Mente brillante
“Si bien mis primeros pasos los di en una casita allá sobre la calle 14 de julio, los recuerdos de mi infancia recorren una casa de esquina en la calle 11 de septiembre, cargados de juegos, escondidas, y manchas con mis hermanas y amigas, fue una infancia increíble cargada de casitas de muñecas, inocencias, fantasías y disfraces improvisados”, comenzó diciendo Vicky y prosiguió: “Soy hija de María Asunción Tentori y Eduardo Deguer, y la mayor de tres hermanas: María Noelia (con la que me llevo 1 año y medio) y ´la pequeña´ María Laura, desde chicas siempre estábamos las tres juntitas de un lado a otro.
Mis primeros años transcurrieron en el Jardín Bambi, en casa y en la de mis abuelos con dibujos pintados con crayones, inventos con plantas y artesanías con cajitas de cartón que eran mi debilidad. Pasando unos años, en el verano era infaltable la colonia, primero El Remanso después Unquintas y también los juegos con bombuchas en el barrio en los días de carnaval. Un clásico eran los viernes con las ´hermanitas Rivas´ en la casa de su abuela, con las que improvisábamos casitas con telas viejas y pasábamos horas inventando mil y una historias, recuerdo que a la hora de la leche no podía faltar el programa ´Chiquititas´ y en el invierno, al colegio.
Mi primaria y secundaria transcurrió en el Colegio Sagrada Familia, allí comienza otra etapa cargada de recuerdos y momentos muy lindos. Ingresé en 1992, con el guardapolvo rosa que usábamos antes y siempre la primera de la fila con mi mochila grandota cargada de útiles y expectativas, y claro, cuando el colegio era sólo de mujeres.
Allí me formé, aprendí, me hice de nuevas compañeras y conocí profesoras a las que siempre recuerdo. Ya con el clásico jumper azul, transcurrieron mis primeros años de adolescencia. Las juntadas a jugar de antes, comenzaron a transformarse de a poquito en las primeras salidas a los cumpleaños de 15 y planes con amigas del colegio. Llegó el momento de elegir la orientación de polimodal en el colegio: entré en Humanidades y Ciencias Sociales, porque siempre me interesó la historia y la literatura. De ese polimodal tengo recuerdos increíbles y divertidos: como la agrupación: Alefias 2003, los asados, la farándula, las anécdotas llenas de risas en el colegio y de ahí me llevo a mis dos amigas de la vida: Ingrid y Agustina”.
-¿Qué pasó cuando llegó el momento de decidir una carrera universitaria?
-Fue un momento lleno de incertidumbres y expectativas como le debe pasar casi a todos los adolescentes. Tenía clara la orientación que me interesaba, pero no la carrera. Sin embargo, la parte artística y creativa siempre fue lo que más me completó, pero la decisión y el cambio sería grande. Así que decidí estudiar Arquitectura en la Universidad Nacional de Mar Del Plata. Mi papá, profesional del oficio, emocionado por mi elección no dudó en apoyarme, y yo con mis 17 años me fui a vivir a Mar Del Plata sin sospechar que estaba comenzando a recorrer el camino de una carrera que me completaría en todos los aspectos: en lo social y en lo artístico.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailVIDA DE ESTUDIANTE
-¿Cómo fue para una adolescente vivir fuera de casa?
Mi primer año de estudiante lo viví con Agustina, una de mis amigas del corazón y del colegio, que había decidido estudiar Psicología. Era un desafío la independencia: de la nada aprender a manejarte solita en una ciudad desconocida, el aprender a organizarte, los horarios de la facu, el clásico “qué comemos”, la convivencia con la otra persona, el aprender a manejar el “querer y el deber”, acostumbrarte a estar lejos de la familia y a conocerse a uno mismo realmente, redescubrirse: reconocer que te gusta, cuáles de las cosas simples y cotidianas son las que más disfrutas, que elegís y que no, aprender a disfrutar los momentos solitarios y a cuidarse por amor a uno mismo.
Y fue así que de a poquito fueron haciéndose comunes las callecitas de Mar del Plata, haciéndose costumbre las tardes en el taller, de mates y entregas con los compañeros de la facu, las noches sin dormir dibujando y haciendo maquetas para llegar a las entregas, haciéndose habitual los divertidos estados de somnolencia compartidos llegando a escuchar hasta dos veces el himno nacional de media noche y aprenderse la programación de la radio de memoria. Las juntadas previas y las salidas con las amigas de la facultad.
-¿Extrañaba mucho?
