Mirada surreal
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Innovador, transgresor, un avanzado de sus tiempos. El artista estadounidense Man Ray fue uno de los motores del movimiento dadaísta en Nueva York y después fue, junto uno de los impulsores del surrealismo. Fotógrafo, escultor, pintor, cineasta y artista gráfico, su producción trascendió su época y se transformó en un emblema de las nuevas ideas que llegaban al arte con el comienzo del siglo XX.
«Man Ray Portraits» es la exposición de la National Portrait Gallery de Londres que recorre su trabajo fotográfico en más de 150 impresiones vintage, hechas entre 1916 y 1968. La curaduría incluye piezas que pertenecen a coleccionistas privados y a algunos de los museos más importantes del mundo: el Pompidou de París, el Paul Getty Museum de Los Ángeles y el MET y MOMA de Nueva York son algunos de los que aportaron las obras de esta retrospectiva fotográfica.
El artista
Man Ray nació en Filadelfia y pasó su juventud en Nueva York, en donde comenzó a estudiar arquitectura, pero enseguida se volcó a la pintura. Su primer contacto con la fotografía llegó mientras pintaba: con la cámara podía reproducir los cuadros. Allí se casó con una poeta belga y en 1915 conoció en una colonia artística de Nueva Jersey a uno de sus primeros compañeros de aventuras creativas, Marcel Duchamp, con quien llevó la bandera del dadaísmo en Nueva York.
Años después se mudó a París, en donde vuelve a focalizarse en su trabajo fotográfico y es uno de los creadores del Surrealismo. En esa etapa crea los “Rayographs”, imágenes que saca sin cámara, obtenidas a través de un gran dominio de la exposición de objetos a la luz. De esa etapa creativa es el autorretrato de 1932 que se muestra en esta exposición: la imagen lo muestra curioso, encantado por la cámara que sostiene en su mano. En ese momento comienza a retratar a personalidades del mundillo artístico: los retratos de Catherine Deneuve, Ava Gardner, Lee Miller, Kiki de Montparnasse (una de sus musas), Marcel Duchamp, Andre Breton, Pablo Picasso, James Joyce, Coco Chanel y Virginia Woolf, entre otras, quedaron inmortalizados por su lente y algunos de ellos cuelgan de las paredes de la National Portrait Gallery.
Capturando estrellas
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Man Ray regresa a Estados Unidos y se instala en Hollywood, en donde también se dedicó a capturar a las flamantes estrellas del arte.
La capital francesa lo albergó los últimos veinte años de su vida, durante los que también se animó a experimentar con la fotografía en colores. Su mundo íntimo, su círculo social, amantes y amigos quedaron plasmados gracias a su experimentación con la luz.(elargentino.com)
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