Marcelino Irianni presenta en sociedad su nuevo libro
“Algunos hombres, responsables de catástrofes ambientales y extinciones, buscan una salida en el espacio para preservar a un puñado de ejemplares de su especie.
El resto, observamos con deleite la luna y las estrellas, creyendo que el único lugar posible para la vida es la tierra.
Una novela para personas sensibles, para aquellos que quieran reenamorarse de lo que nos rodea”.
-Usted se convirtió en poco tiempo en un escritor prolífico y preocupado por los temas del mundo y la existencia humana, ¿cómo nació esta postura, por sus trabajos de investigación, por ser un historiador que siempre está mirando el pasado y el mañana?
-La preocupación estuvo en mí desde muy joven; creo que fui madurando las formas de expresarla, desde una militancia directa en temas ambientales y sociales, charlas y campañas para solucionar cosas puntuales, hasta desembocar hoy tras una experiencia de treinta años en textos de ciencia ficción que se cruzan con una realidad que ya está entre nosotros como es el caso de Islas en un mar de gente, o narrativa fantástica como es La luna dentro de la tierra. Es literatura que busca escapar del molde de los trabajos académicos y científicos, pero que esconde en sus metáforas e ironías problemáticas no menos serias. Un cuento infantil puede tener, dentro de su búsqueda de entretenimiento, un mensaje muy claro que no empaña el objetivo primero por el que lo leerá una mayoría.
Probablemente mi preocupación diacrónica de los sucesos, devienen de haber cumplido un cuarto de siglo en cátedras como Prehistoria y Culturas Antiguas que me permitieron tener una visión muy amplia y profunda del devenir de la humanidad, y por eso mismo, esta necesidad mitad académica y mitad intuitiva de trazar tendencias sobre el futuro cercano. Me siento más cómodo pensando temas ecuménicos que aquellos demasiado acotados, específicos de un sitio.
-¿Este último, narrativo, resume de algún modo lo que se podría vislumbrar en los anteriores?
-Esta novela tiene casi veinte años conmigo. Con ella se estableció decididamente la escritura como pasatiempo, tomándola de tanto en tanto para corregir el final o acaso cambiarlo y para agregar personajes, como en una especie de juego. Siempre me gustó tomar una página al azar, en el ordenador, y revisarla como si fuese la primera vez que la leo en pos de mejorar frases, cambiar adjetivos o quitarlos si aparece sobrecargada. Podría seguir corrigiéndola casi infinitamente. Esta novela me demuestra cierta coherencia conductual frente a los problemas sociales y ambientales, y por eso mismo creo que en ella se apoyan las novelas siguientes. Otro hilo que hilvana mis cuentos y novelas es el buceo de la psiquis de los personajes.
-¿Qué cosas son para usted las más significativas de este último y cómo cree que le llegará al lector?
-La novela fue pensada, aunque no únicamente, para un público adolescente. Cuando la escribí, acababa de leer con mucho interés, una reedición de La rebelión en la granja y seguidamente El juicio de los animales. Es probable, pero no lo recuerdo bien, si fue ello lo que me decidió a que la mayoría de los personajes fuesen animales, aunque también los hay humanos. Me gustó el género y se me presentó como un desafío que no veo hayan tenido los autores de las novelas mencionadas, respecto de los parecidos o los contrastes del comportamiento de los animales con los humanos. Los famosos estereotipos acerca de cuáles deben ser -erróneamente- los animales buenos y malos de la novela, algo superado sólo parcialmente. Sin duda lo más importante para el lector será la reflexión sobre nuestra ética, como una especie más, respecto al resto de los seres vivos. Toda la novela está cruzada por una comparación a veces irónica, otras burda, otras cruel, entre la vida natural y la vida artificial, antinatural, ligada muchas veces a esa parte de la ciencia que me niego a aceptar, que no mide los costos de la destrucción en pos de un puñado de seres de una sola especie. Otro ejemplo, paralelo, es la negación o el esfuerzo –a veces incapacidad- por parte de los humanos de volver a sentirse una especie igual al resto.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Qué cosas del entorno lo inspiran además para escribir este tipo de textos donde por un lado existe una visión apocalíptica y por otro la sensación de que se puede ir hacia una sociedad mejor o más justa ¿o más injusta? ¿Cómo es?
