Mano a mano con ?Tefa? Schegtel Torres
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Estefanía Anabela Schegtel Torres, más y mejor conocida como “Tefa”, nació el 10 de octubre de 1988 en Tandil. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Normal Don José de San Martín y el polimodal en el colegio nacional Ernesto Sábato, perteneciendo a su primera promoción.
Pasó de la tranquilidad de las fotocopias de la carrera de historia en la Unicén, al ajetreo diario del oficio de periodista, escritora y fotógrafa.
Se inició en el periodismo en 2009, en el sitio La Tandilura y luego fundó junto a otros periodistas de Tandil el portal digital de noticias y contenidos 21porciento.com.ar. Incursionó en la co-conducción de Mesa de Café, en FM La Nitro.
En el ámbito de los reporteros gráficos se la conoce con el mote de “Gatillo Fácil2, por su reconocido vicio de disparar con sus tres armas: la cámara, la pluma y la palabra.
1. El mejor café: Un buen café con leche (o café doble, dependiendo los ánimos), largo y tendido, con los amigos de siempre y con los que el destino maravillosa y sorpresivamente me puso en el camino.
2. El mejor consejo que le han dado: Animarme a vivir sin miedos y encarar, mirar siempre hacia adelante, porque uno se arrepiente, principalmente, de todo aquello que no hizo cuando debía y/o lo sentía.
3. La banda de sonido de una película: “Pubis angelical” (exquisita música del gran Charly García).
4. La reunión ideal: Con todos aquellos a quienes quiero y admiro, celebrando los pequeños y grandes logros de la perseverancia de todos los días.
5. Tiempo perdido: El que me consume el pavear ‘chusmeando’ el Facebook (y, a veces, Internet, en general).
6. Tiempo valioso: El de las charlas interminables con un café de por medio, con las amistades que me ven “cara de oreja”, y con esos personajes de Tandil que me comparten sus postales de la ciudad que hace tiempo ya no es.
7. Un actor: El Guillermo Francella de los últimos años.
8. Un amigo: No seré Roberto Carlos (ni Carlos Roberto, que es mi padre), pero tengo algunas y algunos de edición limitada, de acero inoxidable que, como en la fórmula de los casorios, están en la salud como en la enfermedad: desde amistades del jardín y el polimodal, hasta los de causas y profesión.
9. Un amor: el que me prodigó mi abuelo Rafael Torres en aquella última mirada y su apretón de manos; y el incondicional de mi madre, que me banca prácticamente en todo (y a pesar de todo).
10. Un animal: un triángulo de las bermudas: mi gato Pascual, musa por excelencia; mis perras Iara (prácticamente una hermana) y Daisy.
11. Un artista plástico: Rafael Martín y un cubano en proceso de ‘tandilización’, como lo es el Ernesto Javier Santiago Rojas.
12. Un auto: No es precisamente un auto, sino más bien una presencia de orden mitológica: las Rastrojeras (como la de mi abuelo), me pueden.
13. Un color: el verde (esperanza).
14. Un conductor de televisión: El inolvidable (y que se extraña tanto, tanto) Jorge Guinzburg.
15. Un disco: “Inconciente colectivo”, de Charly.
16. Un enemigo: la más de las veces, yo misma.
17. Un escritor: Muchos. Desde Julio Cortázar, Eduardo Galeano, Roberto Arlt y el inefable Osvaldo Soriano, pasando por Alejandro Dolina y llegando a alguno que otro del pueblo chico, como por ejemplo el Dipi, que no alcancé a conocer.
18. Un ideal: el Bar (risas). Y que sean muchas las áreas protegidas (en serio) en nuestro partido, para que ciertos demoledores intereses no nos quiten lo poco que nos queda de la maravilla serrana, mítica e histórica.
19. Un juego o juguete: el Uno y el Teg.
20. Un legado: Aunque no llegué a conocerlo en persona, mi abuelo paterno, desde algún punto del cosmos, me legó esa inexplicable sensación de lleno de alma al escuchar pasar el tren por la Estación y su vibrar, en esa soledad mágica sólo experimentable de noche. De mi parte, por el momento, un legado está en lo único que sé que está dentro del Baúl de la Memoria: el libro Tandil en la Argentina del Bicentenario. Vida cotidiana y sociedad. 1823-2010, de la dupla Elías El Hage – Ricardo Pasolini, al que le aporté varios granitos de arena. Y el amor, alma, corazón y vida (y algo más) que le pongo a todo lo que hago, quiero, puedo y emprendo.
