Miguel Angel Lunghi pasó por el diván y afirmó que ?Si quieren que siga, voy a aceptar?
-Como ex intendente, Rafael Magnanini dijo algo interesante: al cabo de diez años al frente de una ciudad, la gente se puede cansar de uno o uno cansarse de la gente. ¿No le pasa algo de eso?
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-Yo no estoy cansado, eso que dijo Magnanini corre por cuenta de él, o sea, es un concepto válido, pero yo estoy igual que en el 2003, con más experiencia, más ganas y le diría que -hasta ahora- la gente está bien conmigo. Posiblemente Tandil no quiere cambiar porque le va bien con nuestro trabajo: hace menos de dos meses sacamos casi el 41 por ciento de los votos. Diez años después.
-¿Por qué cree que gana siempre?
-Por el trabajo diario. Usted lo ve: hoy es feriado y estoy acá. Los domingos también estoy en el despacho, recibo la mayor cantidad de gente que puedo, camino, ando, solo –yo no necesito de ningún tipo de chofer ni guardaespaldas-.
-Siempre se dijo de su afán de ser intendente por algo pendiente con su padre ¿Es verdad?
-No, no, nada pendiente, pero siempre me llevé muy bien con mi padre y no lo pude acompañar cuando él era intendente porque estaba estudiando en La Plata. Vine el día que fue derrocado y lo vi llorando -más que nada porque le habían quedado muchas obras sin hacer- y siempre quedó en mi subconsciente que podía hacer algo por él y por mi partido. Tengo las carpetas de mi padre, todas, 23. De ahí he sacado muchas cosas.
-Cuando ve que otros que no tenían tantos votos llegaron lejos -ministros, senadores, diputados-, ¿No siente que se quedó con ganas de haber intentado ir más lejos que la intendencia?
-Para nada. Estoy bien donde estoy, me gusta, soy un enamorado de mi ciudad, la recorro todos los días solo como loco malo viendo qué falta, qué no falta y agarro el teléfono y llamo a los secretarios diciéndoles lo que vi. Me parece que yéndote , eso lo perdés. Entrás en un mundo muy difícil. Yo no salgo de la 226.
-O será que es muy narcisista.
-No le entiendo.
-Que está tan enamorado de sí mismo que no puede salir de Tandil donde es el rey.
-No, no estoy enamorado de mí mismo (risas), para nada. ¿Se dio cuenta que no tengo título de intendente?
-¿No lo llaman “intendente”?
-No. Y estoy chocho, encantado, porque la mayoría de la gente me llama Miguel. Ayer fui a ver a uno de los apuñalados de Nochebuena al hospital, un chico que no vi en mi vida y me dijo “gracias por venir, Miguel”.
-También ha sido un tipo de suerte: como oposición le tocó el peronismo tandilense.
-Yo no pienso en la oposición, tengo mi rumbo, mis ideas y mi equipo y hasta ahora me ha ido bien. Aunque, bueno, ahora vamos a tener una oposición mucho más ruidosa, más activa. Van a querer una página y media por día en los diarios, con foto, usted vio que no dejan lugar sin ocupar y tienen un aporte muy importante de dinero. Usted debería seguir la ruta del dinero.
-¿De qué dinero?
-Debe descubrir en su fuero íntimo de dónde viene el dinero para pagar una campaña electoral como la que hizo el Frente para la Victoria, porque de Tandil no lo consiguen. No hay tantos peronistas con plata en la ciudad para poder pagar eso. Siga la ruta del dinero por favor. Haga periodismo de investigación.
-Me comprometo, pero soy un convencido de que ese despliegue lo favorece. Y usted lo sabe.
-Hicieron una mala elección (antes sacaban arriba del 32 % y acá llegaron al 26 %) aunque no le voy a negar que en el algún momento estuvimos preocupados.
-¿Sí?
-Y, vinieron ministros, secretarios, aviones, helicópteros, carpas, mientras nosotros no podíamos hacer nada más que trabajar, hacer gestión, pero bueno, igual a nosotros nos va a ir muy bien.
– ¿“Nosotros”? ¿Lunghi eterno entonces?
-Puede ser (risas) ¿Por qué no? El Cid Campeador estaba muerto y les ganó la batalla…
-Sabe que uno nunca termina de saber hasta dónde le duelen las críticas. ¿Le duelen realmente?
