Menor ratificó la denuncia sobre su secuestro, aunque la policía descree de la versión
Funcionarios policiales indicaron que no descartaban ninguna hipótesis y que seguían buscando a una Renault Trafic color blanco, con vidrios polarizados, en la que estaría cautiva una segunda mujer.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSin embargo, los uniformados consideran que hay ciertas cuestiones que llevaban a un descreimiento. Mencionaron que la misma joven denunció un caso similar hace dos años, la cual habría quedado desvirtuada por sus inconsistencias. En esta ocasión no habría surgido ningún testigo que avalara alguna de las manifestaciones de la menor.
El apoyo familiar
Al respaldar los dichos de su hija, Angela Esther Acosta, madre de una de las chicas secuestradas, señaló inicialmente: “Quiero que la gente quede avisada que anda una Trafic blanca, con vidrios polarizados, con otra chica secuestrada arriba desde hace tiempo”.
Añadió que “gracias a Dios mi hija salió libre, pero a la otra chica le hicieron de todo delante de mi hija. Ella está muy asustada y no quiero que vuelva a pasar esto con otra adolescente”.
La mujer señaló que “tengo una hija más chica y no estamos libres de que pase algo. Estamos en un Tandil que lamentablemente no es soñado, como dice el intendente Lunghi”.
“Mi hija no es una mentirosa”
Por otra parte, confirmó que la adolescente ya había sufrido un caso similar el 18 de agosto de 2011, día en que “la agarró una camioneta, la secuestraron y lamentablemente nadie dijo nada. Terminó internada y golpeada. Le sacaron placas y tuvimos que estar en manos de psicólogos. Recién ahora había tomado confianza para salir adelante y le vuelve a pasar lo mismo”, se lamentó.
La mujer se mostró indignada ante los cuestionamientos a la denuncia surgidos en ámbito policial y expresó: “Que la policía se quede muy segura que mi hija no mintió. Gracias a Dios ella es muy buena hija y la tengo bien cuidada. Lamentablemente, la policía quiere esconder esto por algo. Mi hija no es una mentirosa”.
Es que en fuentes policiales había trascendido que se había comprobado la falsedad de lo ocurrido en el año 2011. “Que vayan al Hospital de Niños y vean quien estaba en ese momento. Es más, el comisario (Walter) Gil habló con mi marido, Miguel Oscar Gómez, pero quedó todo en la nada. Si creen que son mentiras, que vayan al Hospital de Niños y que hablen con la doctora Miriam Algañaraz, que vean los informes”, espetó.
Angela Esther Acosta se quejó porque “no puede volver a pasar esto en Tandil. Tengo otras hijas de 11 y 13 años, además de una nieta adolescente a las que les puede pasar cualquier cosa. No quiero que quede todo en la nada: quiero justicia”, exclamó.
Bronca de hermana
Sin medias tintas, Belén -hermana de la menor en cuestión- planteó que “me da mucha bronca porque la primera vez mi hermana cayó internada, estuvo en el hospital, la golpearon y nadie hizo nada. Ahora otra vez vuelve a pasar lo mismo y cortan como que nada hubiese pasado”.
Planteó que “Tandil ya no es lo que era antes. Esto antes no pasaba y la policía no puede tapar todo esto. Hoy le pasó a mi hermana y mañana le puede pasar a cualquiera”.
Belén dijo que tiene una hija “que va a cumplir 14 años y no puedo estar con el corazón en la boca, sin dejarla ir al almacén de la esquina por el riesgo de que le pase algo”.
Sobre el descreimiento policial se preguntó: “Qué hubiera pasado si mi hermana hubiese aparecido tirada en una zanja. Les pido que se pongan en mi lugar, en el lugar de mis viejos. ¿Qué harían si despareciera alguna hija de ellos y dijeran que es mentira?”.
La denuncia, en primera persona
Magalí, la adolescente que dijo haber sido privada de su libertad, ratificó sus dichos ante El Eco de Tandil y señaló que fue interceptada por dos adultos.
Se quejó porque la policía la trató “bien, pero como si fuera mentira todo esto”.
Durante su cautiverio, otra menor que estaba en el vehículo fue obligada a tener sexo, en tanto que ambas fueron manoseadas.
Comenzó su relato señalando que había salido de su vivienda (en el barrio Procasa II, lindero al barrio UOM) hacia una plaza cercana en la que se iba a encontrar con una amiga.
“Estaba de espaldas cuando sentí que frenó la camioneta atrás mío. Se bajaron dos tipos que me subieron a la camioneta. Allí vi a la otra chica, que estaba arriba”, dijo la adolescente.
Relató que durante el lapso en el que estuvo en manos de sus captores “me llevaron a un lugar donde nos tuvieron un rato arriba de la camioneta, después nos bajaron y nos empezaron a manosear. A la otra chica le hicieron de todo delante de mí. Uno tuvo relaciones con esa chica, a la que desnudó. Después nos subieron a la camioneta y nos tuvieron un rato, tras lo cual nos bajaron”, añadió.
Si bien luego dejaron en libertad a ambas “volvió la camioneta y se llevó a la otra chica. Cuando llamé a mi casa les dije que no sabía donde estaba y avisaron a la policía para que me ubicaran. Al rato llegaron los móviles y me encontraron. Después me llevaron a la comisaría Cuarta”.
Magalí aclaró que “cuando me subieron a la camioneta me sacaron el celular, pero después me lo tiraron junto a los cigarros”.
La menor indicó que los hombres “me dijeron que me levantaban porque me había mandado una y la tenía que pagar, que estaba pagando por lo que había hecho. Pero yo no me mandé ninguna”.
Agregó que “cuando me largaron dijeron que donde me encontraran de nuevo me iban a matar. Quedé muy asustada y me quedó grabada la cara de ellos”.
Sobre los captores, dijo que “eran dos hombres, uno de entre 50 y 60 años, y el otro de cerca de 40. Andaban con herramientas arriba de la camioneta”.
El misterio de Tatiana
Consultada la menor sobre la otra joven que supuestamente estaba cautiva en la Trafic color blanco, Magalí señaló que “me dijo que se llamaba Tatiana y hacía meses que la tenían con ellos. Me contó que la madre había fallecido, que el padre estaba enfermo y que tenía un par de hermanos”.
Acotó que “no le pregunté de dónde era ni nada” y que “tenía varios golpes y el rostro desfigurado. Tenía la ropa y las zapatillas rotas”.
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