Marcelino Irianni vuelve a la Feria con la saga de ?Peones de Ajedrez?
El escritor e historiador dialogó con El Eco de Tandil sobre este nuevo libro que transcurre en el mismo escenario de su novela anterior.
¿Por qué una segunda parte de “Peones…? ¿Lo tenía pensado cuando concluyó el libro anterior?
-No lo tenía pensado. Varias cosas influyeron para que volviese a ese escenario y tiempo, incluso después de escribir sobre otras temáticas. La primera es que muchos lectores, desde aquél 2007 cuando se editó “Peones de Ajedrez”, me preguntaban si habría una segunda parte. Los más osados me pedían una continuidad y hasta me sugerían retomase alguna temática que les había impactado o interesado específicamente. Por otra parte, las experiencias desatadas en todas las charlas escolares que me invitaban luego de la lectura de Peones fueron alucinantes, inesperadas y alentadoras. Desde profesores que me comentaban que los alumnos devoraban el texto y se lucían con prácticos hasta madres que me confesaban que para sus hijos fue el primer libro y en el que descubrieron el placer de la lectura. No fue menor, debo confesarlo, mi enamoramiento con algunos personajes de la novela, en los que volqué mucha sensibilidad y a los que incorporé a la historia, de la que habían quedado marginados. Creo que decidí escribir “Peones de Ajedrez II” a mediados del 2011 y lo apuré durante el año siguiente con la ilusión de presentarlo a manera de homenaje en abril de este año, cuando se cumplieron 190 años de la fundación del Fuerte Independencia. No pudo ser, pero nunca es tarde.
-Si bien hablamos de un nuevo escenario del Tandil de 1855, éste se ve bastante caótico y comprometido para los pobladores…
-En realidad el escenario era abierto y cambiante, abarcando media provincia de Buenos Aires, al sur del Salado. La dinámica se desató a partir de la caída de Rosas y los pactos con las parcialidades amigas, las que habían entrelazado diversas tramas con la sociedad criolla y los primeros extranjeros. Eso trajo confusión, ambivalencia en el accionar de las partes, temores y retrocesos traumáticos a situaciones anteriores, convulsión en el interior de las tolderías, despoblamiento criollo, entre otras cuestiones.
Me siento cómodo escribiendo en escenarios caóticos, dada me inclinación al rastreo psíquico de los personajes y cierta melancolía que flota sobre el Fuerte, las tolderías y el pueblo. Es un escenario donde la frontera y la guerra vuelven a las conversaciones cotidianas, divide las opiniones, instala el temor en algunos habitantes y deja en evidencia la debilidad de un Estado ocupado en defender Buenos Aires de la Confederación, olvidándose de los bonaerenses.
En esa coyuntura, brota el temor pero también el coraje, la solidaridad y la esperanza. No olvidemos que eran espacios en formación, heterogéneos, desprovistos, climáticamente duros. El común de la gente -en el pueblo y las tolderías- no sufre tanto ese 1855 como aquellas personas que habían alcanzado progresos económicos importantes, tanto comerciantes y hacendados como los propios caciques y capitanejos.
Creatividad en marcha
-¿Cómo fue la creación de los nuevos personajes?
-En los textos he respetado, en primer lugar, las coyunturas y los procesos que atravesaban nuestro país, la región y el escenario local, pero también los hechos y personajes principales. Sobre esos cimientos históricos, desarrollo la trama que hilvana la novela, agregando personajes que son irreales porque no tengo documentos que los mencionen, pero que copio en sus acciones y dichos de otras fuentes contemporáneas. Castagno, por ejemplo, se inspira de alguna manera en Ebelot, un viajero francés que pasa por estos pagos un poco más tarde, pero que plasma (al igual que tantos otros viajeros) la atracción por lo exótico, la aventura, la flora y la fauna, etc. Lo mismo sucede con las conversaciones entre los personajes. No existe documento alguno sobre una charla entre Catriel y Cachul; sin embargo, las charlas que recupero en la novela se basan en el conocimiento de los tratados, sus consecuencias, los repartos de ganado, la falta de vicios entregados por el Gobierno, etc. No es difícil adivinar qué conversaban cuando uno cuenta con estos elementos, sumado a los avances en investigación personales y de colegas sobre el tema; en la jerga futbolera, es como comentar un partido que no vimos, pero con el diario del lunes.
-¿Un escritor acude a personajes de ficción cuando éstos le han dado una dinámica importante al texto? Lo pregunto por la inclusión en su nueva novela de algunos que estuvieron en la anterior…
-Sí, de alguna manera continúan en este texto los personajes sobresalientes de Peones I. Sin embargo, vale aclarar que los personajes cumplen una función que posiblemente el lector no descubra. La reflexión del indio anciano, la charla entre el agrimensor y el cura, la conversación entre Mitre y el sargento del Fuerte de Azul o las anotaciones de Castagno, son recursos para describir situaciones, vivencias, creencias o formas de vida, de manera más amena. Algunos vecinos azuleños me sirvieron para cambiar de escenario, para trasladar la acción a Tandil y agregar algunos ingredientes al drama.
