DE LA ESCUELA NORMAL
En adelante brindamos una selección de respuestas de nuestro ilustre entrevistado:
La Escuela Normal era un faro de cultura y era además un lugar donde se podía practicar la democracia a través de los Centros de Estudiantes. Yo en 1931 fui presidente de la Asociación Mitre, de los estudiantes. Y nos respetaban. Hacíamos fiestas memorables en el Teatro Italiano (después Cine Súper). Todos los 20 de septiembre se hacían representaciones que eran famosas. También sacábamos periódicos. Alquilábamos la imprenta de los anarquistas, en Montevideo 1051. El Zurdo Pedretti era el tipógrafo y nosotros íbamos a manejar la impresora. Publicamos varios números hasta que llegó un director en la escuela que me lo cerró. Fue la primera clausura que recibí en mi vida. Escribíamos sobre las cosas que pasaban, incluso sobre otros chicos, hacíamos comparaciones? y recuerdo que me dijo: ?¡Todas las comparaciones son odiosas!?
Llegué a trabajar como maestro durante dos años, en Mar del Plata, en 1933 y 1934.
De abogado me recibí en la Universidad de La Plata, después de haber hecho todo lo que podía para ganarme el peso mientras estudiaba.
CABRAL Y OTROS MUCHACHOS DE ENTONCES?
Recuerdo a unos cuantos políticos conocidos de esa vieja época. Nosotros éramos seguidores de don Miguel Antonena, un caudillo de aquí; fue intendente y diputado; un hombre muy bueno. También los hermanos Renis, José Renis, Domingo, padre del Beto y don Francisco Renis, que era el padre de Ambrosio. Una excelente familia. Además, Maritorena, Eduardo Molina y luego, después del treinta, la figura más trascendente fue la de don José A. Cabral.
Mire que yo con Cabral políticamente nunca nos hemos llevado del todo bien. Eran esas cosas de los muchachos, que estábamos contra los viejos, por decirlo de alguna manera. Pero me estimaba. De pronto yo me tiraba contra él y él me trataba con mucho cariño, como si fuera hijo suyo. A mi juicio, la ciudad no le ha hecho el homenaje que se merece. Fue un creador e impulsor de la cultura, de bibliotecas, de diversidad de círculos en que la gente aprendía sin maestros. Fue también Cabral el creador de un periodismo independiente que consiguió terminar con el periodismo de combate y de batalla que existía hasta la aparición de “Nueva Era”.
Y después del treinta, hay que rescatar la valerosa lucha de Cabral contra el fraude, contra los conservadores, que fue algo digno de imitarse y que no ha sido continuado.
HAY QUE VER LO MUCHO QUE LEIAMOS?
Tuve amigos que no tenían nada que ver con los políticos. Tuve a mi lado mucha gente con la que me formé, con quienes aprendí a leer, donde leímos mucho. Estábamos totalmente actualizados. Hombres como Miguel Basílico, Dardo Fernández Tasende, Juan Antonio Salceda, Abel Mogaburu, Ambrosio Renis, todos grandes lectores. ¡Cómo leíamos! Si en el treinta y pico por ejemplo el auge era Freud, leíamos a Freud. Después llegaría Sartre, con sus obras de teatro, con sus obras filosóficas, como “La Náusea”.
Leíamos como no leemos ahora, como no leen los chicos tampoco ahora.
Estábamos muy actualizados. Teatro, nos devorábamos todo. Recuerdo haber leído íntegramente a Tennessee Williams. Y discutíamos las obras, discutíamos cine.
PRIMEROS PASOS EN LOS CARGOS PUBLICOS
En el año 1954 resulté electo senador provincial. Asumí el 1° de mayo de 1955, así que estuve muy poquito en el cargo porque el 16 de septiembre vino el golpe.
En el \’57 fui diputado a la Asamblea Constituyente de Santa Fe. En 1960 fui concejal en Tandil y me eligieron presidente del Concejo. En el 63 fui diputado nacional por un solo año, ya que luego asumí como ministro de Economía del presidente Arturo Illia.
Entre 1973 y 1976 fui senador nacional. En 1983, me eligieron diputado y presidente de la Cámara. Esto último me dio muchas satisfacciones por el aprecio de la gente, de los correligionarios y de los adversarios. Pero también tuve un buen momento en el Senado. A mí siempre me había interesado mirar los debates, escuchar atentamente y eso a lo mejor me dio experiencia para luego conducir.
Lo que hay que tener es primero, limpieza, tratar a todos los diputados por igual. Recuerdo que se quejaban más los radicales, por ejemplo.
EL OTOÑO DEL PATRIARCA
Y aquí me ve, próximo a cumplir 78 años (enero de 1993) y retirado de todo. Yo defino a este presente que estoy viviendo, de vuelta en mi Tandil, como “el otoño del patriarca”.
Estoy bien en mi casa, tratando de realizar alguna actividad, pero me siento muy bien sin estar activo. Hoy por ejemplo me leí ?La Nación? íntegramente en un café, después de mirar el centro. Está cada vez más lindo Tandil.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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