-Sí, no se lo voy a negar. Las críticas políticas sin fundamento –insisto: me gustaría que se hiciera periodismo de investigación- me fastidian un poco.
-¿Es vulnerable?
-Sí, internamente soy vulnerable. Pero no modifico el rumbo, para nada, se imagina, si en diez años en la calle siempre me trataron muy bien, con mucho cariño, sin ningún tipo de agresión…
-Lo que imagino es que aquella vez que Kirchner dijo en La Movediza, “este intendente me entusiasma”, “este intendente me convence” usted estaba feliz, contento como perro con dos colas.
-No. No sentí nada.
-Sea sincero, intendente.
-No sentí nada. Soy neutro. Hay que ser neutro: los aplausos hoy los tenés y mañana no. Para nunca engañarte tenés que ir por el medio.
-¿Esa es su fórmula?
-Esa es mi fórmula. Mi padre los fines de año recibía una cantidad de regalos y el día que se fue de intendente no tuvo ni uno. Yo me crié ahí. Entonces los regalos que vienen los miro, pero no me comprometo –no digo que no vaya a tomarme una botella de vino- pero ni subo ni bajo. Yo tengo la palanca en el medio.
-De todos modos creo que debe odiar el estigma de ser un exitoso intendente que priorizó las plazas y los paseos por sobre obras de fondo.
-Nooo, no. Que cada uno opine como quiera. Hemos hecho obras cosméticas, sí, pero no solamente hicimos plazas, hemos hecho obras de fondo. (Se despacha con una larguísima lista de obras, interminable)
-¿Le encontró alguna explicación psicológica a su manía por las fuentes?
-Me gustan. Y me gustaría que usted camine por Europa. No podemos compararnos: hay fuentes por todos lados.
-¿Le gustaban de chico?
-(Risas. Entran Mario Civalieri y Matías Civale y se ríen también) Me gustan y si puediera pondría más. El otro día me rompieron un brazo en “Las Nereidas” –lo cortaron- pero le quería decir otra cosa, ¡Ah!: en Madrid, Viena, hay chorros de agua con luz, en todos lados. Eso da vida, color, alegría, la gente se saca la fotos.
-¿Tiene alguna fuente en su casa?
-No tengo. Tengo una pileta, con un detalle: le hice un reborde para que el agua que supere el nivel caiga tipo cascada.
-Hagamos un balance de vida: ¿Qué le gustó más: la medicina o la política?
-Las dos cosas. Como médico pude trabajar muy bien, 37 años -mucho- y trabajé bien, todos me paran y me dicen “usted fue mi médico”. Y en política lo mismo porque gracias al equipo que tengo tuve muy pocos problemas. Pero la medicina mía ya pasó. ¿Sabe qué pasa? A mí me gustan los desafíos.
-¿Entonces?
–Entonces cuando agarré Cami (1992) tenía 200 socios y estaba al borde de la quiebra y lo dejé con 5.000. Y cuando entré a la Clínica Chacabuco en el 96, había telarañas, mugre, todo roto, 120 personas que no cobraban desde hacía siete meses y –por favor esto cuéntelo- en la caja fuerte encontré un cheque de 150 pesos. Muchos me daban tres meses de vida. Hoy es una clínica de pie, que opera corazón, con hemodinamia, pone stents y tiene 170 empleados.
-Usted se queja de sus opositores, pero la Chacabuco, esa sí que fue una formidable campaña electoral.
-Seguro. Claro. La Chacabuco me dio la mano, sí. Posiblemente exista en la Clínica un duende, porque de ahí salieron cuatro intendentes: mi padre, Jorge Lester, Américo Reynoso y yo. O sea, dígale a Bossio o alguno de ellos que empiece a trabajar en la Clínica Chacabuco si quiere ser intendente.
-Pero Bossio no es médico.
-Que agarre de lo que sea, en cualquier sector. Mi padre no era médico. Lester tampoco. Reynoso estaba al frente de la farmacia de la Sociedad Italiana.
-¿Y usted? Esta iba a ser una charla intimista pero termina más política que nunca. Ya lo dijo, ¿no? Se va a volver a presentar en 2015.
-Para mí es un honor y estoy muy contento de ser el intendente, así que si el radicalismo en su conjunto desea que siga, aceptaré.
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