21. Un libro: Rayuela y El Principito.
22. Un lugar: Ese pueblo mágico que tenemos a unos kilómetros, que es María Ignacia, Vela; y “El Porvenir”, el campo de mi abuelo Rafael, a pocos kilómetros de Villa Cacique.
23. Un proyecto: Escribir, llegar a tener algún hijo de buen lomo, tinta y hojas, y poder armarme de otro, digital, con fisonomía de portal de contenidos y función de trinchera.
24. Un recuerdo: la entrega de medallas de noveno, en la Escuela Normal, en 2003. Con cuatro colgando del cuello, creí que mi futuro seguía en esa centenaria institución a la que quiero y mucho, hasta que llegué a mi barrio, el de la Estación, donde me comentaron de un nuevo polimodal: el de la Unicén.
25. Un referente: Ana Fernández, de la Asamblea por las Sierras. Rodolfo Walsh y Osvaldo Bayer. De todas formas, en el ámbito local, del periodismo y la militancia por los derechos humanos, también se cuentan varios.
26. Un sabor: el inigualable de la ensalada de lechuga y tomate.
27. Un sueño: El que debería recuperar (el de las 8 horas de corrido).
28. Un viaje: a esos reductos, detenidos en el tiempo y con apariencia de librerías, en la city porteña.
29. Una actriz: Mercedes Morán.
30. Una banda extranjera: No soy de escuchar mucha música del otro lado del charco, pero de vez en cuando un pequeño ataque a lo Pink Floyd nunca está de más, ni viene mal.
31. Una banda nacional: mucho del rock argento de los ’70 y ’80. Básicamente: de la tríada Charly García, Fito Paez y Alberto Spinetta.
32. Una bebida: la 7Up Light y la Ser de naranja-durazno.
33. Una cábala: Convocar a mis abuelos, tíos y amigos que ya no están. Puede sonar algo extraño, pero se siente y mucho ese acompañamiento… cuando recuerdo realizar el conjuro de la cábala, claro. Cuando no lo hago, también se nota.
34. Una canción: varias: la versión del Himno Nacional, “Superhéroes” y “Yo no quiero volverme tan loco”, de Charly García; “Marcha de la Bronca”, de Pedro y Pablo; y “El diablo en tu corazón”, de Fito Páez.
35. Una causa: la de la preservación del patrimonio ambiental, cultural e histórico de nuestro rinconcito en el mundo; la de memoria, verdad, juicio y castigo a los culpables.
36. Una cuenta pendiente: Con la música, con esa terapia tan efectiva que es el canto y con el método catártico del teclado.
37. Una época: extraña y paradójicamente, muchas de las que no viví y sin embargo las siento absolutamente familiares. Pero también los últimos años, a los que con sus innumerables idas y venidas, también se les siente el gustito.
38. Una estación: el otoño y cuanta estación de trenes exista (otro de mis amores).
39. Una fecha: El mediodía del 11 de septiembre de 2001, fecha en que se convirtió el gol más olvidado de la historia; el primero y único gol en un partido de fútbol, en el marco de los Juegos Bonaerenses, mientras eran volteadas las Torres Gemelas. Las malas lenguas aducen semejante proeza y tal repercusión, precisamente, a la distracción de la arquera, el referí, el entrenador y los padres (haciendo de público), mientras se comentaban de auto a auto las primeras noticias que llegaban…
40. Una flor: todas las que le ponen color a la primavera.
41. Una fragancia: la que inunda el aire el pasar las hojas de los libros viejos.
42. Una fruta: Manzana roja.
43. Una obligación: Aflojarle a la terquedad y arreglar los cortocircuitos que tengo desde hace casi 20 años con la diabetes, que ya me han dejado a centímetros de tocar la guitarra con Facundo Cabral…
44. Una obra de teatro: “Nada que ver I”.
45. Una película: “El secreto de sus ojos”. La puedo ver 34 veces y no me canso…
46. Una posibilidad: Estudiar y recibirme de “algo” en algún momento de la vida (en ese sentido, nuestro querido Martín Iparraguirre me ha sido y es un gran ejemplo).
47. Una pregunta: ¿Quién soy? y ¿Qué hago yo acá?
48. Una prenda de vestir: los jeans, que si se los deja solos, quedan parados.
49. Una tradición: Colgarme el maletín, calzarme los auriculares y salir a patear la calle.
50. Una utopía: Limar asperezas y amigarme con el poder de síntesis.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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