Muchas familias van cayendo del sistema ante la pérdida del trabajo y no pueden regresar a él
Si bien la inseguridad está llegando a los límites de lo soportable para el ciudadano común y ocupa grandes espacios y titulares en los medios de comunicación, hay otra cuestión que le viene pisando los talones y que día tras día se posiciona como una de los más preocupantes y urgentes a resolver: la falta de trabajo.
O mejor, deberíamos decir, la pérdida del trabajo por parte de aquellos que siempre se mantuvieron ocupados y con trabajos ?más o menos? estables y que, de una forma u otra, siempre se las arreglaban para cumplir el papel de ser el sostén de la familia.
A lo largo de nuestra profesión, siempre nos hemos encontrado con casos desesperantes, de familias que piden ayuda dirigida casi exclusivamente a los sectores del Gobierno que pueden proveer un paliativo, a través de un subsidio, o el pedido llega en forma de planchones, chapas o ladrillos o bolsones de comida. Eso siempre fue una constante y lamentablemente, lo será en tanto y en cuanto no pueda resolverse el problema de fondo, que es el de la pobreza estructural, en que miles de familias a lo largo y a lo ancho del país, se hallan inmersas y por ende, fuera del sistema que día a día, los va excluyendo fría e impiadosamente.
Sin embargo, por estos días las características de los pedidos de ayuda se repiten y parecen salir de la misma matriz. Una matriz que alguien o algunos o podemos decir, la crisis económica, la coyuntura y todas esas cosas, o la que más le guste; está tallando y formando, y en la que están cayendo cada día más familias que nunca antes habían pasado por eso. De llegar al extremo de recurrir a un medio de comunicación para resolver su situación, porque ?no saben qué hacer?, cuando ya han caminado por todos los caminos, de ida y de vuelta, y el ansiado trabajo no aparece, mientras el seno familiar se va resquebrajando ante la crudeza de la realidad que los pone a prueba y no todos pasan ni logran salir indemnes.
En el último mes presentamos el caso de Javier, su mujer Micaela y su pequeña hija, que dormían en una obra y que finalmente terminaron alquilando a través del Municipio, en De Roxas 270. Todavía buscan trabajo.
Hace unos días, Juan Galoso, padre de tres hijas y empleado rural quien pidió trabajo, no mercadería ?ni nada de eso. Necesito trabajar como siempre lo hice?. Vive en Muñiz 580.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email?Hace una semana que
los acostamos a dormir
con un vaso de leche?
Hoy es Patricia, que vive en Rosales 265 y es madre de siete hijos: la más grande de 15 años y el más chico, 2. Y nos cuenta que están desesperados.
?Mi marido, Javier Alberto López, de 39 años, hace tres años que trabajaba en una agronomía hasta hace tres semanas. Perdió el trabajo y todavía no pudo conseguir nada. Ya no sabemos qué hacer?, dijo avergonzada Patricia, mientras sus hijos juegan en la casa que heredó de sus padres.
?Nunca nos sobró nada, pero con el trabajo de mi marido en la agronomía y lo que yo puedo aportar haciendo arreglos de costura y como peluquera, nos fuimos arreglando siempre, pero esta vez, parece que todo llegó a su fin y no podemos ver así a nuestros hijos?, relató.
Sobre ellos, contó que al mediodía van a comer al comedor de la Escuela 32, pero a la noche, ?ahora los estamos mandando a dormir con un vaso de leche. Sabemos que se acuestan con hambre y no lo podemos soportar, es espantoso. Nunca habíamos vivido una situación así. Mi marido siempre había podido mantener a la familia, pero ahora no sé qué pasa?, se lamentó.
Javier, el jefe de la familia, si bien siempre se ha dedicado a las tareas rurales, también ha hecho changas, para reforzar, de albañilería, pintura ?o lo que sea?, agrega Patricia, que dice que ella ahora sale tres veces por semana a limpiar en casas de familia, ?pero eso no nos alcanza? sino que sólo reforzaba el trabajo del marido.
Le preguntamos si había solicitado ayuda a Desarrollo Social o al Municipio y dijo que no. ?No, no, no… no sé qué es eso de pedir cosas, si lo que queremos es trabajar. Ver a los hijos con necesidades no se lo deseo a nadie en el mundo…?.
Su celular es 156-96608.
Tal vez, ha llegado la hora de estar aún más atentos. Claramente, están volviendo los ?dos tandiles?. El que brilla, el que atrae, mientras que hay otro, el más oscuro y que no atrae sino que trae angustia, desesperación y tristeza, a todos aquellos que tenían algo, pero que hoy poco a poco, lo están perdiendo.
Por eso, es de vital importancia que aquellos que tengan herramientas a su alcance, ya sea desde el Gobierno o desde el ámbito privado, extiendan una mano para evitar que el sistema de los excluidos se siga engrosando un poco más, todos los días y lo peor, es que no puedan volver de él.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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