?Mi madre es una gloria?, conmueve desde el humor
La historia empieza con un hijo visitando a la madre y poniéndola en conocimiento de que está preparando una fiesta para celebrar la llegada de sus ochenta años. Ella no está convencida de la idea y tampoco se muestra contenta de que organice sin consultarla. A partir de ese momento, libra una batalla contra él, defendiendo su autonomía y sus deseos.
Él, que sólo quiere agasajarla y verla feliz en su día, que está gestionando todos los preparativos sin ayuda de su hermana (que se encuentra de viaje con su marido y parece tener poco interés en colaborar), se topa con la resistencia de su madre.
En ese recorrido madre e hijo comparten charlas, recuerdos y discusiones que van dando forma a la obra que está plagada de humor, pero que también hace aflorar una genuina emoción en los espectadores, testigos de una madre que está envejeciendo y de un hijo que debe ocuparse, aunque ella se sienta capaz y quiera demostrar a cada momento que puede valerse por sí misma.
Las sensaciones se mezclan al ver la rebeldía del hijo y de la madre, al escuchar las memorias de la vida compartida, al notar el deseo de lo que ya no se puede, aunque se quiere. Y también brota el afecto, los lazos familiares con toda su gama de “grises”, el rol que ocupan los ancianos, las ausencias y presencias en el hogar.
“Mi madre es una gloria” transcurre entre risas, con el público comentando detalles de las escenas, encontrando coincidencias con sus propios recuerdos e historias y reconociendo el trabajo actoral de los protagonistas.
Marcos Casanova representa al hijo con todos sus matices, con la chispa de humor que siempre lo caracteriza, y Claudia Gayo se apropia del rol de una anciana con acento andaluz y gestos muy bien logrados que consiguen atrapar al público. Durante toda la obra ambos demuestran que son buenos actores, que tienen versatilidad y cautivan la atención y el reconocimiento de la audiencia que, función a función los aplaude de pie.
Para todos los que son hijos, madres, padres, hermanos, ésta es una obra que vale la pena ver porque cuenta una historia mínima con un interesante trasfondo, donde uno puede identificarse.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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