Media docena de testigos declararon ante el juez
Martínez era chofer de un auto que prestaba servicios para la agencia de remís Rodríguez y quien conducía el auto en su contraturno planteó que el vehículo ?no estaría en condiciones de trabajar? y marcó deficiencias generales, reparando luego en el sistema de frenos y de luces, además de fallas en el motor.
Añadió que la semana anterior al accidente le habían cambiado cubiertas, pero que el mantenimiento general del auto no era el óptimo.
Consultado acerca de la forma de manejo del acusado, dijo que era buen conductor.
El oficial a cargo de la instrucción inicial de la causa destacó la importante acumulación de agua sobre la cinta asfáltica, por el sector en el cual transitaba Faderico.
Luego se escuchó a uno de los dos peritos convocados, quien planteó las conclusiones de su estudio técnico accidentológico realizado en el lugar del accidente y un posterior informe sobre el biciclo.
Mencionó como causa determinante del suceso a una ?maniobra efectuada por el ciclista para evitar el charco de agua que se localizaba sobre la ruta? y analizó el factor ambiental que tuvo su incidencia en el desarrollo del accidente.
El profesional agregó que consideraba que la responsabilidad ?recae en la acción de la víctima?, aunque ante las consultas aclaró que sus conclusiones eran ?absolutamente accidentológicas y no jurídicas?.
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a ciegas
El perito explicó que ?no existe la instantaneidad cuando hay móviles en movimiento, ya que recorren espacio en unidades de tiempo?.
Ejemplificó que un vehículo que transita a 80 kilómetros por hora recorre 22 metros por segundo. ?Todos manejamos a ciegas, porque entre que se ve un obstáculo, se toma una decisión y se acciona, transcurre un tiempo en el que se recorre un espacio. No se puede instantáneamente volver atrás la acción?, sostuvo.
Al referirse al caso en estudio, el técnico dijo que ?al no haber instantaneidad real, para cuando el ciclista se corre ante un bache con agua y el conductor del auto tomó la decisión, no puede detener la acción instantáneamente y maneja a ciegas entre 20 y 40 metros?.
En base a su experiencia de 37 años, afirmó que los tiempos ?son ínfimos?. El perito definió al accidente como un ?choque por alcance? y dijo que mientras una bicicleta o un ciclomotor tienen posibilidades cuasi-instantáneas de cambiar de posición, el auto no.
Al considerar la velocidad del auto, apeló a tablas y la calculó ?entre 80 y 100 kilómetros horarios en el momento del accidente. Para mí 80 como techo?, sostuvo.
El perito de Azul descartó un segundo informe que señalaba que el auto hubiera transitado a cerca de 120 kilómetros, ya que ?los daños hubieran sido totalmente mayores. La velocidad fabrica una energía. Hay distintos tipos de energía. Un móvil genera una energía cuadrática. No es el doble la de 100 que a 50, es cuatro veces más, y los daños y lesiones también. Pero éste no es accidente de velocidad sino por interposición?.
Declaró un
testigo directo
Uno de los testimonios más interesantes de la jornada fue el brindado por un testigo que observó toda la maniobra que terminó con la vida de Marcelo Federico y la posterior conducta del automovilista.
Se trata de un hombre que dijo que cerca de las 8.30, ingresaba a la ciudad cuando ?vio al ciclista y al Duna atrás?, por lo que aminoró la velocidad porque el sector acumulaba gran cantidad de agua sobre la cinta asfáltica.
Explicó que venía a unos 80 kilómetros y disminuyó ?para dar posibilidad de que hagan la maniobra. Había un charco de cada lado de la cinta asfáltica, que vi desde que bajé de la ruta, a unos 500 metros?.
Añadió que había ?una hondonada en la ruta? y no recordó haber visto más charcos.
Especificó que ?el ciclista venía por el lado de la banquina, a unos 30 centímetros del borde. Estaba llegando al charco y vi el Duna atrás, a unos 100 metros del ciclista. Aminoré velocidad para dar posibilidad a la maniobra del auto?.
?Elegí ceder por instinto. Se abrió el ciclista unos 50 centímetros al comienzo de los charcos y fue cuando el Duna lo agarró de atrás, casi al principio del charco?, relató y añadió que a esta altura ?estaría a 150 metros?.
Estimó que el automovilista ?no lo ha visto? al ciclista y calculó la velocidad del Duna en 100 kilómetros por hora.
Tras el accidente, el testigo estacionó y fue hacia el ciclista, frente a la planta de silos, según dijo.
Sostuvo que ?el Duna llegó marcha atrás y se posicionó al lado del cuerpo. Retrocedió desde los carteles de la Ruta, a unos 30/40 metros de donde quedó el cuerpo?.
El conductor del rodado ajeno al hecho dijo que el auto que llevó por delante a Federico ?no disminuyó la velocidad?, mientras que él desaceleró.
Otro perito
El perito en accidentología que trabajó en el lugar del accidente mencionó la existencia de ?huellas de bloqueo de siete metros de longitud? y pasó a dar detalles acerca de las consecuencias de los choques entre vehículos y peatones o ciclistas.
Dijo que cuando tras un impacto un vehículo no se detiene, se eleva la persona y se contribuye a que la víctima siga golpeando con el techo.
En tanto, ?cuando se produce la desaceleración por frenado, el cuerpo sale despedido hacia adelante, cae y se produce la zona de barrido?, circunstancias que observó en el lugar.
Su trabajo, en tanto, determinó una velocidad de entre 100 a 120 kilómetros por hora para el auto, considerando tablas que toman en cuenta los daños en casos de atropellos.
Posteriormente fue ampliamente consultado por las partes.*
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