Mascherano nos devolvió lo más bello de la infancia
Y qué horrible antítesis del espectáculo que aquello que iba a ser el evento del siglo, la final Brasil vs. Argentina en el Maracaná, se transformara, de un segundo a otro, en un triste partido por el tercer puesto, mientras la final en Sudamérica la jugaban unos rubios, alemanes y holandeses, pero todos rubios.
Acá somos morochos, peronistas, aurinegros en Tandil, salen jugadores de las favelas y de los potreros. Pero si Mascherano no llegaba en ese cruce la final la jugaban esos rubios lindos y europeos.
Sin embargo, era imposible que no llegara nuestro superhéroe, se lanzó a la arremetida de Robben y cruzó su pierna estirada como todo lo que puede un cuerpo.
Porque ese superhéroe que es Mascherano está en todas partes como el poder en Foucault, es el devenir infinito de una línea de fuga y es todo lo que puede un cuerpo que tanto pensaba Spinoza.
Mascherano hubiera cambiado el destino de Edipo, porque no es un héroe trágico, sino el héroe alegre que todos admirábamos cuando éramos niños, pero que esta vez es real y es capaz de todo. Por eso, todos podemos jugar a imaginar lo que puede hacer Mascherano y disfrutar felizmente de ello. Porque hasta uno se anima a creer que si se lo envía a Mascherano a negociar con los fondos buitres te trae el vuelto, y quién no, en ese segundo de locura, ese segundo de irracionalidad que nos hace seres vivos no pensó “che, en una de esas…”.
Si seguramente Mascherano le explicó Keynes a Kicillof y en dos horas libres en la concentración en Belo Horizonte te escribe “El Capital” entero…
Porque Mascherano de verdad todo lo puede, y pudo algo diferente que es permitirnos creer que otra vez, como cuando éramos niños, los superhéroes son verdaderos, reales. Por eso todos podemos imaginar a Javier levantando la copa del mundo y que de repente se remonte en el aire con su capa celeste y blanca y en su vuelo la traiga por todo el cielo argentino, por cada provincia, mientras los niños de cada parte del país alzan sus manos.
También en el Obelisco porteño y en la legendaria Plaza Independencia de Tandil, rodeado de miles de personas que mirarán hacia lo alto y señalarán a Mascherano, nuestro superhéroe de verdad.
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