Marcelo Jaureguiberry dirige la obra ?El organito?
En esta oportunidad, El Eco de Tandil dialogó con Marcelo Jaureguiberry, fundador del grupo y director de esta puesta en escena.
-¿Cómo has vivido estos años desde la fundación de Cero Grupo Teatro?
-Ha sido más que satisfactorio y los resultados obtenidos han ido más allá de nuestras expectativas. Cuando en el año 93, hace ya 18 años, con Rosana Romano y Pablo Cenoz, le pusimos el nombre Cero Grupo, no nos imaginamos que íbamos a tener tan vasta trayectoria, hemos tenido giras internacionales, nacionales y regionales e innumerables premios, por eso digo que la experiencia y el desafío han sido por demás gratificante.
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-Cuéntenos en qué consiste el Proyecto Trilogía Discépolo
-Nace a partir de las inquietudes planteadas en un grupo de investigación que tuvimos hace 10 años que dirigía Carlos Catalano sobre el grotesco criollo. Como se imaginan, la mayor parte de los que hacemos investigación en arte, también somos artistas, y no alcanza solamente con “leer” las obras, necesitamos ponerlas en movimiento. Por ello surgió la idea con algunos miembros del grupo de rescatar aquellos resultados y poner en escena Stefano; cuando comenzó mi trabajo de dirección me di cuenta de que los resultados que habíamos alcanzado en las investigaciones no alcanzaban para explicar el mundo de Discépolo.
Entonces, nos pusimos en marcha, pero lo más importante fue que pusimos en marcha a Discépolo: los textos de Discépolo se entienden una vez que los actores accionan sus personajes, porque Discépolo escribe en términos de acción. Así pues, pensamos en las 3 obras, y comenzamos con Stefano. Ahora le damos vida a El organito y el próximo año cerraremos la trilogía con Giacomo. Además, este proyecto tiene como un “subproyecto”, que tiene que ver con el trabajo didáctico-pedagógico de transferencia hacia las escuelas. Por eso hemos programado funciones con instituciones educativas -con secundarios ante todo- donde los chicos puedan analizar el mundo de Discépolo, disfrutando de una función teatral y acercarse de esta manera al mundo del teatro. Para este programa las instituciones educativas pueden vincularse con nosotros contactando al email cero@cerogrupoteatro.com.ar
-Nace a partir de las inquietudes planteadas en un grupo de investigación que tuvimos hace 10 años que dirigía Carlos Catalano sobre el grotesco criollo. Como se imaginan, la mayor parte de los que hacemos investigación en arte, también somos artistas, y no alcanza solamente con “leer” las obras, necesitamos ponerlas en movimiento. Por ello surgió la idea con algunos miembros del grupo de rescatar aquellos resultados y poner en escena Stefano; cuando comenzó mi trabajo de dirección me di cuenta de que los resultados que habíamos alcanzado en las investigaciones no alcanzaban para explicar el mundo de Discépolo.
Entonces, nos pusimos en marcha, pero lo más importante fue que pusimos en marcha a Discépolo: los textos de Discépolo se entienden una vez que los actores accionan sus personajes, porque Discépolo escribe en términos de acción. Así pues, pensamos en las 3 obras, y comenzamos con Stefano. Ahora le damos vida a El organito y el próximo año cerraremos la trilogía con Giacomo. Además, este proyecto tiene como un “subproyecto”, que tiene que ver con el trabajo didáctico-pedagógico de transferencia hacia las escuelas. Por eso hemos programado funciones con instituciones educativas -con secundarios ante todo- donde los chicos puedan analizar el mundo de Discépolo, disfrutando de una función teatral y acercarse de esta manera al mundo del teatro. Para este programa las instituciones educativas pueden vincularse con nosotros contactando al email cero@cerogrupoteatro.com.ar
Entre Discépolo y Shakespeare
-¿Cuáles son los desafíos al dirigir las obras de Discépolo?
-Ante todo hay un desafío afectivo… Mi padre, fundador del teatro Candilejas de Rauch, decía que uno no es director si no pone en escena Stefano de Discépolo y Hamlet de Shakespeare. Bueno, todavía me falta Hamlet, pero ya llegará… pero si vamos a mi rol de director, el desafío mayor es transmitir a las nuevas generaciones herramientas actorales y de puesta en escena para seguir montando obras del grotesco criollo. Este género nacional y popular y que nos identifica tanto, trata temas como la desesperanza y el fracaso de los que viven fuera del sistema, tan actuales después del descalabro de nuestro país en el 2001. Por suerte, este gobierno ha estado trabajando muchísimo en estos últimos años y hemos mejorado la ocupación con aumento de índices importantísimos, aunque todavía estamos en deuda con muchos argentinos y eso nos compromete a trabajar más. Creo que desde nuestro grupo teatral, y de la mano de Discépolo, estamos aportando un pequeño granito de arena a que cada día se profundice más este modelo de inclusión social con el cual, personalmente, estoy comprometido. Este montaje esta dedicado a los jóvenes de mi país, y muy especialmente a los jóvenes actores que me acompañan: Cristian Majolo, Gastón Dubinni, Pilar Jaureguiberry e Iván Navarro Carroché.
