Naufragios
Néstor Kirchner, el ya indiscutido ideólogo y a la vez nervio motor del Gobierno nacional diseñó esta semana, apenas 24 horas después del anuncio de Mauricio Macri, la estrategia de adelantar la madre de todas las batallas para junio.
Así, dejó desairado a uno de sus virtuales competidores para 2011, estupefacta a la oposición, pero por sobre todas las cosas atinó a frenar la erosión de confianza y votos que el kirchnerismo sufre sin solución de continuidad.
Sea una jugada estratégica, un manotazo de ahogado o una ?locura institucional?, según las diferentes lecturas, lo cierto es que la movida sacudió el tablero político, cambió bruscamente las reglas de juego y aceleró los tiempos electorales.
A falta de una oposición medianamente organizada, la crisis, por ahora, hace su trabajo. Utiliza el jab como golpe de desgaste, pero nadie sabe a ciencia cierta si en algún momento sacará el uppercut para mandar a K a la lona.
Ante esta presunción, el Gobierno volvió a elegir el golpe por golpe como instintivo reflejo de conservación. La apuesta encierra sus riesgos, pero responde a la lógica política de su mentor.
Lo que resulta más preocupante, sin embargo, no es el calendario electoral pingüino y sus bemoles, sino la nueva apelación oficial a los ?riesgos de la gobernabilidad? y los ?ánimos destituyentes?, en épocas de irritación social por la inseguridad, las provocaciones de Guillermo Moreno, por caso, y de un pauperismo innegable.
En el orden local, la noticia retumbó en todos los frentes y obligó a repensar de manera apurada lo hasta aquí programado. Carlos Fernández, uno que cuenta con aspiraciones de llegar al Senado provincial, vivirá jornadas clave en la semana que se inicia. Carlos Mansilla, por su parte, deberá decidir si opta por la lealtad a Roberto Mouillerón y salta a las huestes de Felipe Solá, o se recuesta mansamente en lo que queda del kirchnerismo. En el primero de los casos, tendría que tragarse el sapo de formar parte de una nómina con participación PRO, un espacio que definitivamente no le cabe. En el segundo, acomodarse a un PJ que, como están las cosas, parece no contenerlo.
En medio de todas las especulaciones sigue estando la gente. Como los 400 involucrados en la merma productiva de Metalúrgica Tandil, que deja a unas 150 familias -las de los dependientes indirectos de la potencia industrial serrana- virtualmente en la calle.
O como los municipales y profesionales de la salud, que van por una recomposición salarial que el Gobierno asegura no poder otorgar.
Archisabido es que se vienen horas de zozobra para las arcas comunales. Cayó la producción y la coparticipación. Por ende, la recaudación. Sería quizá ése un argumento válido para la administración L. Lo que no invalida el debate por una materia al menos opinable: la manera de utilizar los recursos del erario en, por ejemplo, el denominado -y abultado- gasto político.
Tema que en la crisis, mientras el barco naufraga, vuelve a salir a flote.
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