?Mi mensaje es impecable, mi vida todavía no?
-Gracias por acceder al diván, Claudio, es sabido que no le hace mucha gracia.
-No soy divanero, pero, ¿no creo en nada del psicoanálisis? Al contrario, creo, cuando un psicólogo abarca lo espiritual. Porque entonces puede hablar de los valores internos, amén de Jung, que es un gran tipo espiritual; si vos agarrás a Jung y los tibetanos no vas a ver gran diferencia. Pero la mayoría de los psicólogos se mueve nada más que en el terreno de lo mental y he visto psicólogos muy frágiles, muy vulnerables, hechos pelota. Alguna vez hasta pensé en ir a hablar con uno, pero lo vi y dije: “Este está 20 veces peor que yo”.
-Usted es de Necochea, ¿verdad?, sabe que la mayoría de los tandilenses veranea en Necochea y…
-(Interrumpe. Una andanada) No, nací en Buenos Aires y a los 20 me fui a Necochea y viví hasta que mis hijos mayores tenían que irse a la facultad, así que me fui a los treinta y pico, y a Tandil fui varias veces: lo mágico de Tandil es la topografía, una maravilla de paisaje, ése era el deslumbramiento mío con Tandil, un clásico nuestro de hace diez años.
-Le decía que creo que no es porque resulte menos costoso o más cercana su querida Necochea sino para revivir en el agua casi helada el frío del largo invierno tandilense. Es un pie, Domínguez para que me cuente ese argumento suyo de la tendencia de la gente a practicar el masoquismo…
-Ah, sí: somos recurrentes con el pasado. En lugar de sacarnos el pasado y quedar totalmente diferentes a los personajes que hemos sido, seguimos repitiendo el mismo ‘me pica’, ‘me duele’, ‘no me llama’, ‘ella no vino’. Es el qué dirán; la mirada del mundo sobre uno, la falta de perdón; es decir, no nos hacemos libres y nos terminamos muriendo sin haber vivido. No estamos siendo los protagonistas de nuestra historia sino actores de reparto de la película del otro y dejamos que el otro nos califique y empezamos con ‘¿qué voy a comer esta noche?’, ‘¿dónde voy?’, ésa sería la excusa, pero ¿no puedo ser libre de una vez por todas?, ¿me voy a morir sin haber vivido?
-¿Ese es el mensaje que va a dar en Tandil?
-Exacto: cómo ir a la libertad. Planteamos: ¿te animás a cambiar las cosas?, ¿te animás a tener una vida que se llame vida o vas a confundir ganarte la vida con tener una vida?
-Mire que Tandil es muy conservador.
-Mirá (Domínguez insistirá con el tuteo hasta el final), en los lugares más conservadores es donde mejor nos tratan, algo raro pasa, se ve que por contraste –supongo- se pasa desde una limitación dogmática, fundamentalista, a lo espiritual, a una apertura muy grande, sino, ¿cómo puede ser que hace 18 años, cuando yo empezaba con lo de Madre Teresa ya íbamos a Tandil y se llenaban los encuentros y seminarios? Lo mismo nos pasaba en Rosario: nos contaban hace 20 años que por entonces hasta metían presa a la gente que hacía reiki -lo consideraban algo demoníaco-, y fue el primer lugar donde empezamos a desbordar los teatros. Entonces tomémoslo con humor: está el que tiene que estar.
-Poco antes de su muerte, Freud tiró una conclusión amarga: ‘La creación no prevé la felicidad del ser humano’. Pero usted anda diciendo que sí, se puede.
-Sí. Pero a ver, porque por ahí podemos estar plenamente de acuerdo con Freud: si por felicidad se entiende un estado de éxtasis, de dicha continua, es casi improbable que se pueda. Porque la naturaleza humana no fue creada con esa idea; más bien a nadie se le dijo de entrada que nació para ser feliz, sino que se te dijo: ‘Ojo con el mundo hijo, porque te la van a dar por todos lados, entonces portate lo mejor que puedas, respondé al dogma, estudiá, recibite, tené la casita, casate y tené dos nenes y después, con suerte, jugás al golf y te morís tarde o temprano’. ¿Cómo puede una persona ser feliz con esa expectativa de no realización interior?
