Momentos
El matrimonio K ha sido, a lo largo de seis años de gestión, afecto a un estilo de gobierno que no cuenta al diálogo entre sus herramientas predilectas. Apenas en una oportunidad bosquejó un coqueteo con la transversalidad, que más temprano que tarde se desnudaría como un intento por cooptar opositores más que por sumar voluntades y expresiones diversas. Voto ?no positivo? de Cobos mediante, así le fue.
Pero sucede que el 28 de junio las urnas le dieron la espalda como nunca antes, y el mensaje apareció como el peor de los fantasmas. Ahora, acorralado entre las demandas opositoras de mayor participación en las decisiones y la necesidad de no perder la iniciativa política, diseñó de apuro una amplia convocatoria. Desprolijo, casi como un manotazo de ahogado, armó una agenda inverosímil. Discutir hoy, a dos años y pico de la sucesión presidencial, una reforma política necesaria, parece el colmo de la inoportunidad. La realidad del país exige otros gestos y, sobre todo, otros compromisos con la cruda situación social imperante.
Sea como fuere, el gobierno K consiguió la foto que buscaba, y hasta se encontró con efectos nunca calculados, como un posible quiebre del Acuerdo Cívico y Social ante las diferencias explicitadas por Elisa Carrió.
Unos, como la UCR, el PRO y el socialismo, por caso, interpretaron la convocatoria como un paso adelante, que los habilita a ampliar la agenda y comenzar a fijar condiciones. Otros, como la constructora de la principal fuerza opositora a nivel nacional, suponen que el ámbito para debatir es el Congreso, y que acudir a ese tipo de llamados no es otra cosa que hacerle el juego a un Gobierno seriamente erosionado.
Por lo demás, se anuncian para los próximos días nuevos encuentros con representantes de los sectores productivos, principalmente el campo, que vienen metiendo presión avalados por los bríos opositores.
Los más optimistas dirán que se trata de un intento K por generar lazos que apunten a recuperar la confianza perdida. Los escépticos, ya lo califican como una nueva maniobra dilatoria, casi una especialidad pingüina.
En el medio de ambas interpretaciones, aparece una administración sin recursos ni ideas, obstinada en mantener a sus más leales y objetados funcionarios y a sus más fracasadas políticas, hasta aquí incapaz de dar respuestas a las auténticas demandas sociales.
Aún tiene tiempo y algo de crédito para dar vuelta la página. Aunque para lograrlo indefectiblemente deba hacer lo que a los K menos les agrada: Escuchar.
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