Marcelino Irianni presenta Akenatón
-Comenzó como un escritor de libros históricos y fue pasando a la ficción ¿Por qué?
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email-Mis primeros libros, y espero que haya algunos más, fueron históricos porque es mi trabajo como historiador. Pensando en las novelas, sólo fueron históricas los dos tomos de Peones de Ajedrez. De todos modos, en ellos volqué en forma literaria mis investigaciones en archivos, respetando algunos marcos teóricos mínimos aunque invisibles al lector común, a aquél que no quiere distraerse de la trama. Observándolas detenidamente, incluso esas dos novelas se presentan como literarias, con una trama ficcionada que enreda los personajes y me permite redondear una historia acotada.
La ficción siempre me atrajo como lector y como escritor. Por ello daría vuelta su pregunta asegurando que escribo ficción, a veces con fuerte sostén histórico.
-¿Tiene algo de realidad histórica este nuevo libro?
-La idea que entusiasma al protagonista de la novela es real, es un episodio histórico muy estudiado y debatido, que ocurrió en Egipto hace 3200 años. El escenario donde se desenvuelve la trama es una zona aledaña de nuestra ciudad, sociológicamente ajustada a una época más o menos reciente. Si tenemos que definir resulta claro que es ficción, cerca por momentos al realismo mágico donde algunos personajes y situaciones se vuelven difusas, místicas, mágicas.
-¿En qué se basó para construir las historias, los personajes, el relato?
-Escuché sobre el episodio del emperador Amenofis IV, Akenatón, cuando era alumno de la Universidad. En el secundario no se veía, probablemente porque es un tema menor dentro de un período tan extenso como el de la historia egipcia. El tema me sorprendió tanto como sorprende a Juan, el protagonista de la novela. Me fascinó y desde ese momento quedó en mi mente como una de las revelaciones que te mueven, aunque quizá a todos los que están a tu alrededor les parezca natural. Mi sensibilidad a ciertos temas hizo que aquella clase tallara algo en mi profundidad, algo que se incubó durante mucho tiempo y salió a la luz dos décadas más tarde.
Los personajes fueron sumándose a medida que escribía. Inicialmente sólo pensaba en Juan y una compañera, que luego fue Amanda. Un sacerdote era indispensable, pero también algunos amigos del protagonista. El relato fue sencillo; mucho más que encontrar el puente para escribir sobre semejante tema sin hablar mucho del Egipto antiguo. ¿Qué escenario elegir? ¿Qué trama, distinta pero parecida a la de la antigüedad imaginar? Eso fue complejo. Eso retuvo la idea en mi alma mucho tiempo antes de salir.
La vida misma
-¿Por qué el sol?
-El dios principal egipcio era el sol, Amón. Cuando sube al trono Amenofis IV, cambió la religión de Amón por Atón, que era el disco solar. Los egipcios podían adorar distintas partes de un todo. Por ello cambia el nombre de Akenamón por Ajnatón o Akenatón. Las consecuencias del cambio fueron fuertes para Egipto y su gente, para los distintos estamentos de aquella sociedad. El sol era la vida misma, festejando el amanecer y sufriendo en cierta forma cada anochecer, momento paliado por la creencia de que Osiris acompañaba al sol durante la noche por abajo del mundo, por el mundo de los muertos, para salir de nuevo.
-¿La novela está ambientada en alguna parte especial del mundo?
-En una zona periférica de Tandil, pero podría haber sido en otro sitio. El escenario menor, el que transitan los protagonistas a diario, es humilde, y ésa fue la clave para encontrar una puerta al lugar posible donde volcar la trama. En realidad fue una puerta que me pareció posible luego de abrir otras tantas que cerré sin dudar. Ese escenario tenía algunos parecidos con el que transitó Akenatón. A primera vista era tan impermeable y rígido como aquél. El sacerdote de la zona tenía bastante de teólogo de Amón, despechado, desplazado y enajenado por el nuevo culto.
-¿Tiene por fin dejar algún mensaje en especial o es simplemente ficción?
-Los escritores volcamos nuestras ideas y dramas a los libros; es una manera de hacer más llevadera nuestra vida interior, nuestra soledad espiritual. Los escritores envían mensajes con forma de papel en una botella, con muchas posibilidades de que nunca lo recoja nadie. Este libro era una idea que me sorprendió, luego me acompañó en muchísimos momentos de reflexión y alguna vez se lo conté a alguien. Luego lo escribí, intentando armar un rompecabezas de mil piezas que encontré en una clase de historia, hace veinte años. El trabajo de ficción fue cambiar las piezas de lugar de tal modo que parezca lo que era, pero no lo sea.
Hay mensajes en esta novela; tantos como hay en una pintura o en una canción.
La mutación
-¿Cómo se lleva este tema -de la ficción- con su rol de historiador?