Siempre me interesó la mirada holística, total, donde incluir todos los personajes posibles, pero también las miradas cruzadas de distintos actores sobre un mismo problema.
-Hoy hablábamos de que está referida a tiempos caóticos…
-Una época difícil para los habitantes de la zona que trata la novela. La dinámica del capitalismo que envuelve la provincia de Buenos Aires desde 1850, en medio de un proceso de inserción en la economía mundial con productos vacunos y la lana, empujaban a ordenar el territorio desde todos los ángulos. Pese a que el Estado se ocupaba de otros problemas más urgentes como las guerras intestinas y bloqueos al puerto, era indispensable organizar el mercado de tierras y la mano de obra, escasa pero acomodaticia hasta poco antes a una economía estacional. La leva insaciable de hombres para el ejército se unía a un ejército del norte y luego porteño que demandaba cuanto caballo rodaba por la provincia. En esa coyuntura, el sur del Salado estaba en manos de los Jueces de Paz y los hombres poderosos de la región, a los que enfrentaban crecientemente con sus ideas y costumbres novedosas los inmigrantes que prosperaban rápidamente. Esa dinámica también había afectado el ámbito castrense y las tolderías. Si el primero se había relajado con la pax rosista y centrifugado la soldadesca a las estancias ávidas de peonada, la gente de los distintos caciques había aceptado un sedentarismo antinatural y que debilitaba sus costumbres y creencias, además de ahondar en las diferencias sociales internas, toda vez que los bienes entregados por el Estado eran irregulares o repartidos en forma desigual. En síntesis, la frontera que otrora avanzaba como una franja que unía culturas -con episodios de violencia espasmódicos-, se aquietaba y elevaba tomando forma de muralla china, aunque cambiante, al sur del Salado. El conflicto con los indígenas trastornaba fuertemente el paisaje, a tal punto que perjudicaba a los caciques y su gente, pero también sectores criollos, comerciantes, los fortines desarmados durante las décadas de paz, etc.
De lectores y lecturas
-¿Tiene algún perfil del lector tandilense?
-Quizá es muy pronto, cinco novelas, para delinear un perfil de lector, sobretodo porque las temáticas fueron variando. Sin embargo, el tiempo y las posibilidades de interactuar con lectores, me han permitido observar cierto abanico básico de gustos en ellos. Muchos destacan la posibilidad de traslado a las épocas que describo, la inmersión en la trama, la sensación de contacto con los personajes que envuelve al lector y lo hace partícipe de los acontecimientos. Los lectores se amigan y toman partida con el accionar de alguno de los personajes; los acontecimientos obligan a tomar partida. Otros lectores han resaltado cierta catarsis emotiva en las lecturas, principalmente en Peones de Ajedrez; sensaciones cambiantes, que alternan momentos de dramatismo que los envuelve en una melancolía nunca despreciada por los lectores de cepa, junto a instancias de júbilo frente a conversaciones tragicómicas o actos heroicos que equilibran momentáneamente ciertas injusticias sociales.
Sea cual fuere el perfil de los lectores de Peones de Ajedrez, debo confesar que no he tenido estrategias para lograr que aquella primera edición, luego reeditada, provocase la infinidad de sensaciones que tanta gente se acercó a comentarme en la calle o las escuelas donde fui invitado.
-¿Cómo esta edición de la feria con record nuevamente de autores tandilenses?
-Creo que va a ser un éxito, como siempre. La organización prevé, dentro de las posibilidades, que haya expositores que reúnan los distintos intereses etarios y de género, que se suman a la presentación en sociedad de los autores locales, colectivo en crecimiento. La magia que tienen las ferias de libros para el lector se conforma desde la organización, pero también la participación entusiasta de los concurrentes, ávidos de novedades, buscando ese ejemplar que no consiguen hace meses, aquél autor recomendado en un medio o por un amigo que por fin llega a sus manos. Es un momento único, que dura poco pero que tiene mucha intensidad y que es de mucha importancia para los jóvenes que suelen dar el primer paso para convertirse en lectores. El lugar que ocupan los libros en la vida de muchísima gente, es indescriptible, inabarcable, insustituible y puede empezar a construirse, en los que aún no lo experimentaron, a partir del miércoles próximo.
Y ésta es una buena oportunidad para pedir disculpas a los escritores y al mundo literario en general por haber permitido -acaso ignorado- mi presencia dentro de ese universo mágico que es el de la escritura. Conozco dónde está la puerta de salida e incluso el sector destinado a los lectores, pero no quiero perder la oportunidad de reconocer que soy un polizonte que viaja escondido en la bodega de ese barco cargado de magia, aventuras, suspenso y emociones.
Por lo demás, agradezco infinitamente al concejo editorial de la Universidad y a mi facultad, porque abrieron las puertas a mis borradores, que luego se transformaron en este hermoso libro. A María Valeria Aramburu, por su generoso prólogo; a Mabel Pacheco y Alicia Spinello, por su confianza; a Luiggina por su eficiencia y a Ramiro Tomé por su profesionalismo. A Kike Aracil, que realizó el dibujo de la tapa, por su calidad humana y artística, su amistad añeja y su idealismo, que lo mantiene en equilibrio entre la ciencia y el arte.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios