Manuela Dago cumple hoy 100 años
Nos recibió en el comedor de su casa, donde vive desde hace algunos años con su hija y un nieto.
De excelente humor y muy buen aspecto, comenzó a relatar algunos detalles de su vida, que compartió con su marido Guillermo Tolosa desde 1937. Junto a él tuvo tres hijas, dieciséis nietos, treinta y ocho bisnietos y catorce tataranietos.
Si bien hicieron pareja en 1937 recién se casaron en 1960 y de esa unión nacieron: Hermelinda Manuela, Guillermina del Carmen (fallecida) e Irma Margarita, que reside en Gardey.
De niña sólo concurrió tres meses a la escuela, porque con sus hermanos tenían que colaborar en las tareas del campo y según ella “No aprendí nada”, aunque es difícil de creerlo, porque es una persona muy informada que hoy disfruta de leer revistas, El Eco de Tandil todos los domingos, o de jugar unos buenos partidos de cartas con sus familiares.
De joven realizó numerosas labores en el campo: “hice trabajo de hombre, con maquinarias, porque había más de 70 hectáreas para manejar. Nosotros ayudábamos a cortar el pasto, a cuidar la tierra. Lo pasábamos bien, aunque no nos sobraba nada”, recuerda Manuela.
También fue canillita y encargada por trece años, junto a su marido, del hogar de ancianos y finalmente se jubiló.
Su hija dice que “hizo una vida normal, trabajó con mi papá en el campo hasta que se quedaron solos. Vivían en su casita hasta que papá se enfermó y murió”.
En ese momento la familia pensó que Manuela se desmejoraría, pero si bien se entristeció, siguió adelante y se mudó a vivir con su hija Hermelinda y su nieto Walter, con quien comparte sus días con mucha felicidad.
Su día y sus pasiones
Reconocida hincha de fútbol y fanática de Boca, a Manuela le gusta mucho jugar a las cartas, sobre todo a la “conga”.
Un día habitual comienza con la preparación de su propio desayuno, que toma en su habitación. Luego permanece toda la mañana compartiendo con su hija Hermelinda, almuerzan juntas, se acuestan a dormir la siesta y luego juegan a las cartas. “Yo estoy continuamente con ella, la cuido mucho y está muy mimosa”, dice su hija.
Otra de sus pasiones es la radio, la cita infaltable de las ocho, cuando espera la emisión de Stellato. Dice Manuela que “Juego a las cartas y después me siento a escuchar la radio hasta que termina el programa que más me gusta”.
Pero también se ocupa de tareas de la casa y, por ejemplo, junta la ropa del tendal, la dobla y la acomoda “aunque no me gusta mucho estar afuera”.
A sus cien años lleva una vida tranquila, de pocos sobresaltos, aunque jocosa cuenta que no se priva de comer nada y dice que “comida, ¡de todo! Ahora me he antojado de comer fiambre, jamón, panceta, pero no les digo nada a mi nieto o a mi hija, ¡porque saben que después me duele la panza!”, asegura entre risas Manuela.
“Me siento muy bien de haber llegado a los cien años, aunque me gustaría caminar mejor, por ahora voy con mi andador y estoy muy bien, tranquila. Me aburro a veces, pero si me juegan a las cartas, me divierto”, asegura.
La celebración
Cien años no se cumplen todos los días, así que si bien Manuela no estaba muy convencida de festejar, uno de sus nietos le propuso hacer una fiesta porque es un orgullo para toda la familia.
En total habrá cien invitados, tantos como cumple la agasajada y se “festejará tal como si tuviera quince años, aunque con cien”, aseguró entre risas Walter.
A la fiesta concurrirán sus hijas, nietos, bisnietos, tataranietos, amigos y aquellos que festejan la vida, la energía y los deseos de vivir de una mujer que tuvo una vida de trabajo, de familia, siempre rodeada del afecto de sus seres queridos y que hoy se puede dar el lujo de decir que cumple cien años y lo hace de la mejor forma.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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