-Apocalíptica es una palabra que prefiero no usar. Pese a que mi esperanza va de la mano con mi estado de ánimo, en el fondo soy optimista y por ello escribo con mensajes esperanzadores sobre el tema. Un par de cosas me inspiran confianza en una salida de este atolladero al que se nos introdujo desde la revolución industrial, en medio de un vértigo inimaginable hace apenas unas décadas. El consumismo desmedido, con sus despojos y el sobre consumo de energías, junto al abismo que separa la vida cotidiana en el planeta y al interior de cada país y región, parecen equilibrarse por momentos, con actitudes de individuos y grupos -incluso de rock-, con acciones concretas de las ONGs y de instituciones que colaboran para que haya comida y medicamentos en muchos lugares desprotegidos o arrasados por la avaricia. Tengo conciencia que el problema va en un automóvil por una carretera y las soluciones a pie, por un camino de tierra, pero son una señal de que algunos humanos no nos resignamos a aceptar el estado del planeta, las personas y el clima, como algo irrefrenable que hay que aceptar.
-¿Quién dice que hay que aceptarlo?
-El individualismo y la falta de conmoción ante la injusticia crece entre nosotros, muchas veces fomentado desde el poder; sin embargo existen cientos de redes solidarias y personas que han tomado conciencia y aceptan el desafío de salirse de la masa y empezar a reconstruir, utopía por medio, algo más equitativo, más inclusivo.
Cuando pienso en lo sencillo y complejo a la vez que resulta la idea de reenamorarnos de lo que nos rodea, no puedo olvidar la apatía con que un alto porcentaje de nuestra ciudad observa cómo se han destruido las sierras y ahora se edifican, trastocando un paisaje que se lleva consigo cientos de especies de flora y fauna, además de posibles medicamentos que utilizaban indígenas y criollos no hace tanto tiempo. La gente no siente como suyo al planeta; ha cercado sus vidas en torno a su propiedad y no se cree con derecho ni obligación de proteger el paisaje para sus descendientes y los vecinos del futuro. Día a día la gente -me refiero a occidente y algunas zonas del resto- es alejada del medio que la rodea, va dejando de usar sus sentidos como especie y observa lo que lo rodea con un sentido utilitario.
De influencias e
investigaciones
-Al tratase de un pasatiempo, escribo cuando dispongo de tiempo, poco o mucho, generalmente los fines de semana o en vacaciones. Eso no evita que se me ocurran ideas en cualquier momento del año, y allí quedan, dando vueltas en mi cabeza, tomando forma, hasta que me hago un rato para escribir. No tengo método, soy un poco desordenado para trabajar y para escribir; a veces tengo muchos capítulos en mente y escribo un par de líneas de cada uno para no olvidarlos. No uso borrador, escribo directamente. Es frecuente que vaya delineando el argumento a medida que empiezo a meterme en los personajes, más allá de que sepa hacia dónde van o tenga alguna idea de sus finales.
-¿Todo lo suyo está basado en investigaciones o hay una cuota del hombre común que ve lo que los demás también pero con otros ojos?
-Creo que escribo como un hombre común, inconsciente, que tendría que haber realizado algunos talleres de escritura. Soy muy observador y me detengo por lo general en acciones o pequeñeces que me rodean que pocos miran. Creo que esa es una de las cualidades para escribir sobre situaciones que ameritan un trasfondo que distraigan al lector o que impacten en él, según sea necesario. Aunque no me lo proponga, que hay algo de lúdico entre el escritor y el lector, en la creación de personajes, en la ruptura de moldes o estereotipos. Me gusta romper con ciertas miradas a la que nos acostumbró la literatura.
-¿Qué influencias ha habido en sus últimas novelas?
-Seguramente han influenciado cientos de documentales observados y las revistas sobre distintas temáticas ambientales y sociales leídas. Cuando desconozco el tema sobre el que escribo, investigo previamente algunas cuestiones, por ejemplo sobre la fauna y flora de la amazonia en esta última novela.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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