¿Maravilla?
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Y porque somos argentinos, tenemos la enorme facilidad de construir ídolos de barro. Así , como la tropilla que se encolumna detrás de la yegua madrina con cencerro, solemos ir tras lo que por fuerza e insistencia nos regalan diarios, radios, canales y portales.
Más allá de que un campeón no se fabrica de la noche a la mañana (esto es innegable), me pregunto:
1.- Sin Tinelli que lo catapultó, ¿sería Martínez la Maravilla que hoy es?
2.- Por una pelea ante quien tiene como mayor mérito ser hijo de Chaves, ¿debía Sergio Martínez ser Olimpia de Oro? ¿O quizás lo merecía ese pibe de Rosario que es admirado en todo el mundo y que bate récord tras récord?
Lo cierto es que lo que no pudieron Monzón ni Locche, lo logró un boxeador argentino que hasta el 2011 pocos conocían: llenar un estadio de fútbol.
Eso sí: por lo menos la mitad de los que fueron, pagando entradas carísimas y mojándose como pocas veces, no volvería a ir ni con invitación gratuita.
Porque el show pugilístico fue pobre, porque la pelea estelar estuvo lejos de ser lo que se aguardaba y porque la inmensa mayoría se retiró del estadio reconociendo que el ganador había sido Murray.
También en eso, por supuesto, somos argentinos. Muchos justificaron la victoria porque “a los ingleses no hay que darles nada”.
La realidad es que Murray nada se llevó. Nosotros nos quedamos con vergüenza.
(RAR)
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