Maritchu Seitún compartió su mirada sobre los métodos de crianza de los niños
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailInvitada por el Instituto Superior Santo Domingo de Guzmán, este viernes por la tarde brindó una charla en las instalaciones del colegio, ubicado en Pozos al 600, la licenciada en psicología Maritchu Seitún, quien expuso su método de crianza de los niños y brindó las herramientas a los presentes para acompañar el proceso.
Especializada en niños, la profesional que además trabaja en la orientación de padres y es desde hace unos años columnista del diario La Nación, aportó, sin recetas mágicas, una mirada distinta y centró su exposición en la importancia del desarrollo de la autoestima de los chicos, la importancia de imponer límites y el rol de los padres.
“Creo que la verdad de este milenio es que a los chicos hay que delimitarlos, quizás como lo hacían con nosotros, pero hay que comprenderlos como no lo hacían a nosotros”, definió sobre su teoría.
Con conceptos traducidos en ejemplos claros y cotidianos, la profesional logró captar la atención de los presentes que tuvieron oportunidad para canalizar sus inquietudes y consultas a lo largo del encuentro.
Comprensión y límites
Mientras los organizadores ultimaban los detalles de la puesta en escena de la disertación, El Eco de Tandil dialogó con la psicóloga, que repasó algunos de los lineamientos resumidos en la temática de la charla, basado además en el título de su primer libro: “Cómo criar hijos confiados, motivados y seguros”.
En primer término se centró en la idea fundamental que apunta a ofrecer a los niños “autoestima buena”, y que para lograrlo “mamá y papá me tienen que mirar amorosamente, y para eso tienen que ser buenos delimitadores”.
Bajo la necesidad de comprender a los niños, la psicóloga ejemplificó que “cada vez que el adulto dice ‘no puede ser que no tengas ganas de bañarte si sabés que es la hora’, le están diciendo ‘no me gusta cómo sos’”. En lugar de eso sugirió: “Si uno dice ‘qué fiaca, es tarde y hay que bañarse’, primero comprendo y después que vaya al agua”, pero “desde un lugar muy distinto”.
Enmarcó esta mirada desde la denominada “inteligencia emocional”, y amplió el concepto al señalar que “nos dimos cuenta que muchas de las cosas que hacíamos con los chicos era negar lo que ellos pensaban o sentían y esto les lleva mucha energía”.
Crecimiento o defensa
“’Le tengo miedo al perro, pero papá dice que es ridículo, entonces dudo de mí o sigo pensando lo mismo pero no se lo digo a mi papá’”, graficó sobre un comportamiento común y agregó que “los chicos viven en una modalidad, como decimos los psicólogos, de crecimiento o defensa”.
Cuando se encuentra transitando por la primera de ellas el niño se siente “confiado, tranquilo, seguro, puede pensar y decir lo que quiere y hay un adulto que va a ocuparse que eso marche bien”, mientras que por la segunda “está protegiéndose para que el papá no lo rete, o la mamá no se burle”.
“En casa, lo ideal es que los chicos no necesiten defenderse y para no hacerlo los papás tienen que comprender mucho más de lo que estamos acostumbrados a hacerlo”, enfatizó.
Los padres de hoy
Todo ese esquema adaptado a los tiempos actuales presenta otros desafíos. “Con tanta tecnología, todo lo que no venga en ese envase, a toda velocidad y con tanto estímulo, resulta poco interesante”, explicó Seitún, que en ese sentido sugirió “volver un poco para atrás”.
Rechazó la exclusión de dispositivos modernos y por el contrario, consideró que se debe “comenzar más tarde a utilizarlos, ponerlos en forma más acotada para los chicos. Igual que siempre los chicos tienen que trepar a los árboles, tienen que correr y jugar. Y hoy están jugando con una tableta en sus manos”.
Y esa escena “no está buena, porque el chiquito queda como intoxicado de su mundo interno”.
Los límites y los valores
“Cuando uno pone los límites de esta manera, primero comprendo y después delimito, es mucho más fácil transmitir el valor”, insistió Seitún al ser consultada sobre las principales inquietudes que le transmiten los padres preocupados por la crianza de sus hijos.
En ese sentido manifestó que “uno puede transmitir en el momento que el chico escucha” y volviendo al ejemplo de la ducha expresó: “Es distinto decir ‘qué fiaca, se hizo tarde y vos querías seguir jugando, pero está bueno bañarse todos los días y meterse a la cama con olorcito a jabón’”.
“Si uno pone un límite muy firme los chicos se tapan las orejas y no quieren escuchar. En cambio, cuando empiezo a comprender, sacan las manos de las orejas y cuando escuchan puedo transmitir mi cosmovisión, que por supuesto incluye los valores”, concluyó.
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