-Bueno, intento que no se mezcle en mis tareas académicas. De todos modos, me ha ayudado a mejorar la escritura de mis artículos, de mis ponencias en congresos. Una metáfora oportuna humaniza un episodio documentado. No hace más blanda la disciplina histórica, la que es irremediablemente cada vez más cualitativa; un adjetivo no la aleja de la ciencia, la acerca a la gente.
Los que han sido mis alumnos saben que en algunos momentos, la ficción, la referencia a una novela o una película suelen ahorrar cuadros y cientos de palabras en el pizarrón.
-¿Cómo surgió la idea de este libro?
-Como dije antes, la idea se trepó a mí en una clase de historia. Luego creció, tomó forma de relato y fue volcado al papel. Pero la idea original mutó, se acomodó a otro escenario y tiempo, a protagonistas distintos pero tan humanos como aquellos. El título surgió en forma temprana, al mismo tiempo que elegía el nuevo escenario.
Navegar el mundo de las ideas y las palabras
-¿Cómo ve el movimiento literario en Tandil?
-No puedo hablar con precisión de la literatura en Tandil. Tengo intuiciones, impresiones. Hay mucha gente que escribe, entre ellos veo que hay personas con buenas ideas y muñeca para escribir. Hay talleres privados y públicos, lo que habla de una demanda creciente de gente. Es notorio que en el último tiempo la gente intenta expresarse. A la necesidad de la actividad física al aire libre, que es un boom en nuestra ciudad, se ha sumado un alto interés por el teatro, la pintura y la escritura. La literatura de élite quedó atrás. La gente no tiene temor a expresarse y necesita hacerlo. Esto, claro está, sumado la posibilidad de que un escritor se edite sus obras salteando los filtros indispensables de una lectura de terceros, llevará a que se utilice con liviandad conceptos como escritor y literatura. De todos modos, el balance siempre será positivo.
Si uno revisa las góndolas en una librería observa que buena parte de los textos que hojea son accesibles, con ideas sencillas, lenguajes amenos. A diferencia de aquella época en que uno tomaba un libro de Sábato y luego de Borges o de Mujica Lainez (lo que empujaba a la persona sensata a no dejar el rol de lector), el mundo literario se ha ensanchado temáticamente y representa a todas las edades. Como todos los oficios, la constancia y el intento de mejorar pueden llevar a buen puerto. Ese puerto puede ser un modesto muelle donde ancla un bote de madera con el remo quebrado o un muelle de madera lustrosa, escalera y yates amarrados. Nadie nos quitará, aunque el faro nos guíe a uno u otro sitio, la satisfacción de navegar al menos una vez en el mar de las ideas y las palabras.
-¿Cuál es su mirada sobre la feria del libro de Tandil?
-Es difícil tomar posición clara con respecto a la feria. Escucho colegas que escriben y gente que concurre a la feria todos los años a escuchar ponencias. Es recurrente la discusión de si en el programa debe haber escritores externos (que obviamente ocupan los mejores horarios y salas) o debe privilegiarse a los locales. La experiencia indica que la masividad pública se corresponde mayormente con presencia de escritores reconocidos, generalmente foráneos. Creo que debe tenderse al equilibrio y hacer lugar para todos.
El lugar donde realizarla es otra discusión que quizá tenga respuesta pero no la he escuchado. El Centro Cultural Universitario era más cómodo para los expositores y también para la gente que se movía por distintos ambientes, con más entradas y salidas, una cafetería amplia. Creo que es momento de sumar esfuerzos y no restar, de acomodarnos a lo que se puede hacer y ganar en calidad y cantidad de trabajos cada año. Eso incluye pensar si la Cámara Empresaria es el mejor lugar para todos o se debe cambiar.
-¿Cuáles son sus expectativas para ésta?
-Las de siempre. Que no llueva. Que los vecinos no se martiricen por estacionar a una cuadra y media del lugar. Que la gente escuche alguna charla interesante y pueda elegir libros que no siempre se consiguen. Que los horarios de exposición se cumplan y que los autores firmen ejemplares fuera de la sala, donde debe ingresar otro escritor a exponer sus ideas.
En lo personal, que la exposición de Akelatón sea agradable a los oídos de la gente que me acompañe. Luego, encontrar en los stands algún clásico o novela que me inviten a un nuevo viaje. La literatura es eso, viajar sin moverse.
Sobre el autor
Doctor en historia, docente de la Unicén. Investigador del Instituto de Estudios Histórico Sociales y de Conicet. En los últimos 20 años ha publicado cinco libros y una treintena de artículos sobre inmigración vasca y temas de frontera en revistas especializadas de diversos países. En el terreno literario ha publicado ficción, pero también trabajos que reúnen la investigación y la narrativa. Entre sus novelas destacan, Peones de Ajedrez (Biblos, 2007); Islas en un mar de gente (Biblos, 2009); La Luna dentro de la Tierra (Tandil 2011), Gente allá afuera, (Biblos, 2012) y Peones de Ajedrez II (Unicén, 2013)
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios