Mariano Martín Fritz recuerda lo que pasó y no perdona al agresor porque ?nos hizo sufrir?
Varios días después, recuperándose, junto a sus padres, le contó a El Eco de Tandil lo ocurrido esa lluviosa madrugada, en la que era una odisea para decenas de jóvenes conseguir un remís que los acercara hasta el centro.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCerca de las 5.30, junto a su novia y una amiga, el estudiante oriundo de Miramar comenzó a caminar bajo un persistente aguacero, al igual que una enorme cantidad de gente que procuraba transporte y hacía dedo en la rotonda u optaba por tomar la Ruta 226. “Queríamos llegar al centro para llamar a cualquier remisería que nos levante y nos lleve, porque ya estábamos empapados. Las chicas estaban con vestidos y temblaban de frío. Llovía muchísimo”, relató Mariano.
Pese a la compleja operación que le salvó la vida, recuerda todo lo que pasó. “Ibamos caminando hasta la garita de Fleming. Pasamos la rotonda y a mitad de cuadra, pasó el Corolla blanco y nos embarró. La calle es doble mano y el tipo pasó por el medio, a propósito, y nos tapó de agua”, reseñó y explicó que el auto también circulaba en sentido hacia el centro.
Los tres jóvenes le reclamaron al automovilista que los había mojado. “Lo hizo a propósito. Eso nos provocó una reacción. Primero, que ya estábamos con mucho frío, entonces además del frío y el agua, barro. Fue una put… normal, no es desencadenante de lo que pasó”, expresó el joven.
Tras esa situación, “el auto frenó antes de la garita, amenazándonos con que se iba a bajar porque debe haber escuchado la put… Cuanto mucho nos tendría que haber dicho 'perdón por embarrarlos' y no frenar para apurarnos”.
Los tres estudiantes continuaron su marcha y el auto desapareció. “A los 5 minutos, mi novia me dice 'ahí viene'”, y observaron que paró a 45 grados en el acceso a una casa ubicada en Aristegui y Massini, donde bajó a algunas personas.
Finalmente, cuando los chicos iban llegando a la garita de Aristegui y Listow, “el auto vuelve. Con la velocidad que pasó para embarrarnos y la bronca que hubo después, lo primero que pensé es que podía atropellar a mi novia. Mi amiga se pone adentro de la garita y le digo a mi novia que haga lo mismo”.
Y describió que “el tipo me frena a un metro. Me pongo al lado, sin ánimo de pelear. Yo estaba cag… de frío. Le dije tres cosas: 'Si volvés, por qué no nos llevás', 'por qué nos embarraste' y que no quería pelear. No sentí el golpe ni nada, porque me desmayé”.
El agresor “se bajó del auto. Por eso fue la sorpresa que se llevaría cualquier cristiano porque me hablaba entre el auto y la puerta abierta. Nunca me camiseteó, nunca me empujó al medio de la calle para buscar una pelea. Fui a hablarle, no tenía intención de pelear. Nos separaba el vidrio, y saca la piña en círculo, de abajo de la puerta, creo que con la mano derecha”.
A Mariano el golpe le impactó en la nariz y cayó desmayado sobre el asfalto. “Por lo que me enteré y la gente comenta, el tipo hacía artes marciales, sabía dónde pegar y cómo desmayar a la gente y cómo pegar. Juego hockey sobre patines y ésta es mi tercera fractura de tabique, pero jamás me cortaron el tabique de esta manera. O él tenía un anillo para pegar o se puso algo o sacó algo del auto, hablaron de manoplas… Yo tengo cuatro puntos en el tabique y me llegué a tocar el tabique óseo. El tipo sabía pegar”.
-¿No lo conocías al agresor?
-A Martín Bagnato, no, no lo conocía. Yo no lo perdono. Es imperdonable lo que hizo… Hizo sufrir a toda mi familia, a todos mis amigos, me hizo sufrir a mí.
El salvador
Tras el puñetazo, Mariano quedó tendido sobre el asfalto durante 15 minutos. “El auto me abandona como un perro. Se va. Llovía. Pasaron infinidad de remiseros, de personas. Nadie me levantó”, reveló.
Afirmó que “es una vergüenza del lado del Municipio y del Hospital. Hay fotos que comprueban que mi novia y la amiga llamaron a la ambulancia en dos ocasiones. En la primera, no le creían y en la segunda, le pedían confirmación de si estaba convulsionando. Ellas estudian Gestión Ambiental, no son médicas. Hay que ponerse en el lugar de las chicas, nunca vino la ambulancia”.
