Motos, ruidos y picadas: un problema crónico
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La queja de los vecinos por los ruidos de las motos ya forma parte de la conversación cotidiana en distintos barrios. El mal es común a toda la ciudad, pero hay zonas en la que el sueño reparador y necesario se convierte en una utopía. Ni hablar en aquellos hogares donde hay bebés o personas con algún tipo de dolencia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLas famosas picadas son un tema recurrente. Con altibajos, de acuerdo a la disposición de las autoridades a combatirlas, pero siempre vigentes.
Cierto es que erradicarlas definitivamente no parece ser una tarea sencilla. Baste decir que en los controles habituales que realiza personal de la Dirección de Control Urbano, es habitual que los motociclistas no acaten la orden del inspector y continúen su marcha. Perseguir al infractor constituye a todas luces un peligro para el propio involucrado, para el inspector y para el resto de automovilistas y peatones.
El problema no se limita a Tandil. Con solo entrar a portales informativos de ciudades vecinas o de otras provincias, el panorama es similar.
En algunas localidades, hay normativas más estrictas al respecto. Por caso, ordenanzas que habilitan el control de motos que estacionadas: las que no cuentan con el caño de escape reglamentario o presentan algún tipo de mecanismos (por caso, para permitir el famoso “corte”), son secuestradas.
Se sabe que en Tandil, el depósito de vehículos secuestrados está desbordado. Sin embargo, las soluciones no llegan. Lo que confirma que el método es, al menos, insuficiente.
En definitiva, por dónde pasa la solución, sigue siendo el gran interrogante. Como en todo, cada quien tendrá su propia fórmula.
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