-Hasta ahí suena lógico y muy coherente. ¿Entonces?
-Si se nos hubiera criado para saber quiénes somos de entrada podríamos haber estado muchísimo mejor; contra, y a pesar del mundo: ¿Se puede hacer algo mucho mejor? Sí. Y a eso es lo que yo aspiro. Un maestro tibetano vive en el aquí y ahora, en un estado de deleite, porque no tiene pasado ni futuro. Nosotros al pasado lo vamos a tener siempre, el tema es que ya no te afecte, que quede como una foto diferente o como una obra de teatro vieja y darse cuenta de qué mal actor que éramos, pero sabiendo que la obra funcionó; bueno, ahora empecé otra obra (media chotita también), pero mejoré la técnica y uno va avanzando y el futuro, cuando llegue, no es más futuro, y todo termina llevando a decir: ¿Soy dueño, en este instante, de lo que hago? Ahora por ejemplo estoy hablando con vos, la única realidad que tengo es ésta, pero en realidad no sé si llegaré al baño a hacer pis dentro un minuto, no lo sé, realmente. Entonces, ¿por qué la gente vive planificando una vida y se impide fundirse en este instante?
Un poco las charlas son sobre esto.
-Usted plantea el perdón casi como una terapia misma. Una de las frases más recurrentes de la historia argentina de las últimas tres décadas es “Ni olvido, ni perdón”. ¿Nunca se refiere a eso porque sería políticamente incorrecto?
-Al contrario, toco mucho el tema. Hay que perdonar pero poder vivir uno, incluso como una especulación de supervivencia: el que no perdona, para mí muere antes y muere mal, y de una vida mal vivida porque el rencor y el resentimiento terminan haciendo estragos celulares. Ahora, ¿el olvido? Nunca se olvida. Lo que tengo que hacer es, cuando recuerdo, no involucrarme emocionalmente dejando a ese recuerdo que trabaje sobre mi cuerpo, sobre mi psique, sobre mi ser, es decir: ‘Viví lo que viví y ha sido perfecto para que no lo viva nunca más y para que aprenda qué lección me trajo eso, qué disparador profundo es ese dolor para ser mejor persona’, para no necesitar más esos maestros ni esas materias nuevamente. O sea, se pueden recordar todas las que te hicieron, pero en la medida que eso no te afecte emocionalmente.
-Pero cuando dicen ‘ni perdón’, ¿le molesta?
-No. Me molestan mucho más otras cosas: los asesinos seriales, los genocidas, los corruptos. Una persona que no perdona me da pena, porque es una persona que no va a recuperar su vida y en un punto tiene un odio, un rencor, un resentimiento recurrente y ella misma es la primera que se va a morir antes de tiempo y no va a poder escapar de su karma. Alguien podría decir ‘y si yo lo perdono, ¿el otro se libera de su karma?’. ¡No! Nadie escapa de lo que causa.
-En su vida privada, Claudio, ¿nunca una patita de cordero? ¿Nunca un canita al aire?
-Vos me decís: ‘¿O sea nunca un cadáver en el placard?’ (carcajada). Habré metido un montón de patas –pero no de infidelidad- sino un comportamiento que yo llamo culposo: o sea las culpas por las que uno intuye que va a caer en un papel en el que vas a decirte ‘¡qué quilom… que cag… te mandaste!’. Sí, en el pasado esa etapa era tremenda. Entonces cuando le pregunto a la gente ‘¿vos seguís repitiendo esos mocos del pasado?’. Hay dos posibles respuestas: sí o no. ¿Sigo robando, sigo estafando, sigo siendo infiel, jodido, sigo especulando? o, ‘No; ya lo hice, ya me le hicieron y me dolió tanto que hasta aprendí kármicamente que todo vuelve multiplicado y jamás lo haría’. Entonces ahí es donde viene la reivindicación de la culpa, no ser recurrente de lo que alguna vez hice y jodió mi propia energía.