-¿Quién te trasladó?
-Un chico -no puedo dar el apellido, no me autorizó- que se llama Ezequiel. Pasó por ahí y no dudó, me levantó.
-¿Cuándo recuperaste el conocimiento?
-En el auto de Ezequiel. Las chicas me dijeron que me levantaba y me caía. Después, en el auto, hablaba de la facultad y de lo que tenía que rendir. Yo pensaba que era una fractura de tabique, una de las tantas y nada más. Lo que pasó entre la piña, el traumatismo con el asfalto, hasta que me suben al auto, no lo sé. Ahí fue donde perdí la memoria.
-¿A dónde te llevó Ezequiel?
-A la Clínica Chacabuco por pedido de mi novia y de la amiga.
-La acción de Ezequiel colaboró para salvarte la vida…
-Y la no acción del Hospital fue dejarme morir, porque es así: una y la otra. Si no hubiera sido por Ezequiel, podría haber sido otra persona. Pero si me pasa en el medio del campo, no va a pasar un auto, va a llegar la ambulancia y si la ambulancia se te cag… de risa dos veces, estamos en problemas.
Después, me pareció muy raro que en más de diez días en que estoy recuperándome no tuve ningún llamado de parte del Municipio, de parte de ningún secretario y menos del doctor Lunghi. Se lavaron las manos.
Lo que me pasó le podría haber pasado a cualquiera. Por qué no vino una ambulancia o por qué no vinieron a pedir una disculpa. Que nos mientan de última, que nos digan hay tres ambulancias en funcionamiento y están ocupadas; pero se cag… de risa y le cortaron el teléfono a mi novia las operadoras de las ambulancias. Ahí estuvo muy mal el Municipio.
-Llegaste a la Clínica y te atendieron…
-Ya tenía pleno conocimiento, hasta la anestesia para el quirófano. Entro a la guardia, me atiende una enfermera que se solidarizó mucho con nuestra familia, María. Cuando llegamos, como veníamos de una fiesta, todos pensaban que había sido una riña como todas las noches, y yo me cansaba de decirles que me habían pegado sin comerla ni beberla.
Llaman al cirujano porque había perdido mucha sangre producto de la fractura de tabique y del corte. Hasta ahí estaba bastante lúcido. No quería que llamen a mis padres. Pero llegó un momento en que me desvanecí y hablaba incoherencias, ahí dudaron que no era alcohol ni la fiesta. Me mandaron a hacer una tomografía y me encontraron el coágulo de 6 centímetros en la cabeza.
-¿Es esa cicatriz que tenés?
Jorge Martín (el papá): -La cicatriz es para entrar, es una craneotomía. Le hacen una ventana ósea, le cortan el cráneo, y la arteria meníngea media que es la que estaba lesionada en dos partes. Después limpian toda la zona, sacan toda la sangre y le vuelven a poner la tapa del cráneo con dos cerrojos de titanio. Queda la cicatriz de piel.
La lesión es mortal. Cuatro o seis horas te da una lesión arterial, no tuvo una lesión venosa que te da un día. Si no se saca, la presión que hace produce un enclavamiento cerebral y la muerte. A él a cuatro o cinco horas del accidente lo estaban operando y eso le salvó la vida.
-Como médico, ¿coincidió con el tratamiento?
J.M.: -No tengo palabras de agradecimiento a los médicos que lo trataron, a Juan Altamirano y a Martín Cecchetto, que fueron los dos médicos cirujanos; a la gente de terapia. La verdad es que fue con celeridad y profesionalismo.
-¿Cuándo se enteró?
J.M.: -Estábamos en Mar del Plata. Cerca de las 11.15 del domingo me llama el neurocirujano y me pide la autorización porque mi hijo estaba entrando a neurocirugía para hacer una craneotomía por una lesión vascular. Lo único que le dije fue que tenía mi autorización y que operara como si estuviera operando a su hijo. Me dijo que tiene un hijo de 21 años, y le respondí 'no te conozco pero hacé de cuenta que le vas a abrir la cabeza a tu hijo. Tenés todo mi apoyo'. Después vinimos para acá.
El después
Ya cerca de la Navidad, Mariano confió que “me cambiaron la fecha de nacimiento, ahora es el 7 de diciembre” y relató que “en terapia intensiva me hizo el clic de ponerle toda la garra, porque terapia es complicado”.