-Lo que sucede es que cuando se está relativamente lejos se aprende a valorar todo lo que uno tiene, la familia, los amigos, las cosas simples que te hacen bien y que si darte cuenta, el día a día y la costumbre hacen que pasen desapercibidas pero son las que más valen como el almorzar o cenar en familia, el beso antes de irte a dormir, el olorcito a mate cuando recién te levantas, los días de domingo en familia, la heladera llena, el esfuerzo del que se levanta todas las mañanas a trabajar hasta del ama de casa haciendo las cosas, simplemente todo.
-¿Logró integrarse a otros grupos?
-Una primera reacción fue agruparme con chicos y chicas que estaban en la misma situación: Son de afuera, que viven solos, y que estudian lo mismo, es un instinto natural creo, ya que por lo general los chicos que estudian con uno y son locales, como no han salido de su círculo de familia-amigos les cuesta más abrirse en una primera instancia, pero luego una vez que te conocen son parte de vos también. De esta manera, el construir también una vida allá con nuevas costumbres, te hace valorar tu espacio, cuidar tu lugar y saber que tenés también una vida social que te contiene y te es familiar.
Y el habituarse con tu otro lugar, te hace querer todo lo que implica, como así también a tu Facultad. Recuerdo una vez en una teórica que un profesor enojado porque había un murmullo de fondo nos dijo que teníamos la libertad de ir o de no ir a la facultad, que la responsabilidad era nuestra, y que el escuchar era gratuito también. Entonces ahí tomé conciencia de que nos estaban enseñando “sin nada a cambio”, y que estaría bueno devolverle a la facultad tantas herramientas que me habría brindado año tras año. Fue así que cuando me ofrecieron concursar para ser alumna ayudante de la cátedra de Diseño Arquitectónico, no lo dude, además de ser una manera de brindar y mantenerme en ejercicio constante.
LA BECA DE INTERCAMBIO
-¿En algún momento había pensado hacer una experiencia de intercambio?
-Sí, siempre, pero sin saber realmente lo que significaría eso, primero a nivel personal y emocional, y luego a nivel intelectual. Era algo que me parecía lejano, porque al menos en mi facultad, no se publicaban becas de grado sino de postgrado. Fue así que un día de mayo del 2010 subiendo las escaleras de la facultad vi de pronto un cartel no muy grande que decía “intercambio de estudiantes de arquitectura”. Mediante un programa de intercambio llamado Marca -que corresponde a un acuerdo regional entre los países del Mercosur-, se solicitaban alumnos de 5to y 6to año de la carrera con más del ochenta por ciento de materias aprobadas y dispuestos a realizar una experiencia de intercambio ofreciendo cuatro plazas a Brasil, una a Bolivia y una a Paraguay. Sin dudarlo averigüé, me inscribí para ir a Brasil y dejé mi curriculum con una carta de solicitud explicando las razones de mi interés. Al poco tiempo me llamaron que había quedado. Fue increíble la emoción, la incertidumbre y los nervios… debía hacer primero todo tipo de trámites para el acuerdo entre facultades y entre países: la visa, el pasaporte y formularios burocráticos.
-Implicaba otro país y otro idioma.
-Todo un desafío que me encantaba. Mi destino fue la Universidad Federal de Rio Grande do Sul en Porto Alegre, estado de Rio Grande do Sul, ubicado al sur de Brasil, durante seis meses en el segundo semestre del 2010. Fue así que realicé unas básicas clases de portugués y me largué junto a otro compañero de arquitectura, Alejandro Sibert, a esta experiencia sin saber lo que me esperaría. Fue brillante el apoyo de la Secretaría Académica de la Universidad, dado que también para ellos era una nueva experiencia en intercambios de grado.
-¿En qué consistió la beca de Marca?
-Además del acuerdo de acreditación de materias entre facultades, en un apoyo económico para el alojamiento, gastos de manutención, pasajes ida y vuelta y seguro médico.
