María de los Angeles Iervolino dialogó sobre promoción de lectura en el Hospital Garrahan
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María de los Angeles Iervolino es maestra normal nacional, bibliotecaria profesional, licenciada en bibliotecología y documentación, maestra bibliotecaria, coordinadora de talleres y expositora en jornadas.
Además, es asesora en un proyecto sobre lectura y resiliencia que está realizando el equipo de clínicas interdisciplinarias del Hospital Nacional de Pediatría “Juan P. Garrahan”.
Ha recibido el premio al Compromiso con la Educación 2009 otorgado por la Fundación Educambio y el premio Pregonero Especial a la Biblioteca Infantil del Hospital Garrahan otorgado en el marco de la 15ta. Feria del Libro Infantil y Juvenil en julio de 2004.
Iervolino llegó a la Sala de Lectura en el marco del plan Todos Leemos “a contar mi experiencia en el trabajo como bibliotecaria de la biblioteca infantil en el hospital Garrahan. La importancia reside en mostrar la relevancia de la lectura en el ámbito hospitalario, lo significativo que es para el niño y el papá ese espacio”.
Cabe mencionar que en Tandil, el proyecto Todos Leemos se desarrolla desde hace dos años como un espacio de lectura en el hall del Hospital de Niños Debilio Blanco Villegas y que la charla de Iervolino fue disparadora de inquietudes, preguntas e intercambios con los voluntarios y mediadores que cada semana concurren a leer al hospital.
-¿Qué características tiene el espacio de lectura del hospital?
-Teníamos un espacio de dos por dos que, luego de un año, a fuerza de molestar y pedir, se agrandó. Yo llegué allí porque era bibliotecaria de la escuela que está enfrente y no entendía cómo un hospital pediátrico no tenía biblioteca infantil. Un día, en una capacitación, me acerqué a Filmus y le dije ‘mire, yo tengo una inquietud, me parece que no puede pasar esto’. En ese momento, yo estaba haciendo mi tesis sobre la función terapéutica de la lectura y había empezado a hacer un curso de pedagogía hospitalaria.
Posibilidades
-Fuiste haciendo un camino…
-Sí, y a los dos meses de hablar con Filmus, me dieron una comisión de servicios, porque la biblioteca dependía de la escuela hospitalaria. Al año siguiente, estuve en los dos turnos.
-¿Qué hacías allí?
-A la mañana se trabaja con taller para adolescentes y en servicios más cerrados, como transplantes de médula y en prequirúrgico. Dentro de la biblioteca pudimos hacer muchos talleres.
La nuestra es una biblioteca atípica, porque se trabaja interdisciplinariamente. Es un espacio de vida, porque el chico pasa la puerta y es otra historia.
-¿Cómo se fue armando la biblioteca y cómo funciona?
-En principio, dependía del hospital, y funcionaba en un ‘rincón’ casi sin uso. En 2002, la escuela hospitalaria la pidió y pasó a ser biblioteca de la escuela, aunque en educación especial no existe el cargo de bibliotecaria, por eso se maneja como una comisión de servicios.
El primer año funcionó en un espacio muy pequeño, con los maestros y la donación de un programa de lectura que dio 400 volúmenes. Luego, me dieron un pedacito más de espacio.
Trabajo diario
-¿Los chicos van a la biblioteca o ustedes concurren a la sala?
-Están las dos posibilidades. Nosotros tratamos de que cuando pueden deambular, vengan y tengan un espacio adecuado, con mucho color y disfrute de la lectura. También se pueden hacer talleres variados en la biblioteca, hemos hecho experiencias fantásticas en diversos espacios de creación.
El papá también viene, aunque al principio es reticente, pero después comienza a ‘engancharse’. Nos ha pasado que hay papás que se han convertido en lectores dentro del hospital. Hay que pensar que es un espacio de alta complejidad, que suele tratar patologías de larga duración.
Cuando los niños están en situaciones de alta complejidad, hay que tener cuidados espaciales con los libros, aplicar las normas de bioseguridad correspondientes.
-¿Cómo van adquiriendo el material?
-No tenemos subsidios, pero hemos recorrido y pedido muchísimo. Logramos que la Cámara de Publicaciones nos diera cien dólares mensuales. ‘Lo que vos hacés es maravilloso, todo es maravilloso, pero no te dan un peso’. Pero el tema es que uno no puede elegir. Yo no me puedo quejar de la biblioteca que fui armando porque pido, y pido, y pido, pero excede la posibilidad humana. Uno sabe lo que hace falta, se pide lo que va a ser de utilidad. Nunca hemos podido elegir.
Igualmente, la Cámara de Publicaciones se encargó de que cada editorial nos enviara un montón de libros nuevos.
Hoy tenemos computadoras, netbook, nos fuimos equipando poco a poco para dar servicio a los chicos en distintas situaciones de salud que atendemos, incluso al lado de la cama del niño que no puede deambular.
Voluntarios y reflexiones
-¿Son todos profesionales los que trabajan con la lectura o, como en Tandil, voluntarios?
-Somos profesionales de la escuela. Es un tema complicado porque no se acostumbra al voluntariado para la lectura, sino que se usa para el acompañamiento del niño cuando la madre o el padre no están. Si hubiera voluntariado se podría hacer una cobertura más grande.
-¿Qué balance hace de estos seis años de trabajo en el Hospital?
-Es muy positivo, yo aprendí muchísimo. Hay que entender que es fundamental que en todos los hospitales haya una biblioteca que funcione con cargos y también con voluntarios, porque hay gente que está capacitada y quiere trabajar. Seguimos luchando para que los cargos estén en planta, para que haya más cobertura, porque son muchos los chicos que atender. Nosotros somos sesenta docentes de escuela hospitalaria, pero deberíamos ser más.
Como experiencia profesional y de vida, superó todo lo esperado. Yo tuve la posibilidad de estudiar, pero hay que tener pasión, ganas de estar con los niños, de verlos como chicos y no como enfermos, porque de otro modo, nuestro trabajo no tiene sentido. Para los padres y los chicos la biblioteca se ha convertido en un lugar muy especial.
Para comunicarse con el proyecto Todos Leemos, espacio de lectura en el Hospital de Niños escribir a proyectotodos@yahoo.com.ar o ingresar en proyectotodosleemos.blogspot.com.
Además, se informa que el 27 de mayo habrá un taller para voluntarios que están participando, a cargo de Marcela Carranza, especialista en literatura infantil y juvenil.
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