?Mi madre es una gloria? sube a escena este fin de semana
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Cómo marcha la obra desde el estreno?
Marcos Casanova: -“Mi madre es una gloria” tiene la particularidad de ir creciendo a medida que suma funciones. Esto ocurre no sólo por el trabajo actoral que podamos mejorar, sino en la relación de los personajes. Diría que la clave de esta obra reside ahí, mucho más que en la historia que estamos contando. La obra funciona muy bien en todos los sentidos, ya que somos un equipo que viene trabajando junto desde hace muchos años y creemos profundamente en lo que estamos haciendo,
Alejandra Casanova: -Ha ido madurando, sin lugar a dudas. Los personajes crecen y se afirman con cada función. Esto ocurre siempre y es un buen indicio de que el público, con su presencia, carga de energía la labor del actor. Nace el día del estreno y lentamente comienza a caminar.
Claudia Gayo: -Muy bien. Estamos contentísimos porque, si bien cuando estrenamos la obra ya estaba lista para que el público la viera, en cada función que hacemos le vamos encontrando como una vueltita más. La obra crece en cada ensayo y en cada función.
Buenas devoluciones
-¿Cómo ha sido recibida por el público?
Alejandra Casanova: -El público se enamora de la historia y de los personajes. A los pocos minutos de comenzar cada función, eso se siente en el ambiente. Pasa por distintos momentos donde el profundo silencio es interrumpido por la carcajada espontánea. Esto sucede durante todo el espectáculo.
Marcos Casanova: -La verdad que de manera inmejorable, pero no sólo por la sala llena siempre, sino por la respuesta que nos da todo el tiempo. Estábamos acostumbrados a las risas desde “Calzonudo” o ”Putanesca”, pero en este caso se suma un plus: es muy grato observar al público visiblemente emocionado después de cada función
Claudia Gayo: -Muy bien. En principio, vienen a vernos, cosa que agradecemos infinitamente en esta tercera obra que presentamos juntos. Ese ya es un voto de confianza que nos llena de felicidad. Y, además, que se rían, que aplaudan y nos agradezcan, como hacen cada fin de semana, nos da más energía y ganas de seguir haciendo esta obra.
-¿Qué devoluciones les han hecho?
Marcos Casanova: -Nos parece un hecho maravilloso haber generado un espacio en donde familias enteras, sin distinción de edad, se acerquen a buscar una hora de emoción y risa cada sábado y domingo. Esa necesidad de agradecer nos movilizó a esperar a la salida de la sala a todos y cada uno de los espectadores, para que sientan lo importante que son para nosotros. Es ahí donde recibimos las más variadas y sorprendentes devoluciones, y dejando los piropos que nos regalan, te puedo decir que la gente se siente muy identificada, todos se ríen mucho pero, además, llegamos a algún punto en donde les gana la emoción y todo esto es muy gratificante para nosotros.
Claudia Gayo: -La gente nos dice cosas hermosas. Nos agradecen por haberse divertido muchísimo, por haberse emocionado, por verse reflejados en escena, por haberles hecho recordar a sus propias madres o abuelas. La verdad es que el público es sumamente generoso con nosotros. A mí me conmueve hacer esta obra y mucho.
Alejandra Casanova: -En general, las devoluciones son muy reflexivas. Te dicen frases como: “estoy pasando por esto”, “me pasó con mi mama”. En otros casos, nos saludan con mucha emoción.
Los roles
-¿Cómo se han sentido interpretando el papel de madre-hijo?
Marcos Casanova: -Cuento con la ventaja de estar trabajando con una gran actriz, para mí, la mejor. Y eso facilita las cosas. Me siento muy bien y notamos el crecimiento de la relación entre madre hijo. Nos la creemos en escena y eso es fundamental y, de hecho, sentimos y vemos lo que provoca en la gente. En mi caso es difícil y lo tomo como un desafío ya que, con una madre, uno se enoja pero la ama. Se fastidia, pero la entiende, la reta pero frena ahí nomás. El límite es casi invisible y por ahí se navega todo el tiempo.
Claudia Gayo: -Los primeros ensayos no nos resultaron fáciles. Estábamos muy instalados en la relación de matrimonio que tuvimos los últimos tres años en escena, así que modificar eso, fue un desafío. De a poco, y de la mano de Alejandra, pudimos ir metiéndonos en esta relación. Nos llevó tiempo y mucho trabajo. Porque era importante que no apareciera un estereotipo, una maqueta, sino una dupla madre-hijo verdadera.