En ese sentido está muy clara mi conciencia, y muy clara mi vida: yo jamás dañaría a nadie adrede. Mi mensaje es diez puntos, si por diez puntos se entiende al que le gusta este mensaje (hay quien puede decir ‘escucho esto y vomito’) pero para el que puede captar lo que digo, mi mensaje es impecable. Mi vida no es impecable. Si mi mensaje es diez puntos, mi vida es ocho. ¿No es una muy buena nota un ocho?
-Sí. En esos parámetros, por supuesto. ¿Y por qué un ocho?
-Porque no estoy justamente todo el tiempo en el aquí y ahora, porque me agarran ataques de ira, de inseguridad, pero lo que antes me duraba tres meses ahora me dura tres minutos, pero sí, todavía está ahí mi falta de coherencia total. Mentalmente la tengo, falta que la personalidad -que fue educada de otro modo durante décadas- se vaya adecuando a la nueva coherencia de tu vida, pero hay que valorarlo, porque creo en lo que creo, y si todavía tengo una vida sufridita en algo es porque quiero que el mundo cambie, que sea bueno en lugar de querer joder al otro. Un tibetano se reiría: diría ‘déjelo que siga su evolución’, y yo digo, ‘la p… que te parió’ (risa, estruendosa).
-¿Le gustaría que a nivel gubernamental hubiera un ministerio que propalara estas cosas?
-Totalmente. Imaginate si en la escuela se le enseñara los lunes meditación, los martes el aquí y ahora, los miércoles ir a leerles a los cieguitos en un hospital, los jueves a acompañar a bailar a los viejitos en un geriátrico, los viernes plantar una planta y enseñar en las escuelas materias como ‘Amor incondicional’, ‘Solidaridad y servicio’; ‘La libertad’, ‘Cómo sentirse libres de la mirada del mundo’. ¡Otra que física y química! ¡Qué generación tendríamos!
-¿Y ser usted el ministro?
-No, creo que no tengo vocación política, ja, ja, ja, enseguida saldría con Madre Teresa y Sai Baba y rompería las b… con lo mismo y lo mismo, y en vez de defender el mensaje confundiría a la gente.
-Claudio, estamos terminado, voy a ser trágico: ¿Y si fuese mentira todo; Freud, usted, yo, Madre Teresa…? ¿Lo pensó?
-¡Qué buena pregunta! Mirá, un día le dije a Sai Baba, ‘¿y si todo esto del karma, la reencarnación, la otra vida, fuera una mentira?, ¿qué hacemos?’. Me dijo: ‘Muy bien, si todo fuera una mentira, bueno: ¿no fue mucho más hermoso haber vivido amando y ayudando que odiando y detestando?’.
-Correspondería decirle ‘dejemos acá’ o ‘sigamos la próxima’, pero usted tiene sus propias reglas. Cierre usted esta sesión, por favor.
-Yo siempre digo gracias por existir. O mejor aún: que todos los seres de todos los mundos sean eternamente felices. u
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Fuera de sesión
En el nombre de la Madre
La palabra y la vida de Madre Teresa de Calculta -Agnes Gonxha Bojaxhiu, religiosa de origen albanés que dirigió una congregación que desplegó una inmensa ayuda humanitaria y de solidaridad en la India- es la gran fuente de inspiración en las charlas de Claudio María Domínguez, quien no deja pasar varios minutos sin mencionarla.
Sus encuentros con Teresa parecen infinitos, pero ¿cuánto estuvo con ella realmente? Fuera de sesión, le contó a El Eco: “Con Madre Teresa estuve una sola vez, viviendo una semana, con Juan Pablo II solamente 13 minutos de reloj paseando por el Vaticano y con Sai Baba muchísimo. Era mi época de la búsqueda, cada año me iba a la India y al Tibet y si hoy me preguntan si es necesario ir a esos lugares les digo que no, que como me dijo Madre Teresa de Calcuta, hay que ir al corazón de cada uno, nada más. No hace falta buscar maestros todos los años, afuera, porque el maestro siempre estuvo en uno y si el maestro que te tocó encontrar fuera tuyo es genuino, en algún momento te va a decir: ‘¡Dejate de j… con los recorridos esotéricos! ¡Andá dentro tuyo! ¡Si todos los maestros que vos venís buscando te están buscando a vos hace rato! ¡Si todos los dioses que estás buscando te están buscando ellos a vos!’. u
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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