-¿Qué diferencias y similitudes hay entre “Stefano” y “El organito” al momento de la dirección?
-Son dos obras tan distintas, pero tan iguales… Stefano es la tragedia de un artista que se debate entre su deber de padre y su vocación artística. Saverio, el personaje de El organito, se debate entre la codicia y el desamparo. Stefano es una tragedia con un cuestionamiento filosófico; El organito, escrita por los dos Discépolo, es un sainete grotesco en donde las necesidades primarias de supervivencia hacen que sus personajes jueguen al límite del todo o nada, muy “cambalache siglo XX, problemático y febril”.
Para las nuevas generaciones
-¿Qué personaje de estas dos obras prefiere?
-Los amo a todos. Discépolo tiene la maestría de escribir para cada personaje una escena memorable en la que el actor tiene que poner toda la carne al asador…, sobre todo las mujeres de las obras de Discépolo, que aparentemente tienen pocas intervenciones pero son en definitiva las que llevan la historia adelante. En el caso de El organito, lo que más me enternece de los personajes de Discépolo son los jóvenes y los niños, victimas del desengaño por no poder “hacer la América”.
-¿Qué personaje de estas dos obras prefiere?
-Los amo a todos. Discépolo tiene la maestría de escribir para cada personaje una escena memorable en la que el actor tiene que poner toda la carne al asador…, sobre todo las mujeres de las obras de Discépolo, que aparentemente tienen pocas intervenciones pero son en definitiva las que llevan la historia adelante. En el caso de El organito, lo que más me enternece de los personajes de Discépolo son los jóvenes y los niños, victimas del desengaño por no poder “hacer la América”.
-¿Qué le dirías al público para que venga a disfrutar de la función?
-El grotesco criollo es nuestro género popular. En él nos reconocemos y reconocemos a nuestros abuelos inmigrantes. En él nos emocionamos y nos reímos de tantas historias que han sedimentado el ser nacional. Como dice Eladia Blazquez: “Vamos, asumamos pronto el cómo, de asumirnos como somos o no somos nunca más”
Hoy presenciamos una revalorización de la dramaturgia discepoliana, así como lo fue en los años 70 de la mano del escritor David Viñas. En el caso de El organito y desde el punto de vista que he tomado para esta puesta en escena, hago hincapié en cómo un padre desencantado y que vive fuera del sistema enseña a sus hijos la supervivencia a cualquier precio. Discépolo tiene la genialidad de plasmar en palabras, el mundo de contradicciones que muchos de nuestros antepasados tuvieron en la Argentina de la gran inmigración. Los temas que Discépolo trata en sus obras, pueden ser repensados en todo momento, por eso invito al público reírnos, emocionarnos, y reflexionar juntos.
-El grotesco criollo es nuestro género popular. En él nos reconocemos y reconocemos a nuestros abuelos inmigrantes. En él nos emocionamos y nos reímos de tantas historias que han sedimentado el ser nacional. Como dice Eladia Blazquez: “Vamos, asumamos pronto el cómo, de asumirnos como somos o no somos nunca más”
Hoy presenciamos una revalorización de la dramaturgia discepoliana, así como lo fue en los años 70 de la mano del escritor David Viñas. En el caso de El organito y desde el punto de vista que he tomado para esta puesta en escena, hago hincapié en cómo un padre desencantado y que vive fuera del sistema enseña a sus hijos la supervivencia a cualquier precio. Discépolo tiene la genialidad de plasmar en palabras, el mundo de contradicciones que muchos de nuestros antepasados tuvieron en la Argentina de la gran inmigración. Los temas que Discépolo trata en sus obras, pueden ser repensados en todo momento, por eso invito al público reírnos, emocionarnos, y reflexionar juntos.
Reparto
Anyulina: Gabriela Pérez Cubas
Florinda: Pilar Jaureguiberry
Saverio: Gustavo Lazarte
Nicolás: Gastón Dubini
Humberto: Cristian Majolo
Mama Mía: David Beratz
Felipe: Iván Navarro Carroché
Y la participación de los niños:
Malena Rosso, Lucas Ugarte, Tomás Ciganda Azcárate
Dirección general y puesta en escena: Marcelo Jaureguiberry
Anyulina: Gabriela Pérez Cubas
Florinda: Pilar Jaureguiberry
Saverio: Gustavo Lazarte
Nicolás: Gastón Dubini
Humberto: Cristian Majolo
Mama Mía: David Beratz
Felipe: Iván Navarro Carroché
Y la participación de los niños:
Malena Rosso, Lucas Ugarte, Tomás Ciganda Azcárate
Dirección general y puesta en escena: Marcelo Jaureguiberry
Para agendar
Las funciones son en la sala La Fábrica, Pinto 367, hoy y mañana las 21. Y el domingo a las 20.
Viernes 26, sábado 27 a las 21. Domingo 21 y 28 a las 20.
Auspicia El Eco Multimedios. Entradas a la venta con descuento en Yrigoyen 560, hasta el sábado al mediodía.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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