Mayorías silenciosas
El intendente Miguel Lunghi y el oficialismo pueden tropezar sobre sus pasos, si acotan la mirada, el diagnóstico y las acciones exclusivamente a lo visible, es decir, a esas minorías que se movilizan ruidosamente en una ciudad que nunca se mostró propensa a moverse en defensa de sus derechos.
Dos episodios marcaron la semana que hoy dejamos atrás.
El bolillero redujo la esperanza de acceder a la vivienda por ahora a 200 familias tandilenses, aunque cierto es que una mayoría silenciosa se quedó en la instancia del registro público que elaboró el Gobierno y otra porción ?quizás más significativa- ni siquiera se inscribió en esa lista pero necesita de una política habitacional integrada.
Si el jefe comunal acota su visión y acción sobre el problema habitacional a lo que exclusivamente late en el barrio La Movediza con militantes políticos y familias que sostienen ocupaciones, podrá arribar a soluciones particulares, aunque dejará afuera a esas mayorías que esperan gestos pero de una manera silenciosa, desde la intimidad.
Para contener lo que late será clave la instancia de diálogo con Nación y Provincia que se retome esta semana, pero para avanzar sobre la demanda sigilosa le requerirá una política local a largo plazo, que exceda los alquileres sociales que implican millonarias partidas presupuestarias si se miden en los dos períodos de administración que se cumplirán en 2011.
El problema habitacional no puede cercarse a la eventual disputa entre el Intendente y el titular de la Anses, Diego Bossio, ni a una puja con militantes que operan desde un barrio; y sería prudente que así sea entendido de una buena vez. Sobre todo cuando la narración oficial en Tandil declama la necesidad de estadistas, pero no lo ofrece más allá de esa declamación.
Y esa riesgosa tendencia a mirarse demasiado el ombligo oficial, que lleva a entender el margen de acción y medir consecuencias de las decisiones apenas en la geografía que va desde el palacio municipal hasta la Plaza Independencia, también se encarnó por estos días en la cuestión legislativa.
Apurado por un eventual paro de la Unión Tranviaria Automotor (UTA) en la que están enrolados los choferes de colectivos, el radicalismo aprobó un nuevo incremento en la tarifa del transporte público de pasajeros.
Y achicó su visión del entuerto a los trabajadores del volante que se movilizaron y a los estudiantes que también lo hicieron, una escena repetida en la Legislatura local cada vez que se define readecuar la tarifa, siempre hacia arriba.
En lo que quizás no repara el oficialismo legislativo, al igual que Lunghi en la situación habitacional, es que las consecuencias del incremento no se acotan a los siempre movilizados estudiantes, sino que afectan a la mujer o al hombre que viene desde Villa Aguirre a trabajar al centro de la ciudad, todos los días.
Quienes tienen responsabilidades ejecutivas y legislativas deberán mirar más allá de minorías congregadas, dejar las siempre fascinadoras encuestas en el cajón por un rato, y reparar en esas mayorías, siempre silenciosas.
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