Mediante una carta abierta, el Consejo Pastoral de Tandil llamó a la conciencia social ante los hechos de violencia
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEntre los párrafos plantean una reflexión personal y social, un llamado a la conciencia y cuestionan en qué momento se llegó al punto en que los episodios de violencia se comenzaron “a aceptar como algo natural”.
Proponen “volver a los valores fundamentales”, en los que -en primer lugar- sitúan al “amor”. Llaman a tomar responsabilidades, cartas en el asunto, cada uno desde el lugar que ocupa en la sociedad, y hacer algo para cambiar la realidad que aqueja a todos los tandilenses.
“Ha llegado el momento de elegir no sólo qué ciudad les vamos a dejar a nuestros hijos y nietos, sino qué hijos y nietos le vamos a dejar a esta ciudad”, reflexionan.
En primer lugar, José García explicó que “la idea de hacer una carta abierta es que, como pastores de la ciudad, no podemos estar ausentes de los acontecimientos que están pasando, pero no de los presentes, en realidad de lo que está pasando desde hace ya bastante tiempo. La expresión me parece de una patología emergente que no estaba en Tandil y que por una cuestión de contagio es como una epidemia que se establece en la sociedad, donde estas cosas pasan a ser como naturales y normales”.
García apeló entonces al llamado de conciencia de cada uno y rectificó el hecho de echar la culpa al resto o a uno mismo por lo sucedido. “Tratamos de rectificar eso desde el punto de vista de la conciencia, echar la culpa es lo natural, ante el dolor y la muerte todo el mundo se echa la culpa de algo: `tendría que haber estado´; `¿por qué no fui?; ¿por qué no lo llevé al sanatorio?´; `llegué tarde´; `nunca lo tendría que haber dejado solo´; el asunto es hacerse cargo de las cosas para que eso no pase y no nos estamos haciendo cargo o por lo menos no en la intensidad y capacidad que esto amerita”.
El pastor propuso “volver a los valores”, porque señaló que “siempre hubo gente que se alcoholizó, que se peleó, siempre hubo un vecino indeseable, pero de ahí a la muerte o la invalidez, lo que sea, entonces… En un párrafo de la carta decimos que `cuando hay que decir no, hay que decir no y sostenerlo´, pero si no tenés los valores previos para justificar el no, tampoco lo podés decir”.
La carta
“¿Está bien aceptar que la violencia y su socia la muerte se apoderen de nuestra ciudad sin que nos preguntemos al menos, por qué? Y si nos preguntamos porqué, ¿Seríamos capaces de argumentarlo con honestidad y sin prejuicios?”, comienza la carta abierta dada a conocer por el Consejo Pastoral de Tandil.
En otro párrafo, señalan que la violencia y la muerte siempre “fueron de la mano” que es “parte de la condición humana, de su instinto animal, o quizá de su esencia pecaminosa”, pero que sin embargo “ninguno de estos argumentos tiene el peso necesario para que una vida se nos escape traumáticamente”.
Entonces, se cuestionan: “¿Por qué Tandil se está tiñendo de luto en estos últimos tiempos? Permítanos algunas justificaciones al paso: `El mundo está cambiando y nosotros con él´; `es parte de las características de la aldea global´; `es culpa del Gobierno´; `es culpa de la policía´; `es culpa de la Justicia´; `no se aplican las leyes como corresponde´; `falta de control´; etc.”.
Exponen luego que la situación social cambió, que “los habitantes de esta ciudad, los nacidos aquí y los que optaron por ella, no hemos visto escenas de violencia y muerte en los últimos sesenta años como ahora. Un episodio policial era un caso que ocupaba la sorpresa del ciudadano por mucho tiempo. No era lo normal. No era lo habitual. No estábamos acostumbrados”.
Los valores
“Todavía es un valor amar al prójimo como a nosotros mismos”, señalan en otro de los párrafos, y como una realidad adversa y distinta, enumeran -en otro punto- que “el robo, el matrato, la corrupción, la falsedad, la mentira en todas sus acepciones, la descalificación, el pleito, el alcohol, las drogas, el agravio, el fastidio, la desconsideración, la pobreza, la desidia, lo ilegal, la usura, la soberbia, la inmoralidad, las rivalidades, los sectarismos, y otras miserias parecidas se adueñaron de los corazones y luego de las calles de esta ciudad”.
Apuntan entonces al trabajo en conjunto porque recuerdan que “la responsabilidad sigue siendo un valor aplicable a todos. La muerte de alguien por irresponsabilidad nos afecta a todos”.
El momento
Casi al cierre, manifiestan que “no debemos ver más jóvenes llorando a sus amigos en la puerta de los hospitales o de los velorios en sincera solidaridad y acompañamiento. Ellos están en la edad de reír juntos por logros alcanzados y amores logrados. No deberíamos ver familiares reclamando en comisarías, tribunales o en distintas dependencias las muertes absurdas de sus amores y vecinos. Deberíamos verlos construyendo sueños a futuro en ayuda mutua”.
“Ha llegado el momento de elegir, no sólo qué ciudad les vamos a dejar a nuestros hijos y nietos, sino qué hijos y nietos le vamos a dejar a esta ciudad. Dios nos ha dado una de las ciudades más hermosas y completas del país, y nos la dio para que la administremos sabiamente, cada uno en el lugar que le tocó”, reflexionan.
En definitiva, -concluyen- “debemos adulta y responsablemente elegir entre una ciudad que avanza hacia la vida y la disfruta o dejarla caer en las garras intolerantes e irrespetuosas de la muerte.
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