Molinari y su ?Riachuelo?, obra en temple acuarela
En la evolución de nuestro arte se advierten contradicciones no leves, si atendemos a la buena o mala fortuna de algunos pintores. No a sus valores efectivos, sino a la manera de ser ellos apreciados por quienes dan o quitan categoría. Son las reparaciones a veces tardías de la historia. El éxito, el favor público, la fácil acogida, los cargos y los encargos, se distribuyen en muchos casos con prescindencia de la significación sustantiva del pintor, del escultor, del grabador.
Pablo Molinari fue una certificación de lo anteriormente citado. Nació en 1884, en Buenos Aires y murió en 1941 en la misma ciudad.
Sin lugar a dudas, su obra fue considerable desde el punto de vista de la extensión y la variedad, pintor de caballete, desarrolló la actividad de grabador y decorador, dando una cohesión al conjunto de sus realizaciones. Pintó paisajes, marinas, figuras, animales y lo más característico de su arte fue lo referido a la zona portuaria, donde se pueden apreciar momentos de quietud y reposo o afiebradas escenas donde grupos de hombres y carros se oponen a lo estático de los navíos anclados, cuyos mástiles seccionan el espacio mostrando el caserío distante como a través de una enorme verja irregular. En ningún caso el maestro recurre a lo pintoresco del asunto, prefiere las gamas quietas, los tonos apagados. Con todo y ser un técnico seguro, su destreza manual queda siempre supeditada a la expresión, a la sustancia emotiva del momento, cuya atmósfera traduce con finura, no pocas veces envolviendo, a la luz ambiente con matizadas armonías de acordes grises, definiéndolo como un apasionado intimista. Posee Molinari el don de resumir, sobre todo en los temas donde interviene la muchedumbre abigarrada; lo logra con toques certeros, donde las manchas de color precisan valores y determinan formas, traduciendo el dinamismo portuario, dándonos de él una impresión lograda con innegable vivacidad expresiva. Pero esta vivacidad, esta agilidad no modifica el modo perceptivo en cuanto a los efectos cromáticos de su preferencia, porque no acude ni recurre a las tonalidades fuertemente vibratorias. La gama, podríamos decir emotiva, es de registros bajos y sus matices armonizan dentro de ella con predominio de una atmósfera grisácea.
El Museo Municipal de Bellas Artes posee en su colección una obra de su autoría, ?Riachuelo?, marina realizada en temple-acuarela, técnica antigua usada ya por los egipcios unos 3000 años antes de Cristo. Existen numerosas fórmulas para su fabricación siendo muy frecuente el uso del pigmento mezclado con huevo, aceite y agua, ofreciendo de esta manera la ventaja de secar con rapidez, y la densidad obtenida es similar al óleo.
Este maestro nos permite la delicia de poder observar una técnica olvidada y poco utilizada durante el siglo XX, reflejada en la obra anteriormente citada que se encuentra formando parte de la muestra Pintores de La Boca que realza la salas de esta institución.*
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