Recordó que los dos días y medio que pasó en el área de cuidados intensivos fueron duros, porque estaba todo el tiempo solo, no podía dormir y le suministraban inyecciones.
En cuanto a las fiestas, expresó que siempre solía disfrutar más en Año Nuevo, “pero esta vez se festejará de otra forma especial. Con la familia, se llorará, se reirá”.
Por otro lado, se mostró contento y agradecido “con todo Tandil”. Principalmente, destacó la movilización de sus compañeros, de la facultad, del centro de estudiantes, el secretario académico, profesores, compañeros que ve sólo en laboratorio, gente que hacía vigilias en la Clínica y cadenas de oración, entre muchos otros.
“Que la política no obnubile al médico”
El miramarense Jorge Martín y su esposa Claudia Fritz no se cansaron de agradecer. “La contención que tuvimos de la gente de Tandil es excelente, pero de la gente común. Tandil tiene mucha propaganda de una ciudad tranquila, para descansar, pasar el fin de semana, todo eso lo reconocemos. Pero este tipo de situaciones no le hacen bien a la ciudad”, marcó el traumatólogo.
Expresó que “uno manda a su hijo a estudiar a un lugar. Nosotros podríamos haberlo mandado a La Plata o a algún otro lado. Pensamos en Tandil porque está relativamente cerca, porque tiene una historia media campera, familiar, de apoyo. Cuando uno manda a un hijo, pretende también que lo protejan, y lo tienen que proteger las autoridades”.
En este sentido, agregó que “tengo un mensaje para el Intendente, que además es médico. Como colega, le digo que hay que acompañar a la familia, hay que acompañar a la persona; que la política no obnubile al profesional. Una llamada hacia la familia, un apoyo en una situación que además involucra a la ciudad desde el punto de vista político por las ambulancias, por las cámaras; la mala publicidad que puede significar un accidente de estas características a alguien que no es residente permanente, y que uno ha confiado en una ciudad para mandar a su hijo a estudiar”.
Agregó que el jefe comunal “tuvo tiempo porque llevamos 15 días en Tandil. Ni un secretario nos llamó. Recibimos más de 500 mails y llamados telefónicos de toda la gente de la ciudad, de todo el mundo y todos los medios. No es que pasó inadvertido. Y él es médico. Que la política no obnubile al médico. En el fondo uno se muere médico, no político”.
LAS CAMARAS Y LA PREVENCION
“Se ve perfecto”
El papá del estudiante agredido también ratificó que el domingo 7 de diciembre fueron al Centro de Monitoreo y les negaron que hubiese filmaciones del episodio. Incluso, les dijeron que durante la tormenta, un rayo había dañado la cámara que está en la intersección de Aristegui y Listow. “Nos quedamos con que no había imágenes”, indicó.
Jorge Martín consideró que “después hubo una situación de compromiso social y eso también puede haber servido para que aparezcan imágenes que en realidad estaban, pero quizá no estaba nadie mirándolas porque ése es otro tema”.
En ese sentido, analizó que el Municipio cuenta con cámaras como prevención. “Si hay alguien que está mirando y se produce la lesión, escapa el agresor y el chico está tirado, lo que tiene que hacer el del monitor es llamar al Hospital y a la policía si no para que están las cámaras. Esa es la función de las cámaras. Además, nos negaron que hubiera imágenes, pero después porque hubo algunas llamadas telefónicas, aparecieron y ahora están en la causa”.
-¿Pudieron verlas?
-Ya las vi. Se ve perfecto.
-¿Cuánto tiempo estuvo Mariano tirado en la calle?
-Diez o quince minutos.
“El está hoy acá por Ezequiel y los médicos”
Muy emocionada por toda la situación, Claudia Fritz, la mamá de Mariano, expresó que “no tenemos palabras para agradecerle a Ezequiel y a los médicos que le salvaron la vida. El está hoy acá por ellos”.
Lamentó que a partir de la agresión “le cambia el estilo de vida. En cuanto a un chico de la edad de él, va a estar muy limitado en sus actividades a partir del primer alta. En las actividades deportivas, horas que mira televisión, horas que puede estar con el teléfono”.
El papá agregó que si bien no aparecieron secuelas, Mariano está medicado con ansiolíticos y anticonvulsivantes, y no se sabe por cuánto tiempo. Además, deberá continuar con estudios, como una resonancia en un mes y un estudio cognitivo en cuatro meses para detectar cualquier problema.
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