?Me encantaría probarme?
-A ver, Juancarlitos, el diminutivo lo dice todo: ¿Le pesa mucho la figura paterna?
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-Sí, me pesó. Me pesó mucho, muchísimo. Pero uno construye su identidad sobre la base de lo que es, y yo siempre he llevado con más orgullo que carga el diminutivo Juancarlitos. La figura paterna no me inhibió, al contrario, me ayudó.
-Usted es otro que está retirado de la política activa, ¿no?
-Retiro efectivo.
-Bien, Juancarlitos, se lo digo con ternura: ¿No le hubiese gustado apostar un poco más?
-Sí… Pero las cosas se dieron de determinada manera. Yo nunca fui candidato, entonces, por ejemplo, no se puede saber si tengo votos o no.
-Esa faceta a lo mejor refleja una cierta astucia suya. La del que sin correr riesgos, llega igual.
-No, no, no. Jamás fui candidato, pero no por propia voluntad sino porque para las elecciones del ‘95 yo fui precandidato a diputado nacional en la lista que postulaba a Federico Storani como presidente, me desplazaron y luego, tras perder la interna, no fui candidato. Después fui candidato a senador provincial en 2001, ganamos la interna y cuando se hizo la integración con el Frepaso, me sacaron y por cuestión de cupo quedó como senadora Diana Zeballos. Esas dos experiencias me revelaron algo muy grave para mí.
-¿Qué?
-Que el radicalismo no respetaba las reglas de juego internas. Ese es el motivo por el que nunca fui candidato, aunque en el orden local sí, fui presidente del Comité UCR en tres oportunidades: en el ’83 me fue muy bien; en el ’93 me fue muy mal y en 2001me fue peor.
-Con todo eso: ¿se sigue sintiendo tan radical?
-Sí, por supuesto. Radical de cuna y de tumba, como diría Lunghi.
-Pero cuando las papas quemaban le tocó ser parte de gobiernos peronistas.
-Así es. Tengo un muy buen recuerdo tanto del gobierno de Duhalde como del de Kirchner. En realidad me convocaron por mi actuación universitaria, no tanto por mi carácter de radical sino porque yo tenía fuerte apoyo de los rectores.
-¿No es momento de confesar que se sintió mejor tratado por los peronistas que por los de su propio partido?
-(Risas) Sí, algo de eso hay. Y no fui funcionario del gobierno de De
-Y llamativamente, o no, usted dirá, nunca fue ni siquiera del entorno de Lunghi.
-Porque no se dieron las cosas, no he aspirado a eso tampoco, pero tengo un apoyo incondicional a Miguel.
-¿Son amigos?
-No hay una amistad social, no lo veo todos los días, pero Miguel sabe dónde estoy. Ahora, es evidente que ha hecho las cosas muy bien y las seguirá haciendo, y además Lunghi cuando ganó convocó a lo mejor del radicalismo y después le dio la oportunidad a un grupo de jóvenes. Esa es una de las claves del éxito de su gobierno.
-¿Usted también es de los que cree que hay Lunghi para rato?
-Estas elecciones que vienen las va a ganar sin jugar. Y en las próximas habrá que ver cuál es el escenario y discutir en ese momento.
-¿No se aburre de estar en otro espacio diferente a la política?
-(Largo silencio) Aburrirme… no me aburro; de todas maneras después de que dejé el gobierno de Kirchner, en diciembre de 2005, no encontré un espacio como para volver a la política. Y eso seguramente es responsabilidad mía. No le echo la culpa a nadie, pero hoy existe una gran distancia entre los políticos y la gente.
-¿Qué piensa que ve la gente?
-Que a través de la política le puede ir bien al dirigente. O sea, no hay una idea de que la política es sacrificio, cambiarle la vida a la gente, sino una asociación entre política y dinero. La política está asociada al beneficio personal. Y los últimos hechos que se conocen están demostrando que esto es así, que si te metés en política ‘te va bien’. Para mí esa asociación entre política y dinero es nefasta y exactamente contraria a lo más importante de mi formación, por eso me produce un enorme rechazo. Y me alegra que estas cosas ahora tengan una importancia central en la opinión pública.
¿Y cómo le va en las calles tandilenses? ¿Lo saludan?
-Bien, no encuentro ningún rechazo. Tandil está por encima de todo en mi vida. Es mi lugar en el mundo, y me siento muy bien paseando y saludando a mucha gente. El que me conoce me saluda, por más que no tengamos trato.
-¿No le gustaría comprobar si tiene votos o no?
-Sí, me encantaría. Pero no he encontrado el momento. Además la política se tiene que hacer de cara a la gente y hoy las estructuras partidarias no están en función de eso sino en función de un ‘pajarito llamador’ al cual en determinado momento se le sigue. La verdad es que me encantaría probarme, tal vez no lo hice por defectos propios.
-¿Me permite? Usted no derrocha simpatía.
-Es muy probable. Mi esposa siempre me dice que estoy muy serio. Me acuerdo que cuando era secretario de Políticas Universitarias, con Filmus como ministro de Educación (que es también muy serio), teníamos un fotógrafo del ministerio que cuando nos tenía que sacar una foto juntos nos decía “a ver esas caras de or…”.
Es verdad, tengo aspecto de muy serio. Y me pasa y no me doy cuenta y cuando me lo dicen lo acepto, pero me cuesta mucho cambiar. Me ha sucedido en el trato con gente: siento que me ponen distancia, lo noto, y después reflexiono y me doy cuenta que la distancia la pongo yo.
Es algo que me va a resultar muy difícil de cambiar.
-Pugliese, ¡usted pudo ser parte de dos gobiernos peronistas irreconciliables entre ellos y no va a poder cambiar y ser más simpático!
-Es que no creo en la risa fácil. No puedo. Lo mismo me sucede cuando veo funcionarios que entregan cosas desde el Estado como si fueran propias, es más fuerte que yo, ¡No lo puedo creer! Yo esas cosas no las podría hacer.
Una cuestión de genes
Cuando dejó su último cargo en la función pública, en 2005, Juan Carlos Pugliese retornó a lo suyo: la organización universitaria. Y así arrancó con consultorías educativas para el desarrollo de proyectos. Uno de esos, justamente, terminó nada menos que con la puesta en marcha de la universidad en el club del que siempre fue fanático: River Plate. Pugliese es el rector de
Y al mismo tiempo se desempeña como profesor de posgrado en distintas universidades “siempre teniendo la organización universitaria como objeto de estudio”, aclara.
¿Y la política nunca más? No tanto. Militante durante muchos años junto a Margarita Stolbizer en
“No estoy en la militancia diaria, pero siempre me convoca por temas educativos y universitarios”.
Ficha personal
Juan Carlos Pugliese
-Casado, dos hijos: Julián y Soledad.
-Edad: 64
-Profesión: Abogado.
-Cargos: entre los más importantes le tocó ser rector normalizador de
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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