LA VIDA EN PORTO ALEGRE
“Llegamos a Porto Alegre el 29 de julio de 2010, en un viaje corto en avión, de modo que en una hora ya estábamos en la ciudad. Llegué físicamente, pero yo ´llegaría unos días después´. A primera vista me encontré con una gran ciudad, con viaductos, industrias y edificios antiguos. Recuerdo que el día estaba soleado, nos fue a buscar un auto de la Universidad Federal de RS y nos llevaron a un edificio en donde la institución alojaba a los estudiantes de intercambio. Allí conocimos al marplatense Rodrigo Tapia que estaba terminando su intercambio del semestre anterior y fue nuestra guía los primeros días. Con Alejandro fuimos los primeros extranjeros en llegar del segundo semestre. De a poquito fue agregándose la primera tanda de argentinos de distintas partes del país y de distintas carreras, y nos fuimos agrupando entre todos. En un mismo edificio y en departamento contiguos vivíamos ocho argentinos, yo junto a mi compañero de viaje, a Lucía Brown (Biotecnología-Tucumán) y a Dalila Claudiani (Arquitectura-Chaco); y en el otro departamento, chicos de Santa Fe, Entre Rios y más lejos los chicos de Córdoba. La división era solamente física, y por comodidad, porque como dije antes cuando uno se va a otro lugar por lo general se familiariza instintivamente con la gente como uno”.
-Todos los argentinos juntos, típico, siempre agrupándose cuando están en el exterior.
-¿Sabe cómo nos llamábamos?: “El guetto argentino de Domus”, que era el nombre del edificio residencial donde nos alojábamos. Todos veníamos de experiencias de vida diferentes, de distintas carreras, distintas maneras de vivir el día a día… pero todos teníamos algo común, como usted refiere, ser argentinos y tener las mismas tradiciones que nos caracterizan y nos unen tanto, y claro, el desafío del intercambio cultural. Fue así que el Departamento de Relaciones Internacionales organizó una recibida a los intercambistas y conocimos al resto de extranjeros. Mexicanos, españoles, alemanes, franceses, portugueses, italianos, suecos, japoneses, angolanos, monzanbiqueños, entre muchos otros, eran también protagonistas del intercambio del segundo semestre del año. De ahí en más en las reuniones y en las fiestas con los extranjeros comenzó a hacerse habitual escuchar hablar en portugués, mezclado con inglés y francés, a intercambiar música, costumbres, marcar similitudes y diferencias entre países; era tangible la sensación del intercambio, y de a poco se fueron incorporando algunos brasileros compañeros de la facultad.
UNIVERSIDAD PUBLICA
-¿Qué nos puede comentar de la vida universitaria en aulas brasileras?
-Allá la Universidad Pública tiene una gran infraestructura en general y a diferencia de nuestras universidades, son pocos los jóvenes que estudian, siendo un porcentaje más selecto el que llega a una carrera universitaria, en cambio, el intercambio entre países ya es cuenta corriente desde hace algunos años. La Universidad Federal de Rio Grande do Sul es la tercera más importante de Brasil, y cuenta con varias sedes de conjuntos de edificios universitarios distribuidos por la ciudad. Cada una de ellas, cuenta con un comedor universitario al que acceden los estudiantes pagando sólo 1,30 Reales (hoy $3,40), amplias bibliotecas públicas con acceso libre a internet y residencias de veraneo en la costa para los estudiantes. Cada uno accede con tarjeta de identificación de la Universidad, habiendo estudiantes de grado, postgrado y maestrado.
-¿Cómo era el día a día? ¿Costó hacerse a las nuevas costumbres?
-Vivíamos a sólo dos cuadras de la sede central de la universidad, lo que nos facilitaba el uso diario del comedor universitario. Sí, costó un poquito acostumbrarnos a los horarios de almuerzo (11-13) y de cena (17-19), y a la dieta alimentaria brasilera a base de arroz y feijoada, legumbres, pocas carnes y frutas variadas, pero sólo fue el primer tiempo, después el comedor de residentes universitarios resultó ser un lugar de encuentro y de disfrute social. El resto del día cursábamos, y en el tiempo libre aprovechábamos a reunirnos y recorrer la ciudad. Los fines de semana, eran habituales las salidas a bares y boliches brasileros, donde la samba-rock y el pagode, eran clásicos de los lugares más tradicionales de la noche portoalegrense.
Los domingos nos eran especiales a los argentinos, quienes fieles a la tradición argentina, cocinábamos si o sí comidas bien nuestras como milanesas con ensalada de papa, ñoquis, tallarines, carnes y pollos al horno con papas, tratando de superar esa distancia que nos alejaba de nuestra querida argentina. La manera de comunicarnos con nuestros familiares era mediante skype o el famoso facebook, como una manera de contarles y mostrarles como era nuestro mundo allá, lejos.
-¿Fueron difíciles los primeros meses?