–¿Qué es lo que más les divierte de la historia?
Alejandra Casanova: -Ver dos generaciones, dos realidades diferentes de un mismo problema. Los tiempos de uno y otro. Los remates de Gloria que son desopilantes. La contención de Segundo, el hijo, que acompaña esta especial relación.
Marcos Casanova: -Contamos una historia muy dinámica y ocurren cosas todo el tiempo con situaciones que, por lo desopilantes, descolocan todo el tiempo a mi personaje de hijo. Me divierten mucho los tiempos de cada uno, ya que una madre a los 80 tiene todo el tiempo del mundo y el hijo se escapa cinco minutos de la oficina para verla. Me divierte su rebeldía casi adolescente y lo que se genera a partir de la relación. Me divierte y me lleva a lugares que mayormente no había explorado.
Claudia Gayo: -Me divierte el texto, en principio. Desde la primera vez que la leí, empecé a reírme. Marcos tiene un enorme talento como escritor: puede captar el más mínimo detalle de un personaje y de una situación. Y la obra es un despliegue de esos detalles, de esos gestos y situaciones universales, diría. En toda familia están estos personajes y estas situaciones que Marcos escribe.
-Alejandra, ¿Cómo te has sentido dirigiendo esta obra?
Alejandra Casanova: -Sin duda, fue la obra que más me movilizó. Gloria es un poco mi mamá. Y eso provocó un trabajo distinto desde la dirección, como más comprometido, si se quiere. Trabajamos mucho en la relación madre-hijo. Estoy feliz con el resultado.
La invitación
-¿A qué público está dirigida?
Claudia Gayo: -Hasta ahora nos ha venido a ver gente de todas las edades. Escuchamos risas adultas e infantiles. Nos encanta ofrecer una propuesta a la que pueda venir toda la familia junta.
Marcos Casanova: -El espectro de público es de lo más amplio. Han asistido pibes muy chicos con sus padres, jóvenes, adultos y gente más mayor, de Tandil y de afuera, trabajadores, estudiantes y jubilados. Todos tienen madre, o son madres y a todos les llega y les toca el corazón. No hay golpes bajos, no se ridiculiza, se trata el tema con mucho buen humor, pero con suma seriedad. Gracias a Dios el público lo percibe y llena la sala función tras función.
-Muchos dicen que es una obra que los hace pensar en los vínculos padre e hijo, ¿qué les parece?
Alejandra Casanova: -Sí, sin dudas te lleva a replantearte tus propios vínculos, como así también a recuerdos y vivencias de la infancia. Se muestra una relación de mucho amor, tierna y sólida y todos, en el fondo, queremos algo así con nuestros padres.
Claudia Gayo: -Es así. Yo pensé en mi mamá cuando la leí. La obra transita esa relación tan especial madre e hijo, en la que aparece la ternura, el enojo, los celos con los hermanos, los recuerdos buenos y malos y, por encima de todo, un amor incondicional, un vínculo que trasciende cualquier enojo circunstancial.
Marcos Casanova: -Llega al corazón, porque toca ese vínculo tan especial al que hacés referencia y, al sentirse identificado uno mismo, se plantea sus acciones de un lado o del otro. Un señor de unos 50 años salió de una de las funciones y al saludarnos nos dijo: “salgo de acá y la llamo a mi vieja” y con eso está todo dicho. No hay más que decir, si uno con su arte llega a esas cuestiones es porque va por buen camino.
-¿Cómo se sienten después de todas estas funciones y cuáles son sus expectativas?
Marcos Casanova: -No nos podemos sentir mejor. No hay profesión más linda que la del actor y, cada función es tan especial, que uno desea que no termine nunca. Queremos hacer más funciones en Tandil, tenemos gira en nuestros planes y llegar a todos con esta historia que nos encanta contar.
Alejandra Casanova: -Contentos y felices por el reconocimiento del público. Con energía extra para seguir haciendo esto que amamos y que día a día tratamos de mejorar.
Claudia Gayo: -Felices. Para mí no hay nada mejor que el teatro. Y hacer esta obra me da una satisfacción tremenda, porque me permite transitar un camino que no conocía desde lo teatral. Esto de interpretar a una madre de 80 años, entre la risa y la emoción es una maravilla que quisiera que ocurriera a diario.
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