Mucha tropa riendo en las calles
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Siete días relativamente anodinos surcaron la semana del quehacer político vernáculo, cuya agenda se vio acotada a confirmaciones de anuncios ya promocionados y que marcarán el rumbo de aquí a fin de año de no suceder algún acontecimiento inesperado.
Por lo pronto, desde Provincia confirmaron el pago de junio para el transporte rural. Poco para celebrar en verdad. Apenas algo de lo adeudado que juntamente con el aporte -finalmente- municipal y buena voluntad de los empresarios permite especular que cierre sin sobresaltos el nunca cumplido ciclo lectivo.
También se ratificó la puesta en marcha de la Subjefatura Zonal de Seguridad Rural, un paso intermedio a lo que los productores y las entidades intermedias habían planteado frente a la dependencia con la cabecera en Olavarría.
En tanto el lunghismo, agenda días para dar a conocer paso a paso los trámites burocráticos que hacen al plan de viviendas montado vía crédito bonaerense. Si por cuadra repavimentada o paseo aggiornado se emiten una catarata de gacetillas de prensa, ni qué hablar de esta iniciativa que al fin y al cabo no hizo más que demostrar que cuando quiere el Municipio puede, tras tanta reticencia, a involucrarse en la problemática habitacional.
Sentirse seguros
Y hablando de involucramientos, poco margen le queda a la comuna respecto a la seguridad o inseguridad, según se prefiera. Más que claro está sobre quién recae la responsabilidad de la policía, pero cuando Lunghi y compañía repasaron un reciente informe estadístico de su gurú preferido, no hicieron más que alertarse que el ciudadano quiere que Lunghi se haga cargo del asunto. Por confianza, por cercanía, el vecino cree que el Municipio debe afrontar el desafío de la seguridad.
Cuando se habla de seguridad no precisamente debiera estar ligado simple o únicamente a la fuerza policial -vía policía comunal-, sino también a la idea que ya funciona en otros distritos y algunos bautizaron como guardia urbana. Dicho cuerpo de agentes no tendría el poder de policía propiamente dicho, pero sí la de contralor en distintas áreas que competen a un municipio, como el de habilitaciones, cuidados de espacios públicos, esparcimiento nocturno, etcétera.
Por allí desfilaría la demanda ciudadana, según los entendidos, que está requiriendo mayor presencia del Estado en las calles, con el aditamento que ya lo está viendo que funciona en otras ciudades con ejemplos concretos.
Ideología
A propósito de policía en la calle, por lo bajo se escuchan más de un replanteo de un número de comerciantes involucrados en el proyecto -ya cristalizado- del centro comercial A Cielo Abierto. Concretamente el encono versa sobre la decisión mayoritaria -vía consulta de la Cámara Empresaria- de costear la presencia de efectivos en horarios determinados de las flamantes cuadras.
La iniciativa responde a la inquietud que pocos -más bien ninguno- se anima a decir abiertamente: el temor que la cuasi peatonal se transforme en el epicentro de cierto grupo de marginales. Es más, la preocupación es que no se transforme en la peatonal de Mar del Plata o para ser más exactos como sinceros, “que no se llene de negros…” (sic).
Frente al planteo (económico no ideológico), se tomó por el camino lógico que responde a este planteo clasista: más policías en la calle. Ahora, bien podría plantearse otra mirada sobre la misma problemática.
Si hay grupetes de jóvenes que inquieta y cuya presencia puede alejar a la familia a transitar el centro comercial, por qué no ejecutar otras alternativas como las culturales y recreativas.
En qué quedaron las iniciativas municipales de organizar números artísticos en plena calle que convoque a la familia y, en consonancia, casi inconscientemente promoverá el alejamiento de aquella presencia extraña que “acecha”. Se trata de una manera de ver un “problema” y qué herramientas se ensayan para disiparlo. Hasta aquí, la más fácil y no siempre efectiva. La tropa en la calle como sinónimo de garantías ciudadanas. u
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