-Un poco para que lo vamos a negar y una particularidad que tiene Brasil es que no es tan fácil el acceso a internet, que quieras o no a la distancia, es tu cable a tierra. El idioma a pesar de la similitud con el español fue todo un desafío. Las clases eran todas en portugués, los trámites en portugués, los compañeros de la facultad obviamente brasileros, pero una particularidad de Porto Alegre respecto al conocido norte de Brasil es que los habitantes están acostumbrados a la influencia uruguaya, sea de familiares o de inmigrantes, entonces el idioma se hizo más abierto, y de a poco el oído se nos fue acostumbrando hasta convertirse el portugués en una lengua corriente.
-¿Encontró mucha diferencia entre la ciudad capital de Río Grande Do Sul y nuestra Buenos Aires?
-Al contrario, existe una gran similitud, cabe destacar que es una de las sedes del Mercosur, cuyo auge económico lo desarrolló hacia 1960, Porto Alegre es una gran ciudad industrial que posee un puerto que desemboca al Lago Guaíba, una imagen característica de la ciudad. Los habitantes del estado sur de Brasil son llamados Gaúchos, el plato típico es el churrasco -carne asada- y el chimarrao es la infusión natural, algo un poco parecido a nuestro mate argentino. Las tradiciones son muy parecidas: en los días festivos como “La Semana Farroupilhia”, conmemoración de las guerras gaúchas en tiempos de conquista, se realizan fogones con churrascos al aire libre y bailes de gaúchos y mozas; y en los domingos es costumbre el paseo costero de la Usina del Gasómetro al margen del Guaíba. La arquitectura es muy tradicional, evidenciando la coexistencia de varias épocas estilísticas. Los edificios más representativos como el Mercado Central y la Prefectura tienen una gran similitud al lenguaje de los edificios del casco viejo de Buenos Aires.
CONOCIENDO EL PAIS CARIOCA
-Se dice que los brasileros son gente amable y hospitalaria
-Sí, en general son muy cálidos, hospitalarios y tienen una sociedad que conserva mucho sus tradiciones, son muy futboleros: Gremio-Internacional es un clásico del fútbol portoalegrense y aman su samba. Tienen un cariño especial y admiración por los argentinos más allá de la conocida “guerra futbolística”, y en las universidades los profesores nos trataron más que bien.
-¿Dentro de los lugares que conoció, cuál o cuales no olvidará nunca?
-Realizamos varios viajes, al menos una vez al mes, a los alrededores para conocer más sobre Rio Grande yendo a ciudades de cuento como Gramado y Canela con nuestros amigos mexicanos, y a costas gaúchas como Tramandaí y Torres. A principio de noviembre nos agrupamos los argentinos y nos fuimos a Rio de Janeiro y Agras do Rei, y a estos lugares increíbles quisiera volver, fue algo inolvidable.
INTERCAMBIO ACADEMICO
-En el exterior ¿usted optó por las materias que deseaba cursar o fue algo que ya estaba establecido?
-Fue mi elección y decidí cursar materias que me aportaran nuevas herramientas al conocimiento adquirido en mi Facultad de Arquitectura Urbanismo y Diseño de Mar del Plata. De esta manera, cursé materias de Paisajismo y Medio Ambiente, Diseño Sustentable y en Madera, Historia de la Arquitectura de Brasil y Fotografía Aplicada a la Arquitectura. El objetivo de mi viaje siempre fue el de llevar realmente a cabo el intercambio: no sólo con lo que pueda llegar a recibir sino también con lo que yo pueda aportar, para mí siempre se trató de un ida y vuelta, es decir, de una retroalimentación cultural, creo algo de eso tiene el acuerdo. Siempre fui consciente de que estábamos en un lugar privilegiado, que siempre había deseado, y quería aprovecharlo al máximo. Más allá de todo, considero que tenemos que aprender a valorar el excelente nivel de educación de nuestras universidades públicas, que se refleja cuando vas a otro país, más allá de la carrera u orientación.
-¿Encontró similitudes en la enseñanza de la arquitectura?
-Sí, asombrosa. Cursaba con chicos de Argentina, México y los mismos brasileros, y te das cuenta que la manera de ver la arquitectura es muy similar, a pesar de las distancias y de los enfoques constructivos, arquitectónicos o urbanísticos que se le de; y que considerar que el estudiante de arquitectura sea “un bicho raro” que camina, critica lo construido y pasa días y noches sin dormir es mundial, sin dudas.
-Háblenos de su proyecto, el que luego la llevaría a concursar y con el que se llevaría los laureles.
-Durante mi semestre en Porto Alegre, realicé un trabajo individual en la materia de diseño arquitectónico: Projeto Arquitetónico VII, que consistió en el proyecto de una Escuela de Artes, ubicada en un Balneario ubicado a 100 km de Porto Alegre. Desenvolviendo los conceptos de sustentabilidad arquitectónica, construcción en madera y cubierta verde, desarrollé una propuesta diferente de acuerdo a los conceptos arquitectónicos traídos desde mi Facultad de Arquitectura. Fue así que el profesor Julio Cruz, en diciembre pasado me ofreció la posibilidad de concursar con mi proyecto para la presentación a la Prefectura del Balneario Pinhal el siguiente año (2011), junto a la selección de ocho trabajos brasileros. Fue así que en abril de este año volví a Porto Alegre para concursar, debiendo preparar previamente paneles gráficos para el concurso y una exposición en portugués con proyecciones frente al municipio. Estudié para exponer en portugués -no era hasta entonces mi fuerte-, era nuevamente otro desafío. El ejercicio de exponer un trabajo frente a nuestros compañeros se ejercita desde la facultad, pero el idioma no debía ser una barrera. Fue así que realicé mi exposición frente a un jurado de profesionales del oficio y la Secretaria de Planeamiento del Balneario, y después de muchas expectativas, obtuve el Primer premio del concurso, eligiendo el proyecto por su aporte artístico, social, educativo y cultural para la ciudad.
-¿Cuáles fueron sus primeros sentimientos?
-En ese instante se me presentaron millones de imágenes de mis seres queridos, los años en la facultad, los profesores que marcaron mi carrera, los chicos del intercambio, todo. Sin dudas no lo creía, era feliz con haber participado y vuelto a Porto Alegre después de unos meses y con otra mirada, aún no lo creo (dice entre risas)
-¿Em qué está basado fundamentalmente?
-Principalmente en desarrollar una construcción ecológicamente correcta, que cree una consciencia sustentable desde la escuela y aporte a la ciudad un punto de encuentro para la comunidad. La volumetría de la misma genera una plaza de uso en la cubierta, y debajo de ella, las funciones respectivas a una escuela de artes: salas de música, teatro, cine y danza. Se proyecta también el uso de temas sustentables y permaculturales (agricultura), donde se desarrolle la idea de producción de huertas para el consumo, reciclado de residuos, recolección de agua de lluvia, entre otros aspectos. La idea de una conciencia ecológica desde la arquitectura, genera en el individuo un modo de vida diferente, más consciente de los recursos y del cuidado del planeta. Que mejor que comience desde las escuelas…
EL TIEMPO DESPUES DEL INTERCAMBIO
-¿Qué se trajo de esa experiencia de intercambio a nivel personal y profesional?
-Todos los momentos de Porto Alegre, las imágenes del barrio donde vivía, nuestro Domus, los mercaditos, las tardes de mates con los argentinos, las comidas y fiestas mexicanas, las clases en portugués, las caminatas por la ciudad, los viajes, las fiestas de todos los jueves con los brasileros, la de disfraces, los extranjeros, las ocurrencias de los argentinos, las risas, las peleas, los bailes de samba, los mates en el Parque de la Redención, los barcitos, mi familia del departamento 24 y 25, la feijoada, los olores de la ciuda ¡podría contarles tanto!. Son sensaciones muy intensas que uno sólo las entiende cuando las vivió y está lejos, te aferras a lo que te hace feliz y de ahí en adelante todo te es familiar. Fue una experiencia increíble de la que estoy muy agradecida, es un instante irrepetible. También agradezco a mis familiares, mi novio y mis amigos, que siempre estuvieron presentes y me apoyaron incondicionalmente en todas mis decisiones.
Jamás pensaría que estrecharía tanto los lazos a nivel mundial un intercambio. Evidentemente las herramientas que nos aportan hoy en día la comunicación son muy valiosas. Me comunico a diario con mis amigos de la argentina, mis hermanos mexicanos y brasileros, y de vez en cuando con los europeos. Es fuerte el vínculo que crea un intercambio, son profundas las vivencias y profundos los sentimientos. Hoy cada uno continúa con su vida, pero todos tenemos presente siempre lo que vivimos juntos.
-¿Sus proyectos a futuro?
-(Largo suspiro) Hoy con mis 25 años recién cumplidos y canceriana de alma deseo concretar los finales que me quedan pendientes para recibirme y después la vida dirá. Estoy abierta a todo lo que surja y sea de mi interés, conocer otros lugares te abre las expectativas, el saber que si se quiere se puede; sin embargo, siempre con ganas de volver a mi Tandil querido, claro.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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