Necrológicas
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
ABEL COBRANA
A los 66 años de edad, el pasado viernes 28 de diciembre se produjo el fallecimiento de Abel Cobrana, un querido y respetado hombre de Gardey y de nuestra casa.
Abel había nacido en Benito Juárez el 2 de marzo de 1946; transcurrió su infancia y adolescencia en la zona de Tedín Uriburu, trabajando en la estancia San Luciano.
A los 24 años contrajo enlace con Alicia Cotovich, matrimonio de donde nacieron sus tres hijos: Javier, Leandro y Martín.
Por razones laborales se traslado a la estancia Mechylos, de la zona de Gardey: luego de 18 años de trabajo, se radicó en esa localidad, donde emprendió actividades comerciales acompañado de su familia. Fue un activo colaborador en distintas comisiones, destacándose su paso por el Club Racing de Gardey, donde dedicaron junto a su mujer, largas horas de trabajo que añoraba constantemente.
Hacía muy pocos meses se había acogido a los beneficios jubilatorios, aunque aún no pensaba retirarse de sus actividades, dado su impronta emprendedora.
De una fuerte personalidad, su partida ha causado mucho dolor entre sus allegados y comunidad en general. Muestra de ello fue la cantidad de vecinos que acompañaron sus restos a su última morada.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque El Paraíso.
FANNY MORCILLO OCAMPO
“Está por ahí mi abuela, esa misma, sí, La Negra, la abuelita, está por ahí, oculta en esas cositas que no guardan relación alguna y se apilan sobre un estante repleto de colores, esperando palabras lejanas, visitas cercanas.
Anda por ahí mi abuela, sí, Fanny Morcillo Ocampo, hija de Manuel Morcillo y María del Carmen Ocampo (los dos que se casaron haciendo trampa porque ella era siete años mayor que él); nieta de Severo Morcillo, teniente coronel y guerrero al Paraguay; chozna del federal Justo José de Urquiza. La abuela, la que va a seguir estando en la perseverancia de la luz, resecando los asientos vacíos de un colectivo, a plena tarde.
Nos mandaste a decir: “sigan para adelante, estoy cansada, me voy a sentar un rato a descansar. Los voy a mirar desde arriba. Les enseñé todo, ¡no me defrauden!”.
Sí, mi abu anda por ahí, nuestra madre, nuestra hermana, nuestra tía, nuestra suegra, La Abuela, sí, esa misma, Fanny Morcillo Ocampo o La Negra (como gusten), anda por ahí, atesorando lo que normalmente la gente pierde al crecer, eso que la mayoría lleva en la boca pero nunca en la acción, eso a lo que vos, abuelita, llamabas libertad. Andás por ahí digo, decimos, dirán. La abuelita, la única que los quiere de verdad, como repetías siempre que alguien te acercaba la canastita y tus gatos llegaban corriendo a saludar.
Tu nombre lo portan las cosas tan espléndidas como sencillas. Sé que tu nombre es el que se escucha al regar, cantar (cuando los sapos cantan llueve y tu voz, tan de adentro, adornada con notas claras como las de los jilgueros y los canarios), desglosar el brillo del resorte de un broche solitario, y escapar para andar por ahí, divagando, tarareando un tanguito o un twist, de esos que ya no se escuchan pero vos siempre deseaste mantener vivos.
En algún lado resta algo de tu casero perfume, en una ranurita tienen que crecer tus tomates dulces, tus ajíes, las miles de flores que regalaste en sincera armonía a los días pasados y los venideros. Sabemos todos que andás por ahí, tal vez en las burbujas de la gaseosa, en el jazmín que sin agua se marchita y pone amarillo, en las charlas de tus hijos y tus nietos, a esos que, una noche después de la última mudanza, supiste agradecer porque te habías dado cuenta de lo tanto que te mimaban. Tenés que andar por ahí, ¿quién si no se va a acordar de los santos, los vivos y los idos? ¿quién se va acordar de decirnos?
Ahora que ya sabemos que andás por ahí, te dejamos(por si se te ocurre ir a buscar algo): los dibujitos de los chicos en tus estantes; la pelotita que le dabas a la nenita del fondo; la cocina que aguardaba al menos uno de tus famosos guisos o uno de tus estofados; las sensaciones y las rosas de Sandro; y las cintas rojas que un día te quitaste porque te molestaban pero que, al andar por ahí, vas a volver a usar contra el mal de ojo, esas cintas que ahora son una sola, vos, anudando de extremo a extremo a los que jamás dejaste de lado.
Sé que andás por ahí, por eso, el resto, lo guardo para un día que la familia se junte, con el mate y el azúcar en las manos –los bizcochitos en la mesa-, con las hojas bien verdes de algún arbolito asomando por alguna ventana y los trinos de los pajaritos de fondo.
Nos vemos, cuando andes por ahí y tengas ganas, uno de estos días de verano”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
GABRIEL ESTANISLAO GIACONE
En las trágicas circunstancias que diéramos a conocer oportunamente, el pasado domingo 6 del corriente falleció Gabriel Estanislao Giacone, de tan sólo 18 años de edad.
“Estani” nació el 27 de julio de 1994 en Buenos Aires y desde muy chiquito se radicó en esta ciudad con su mamá y su hermana, donde le permitió conocer a quienes desde el momento que se encontraron se transformarían en su papá y sus otros hermanos para completar una gran familia. Cursó sus estudios en la Escuela N° 13 de calle Cabral.
Desde muy temprana edad fue un nene extremadamente cariñoso con su familia y amigos, en muchas ocasiones también tímido e introvertido, pero siempre alegre, colaborador y solidario, características que se fueron haciendo cada vez más fuertes en su personalidad. Con el correr de los años, su cuerpito de nene fue cambiando hasta transformarlo en el hombre que conocimos hasta que alguien decidió truncar su vida.
Fue un hombre que decidió unir su vida a Patricia y del fruto de ese amor nació Bianca; la llegada de su hija lo transformó nuevamente para convertirlo en un papá ejemplar que trabajaba cuanto podía para que su mujer y su hija tuviesen todo lo que necesitaban, pero no se contentó sólo con eso. El debía darle un hogar a su familia; con sus tempranos 18 años pidió ayuda para conseguir materiales y él mismo fue poniendo ladrillo sobre ladrillo. Estaba decidido a levantar a cualquier costo su propio techo.
Encontrarse con Estani, era la sonrisa asegurada, el optimismo y el buen humor eran su presentación ante cualquiera, siempre preocupado por ayudar a los demás. Su personalidad le permitió formar un grupo de amigos que lo acompañaron en sus momentos buenos y malos.
En resumen, Estani fue un hijo, hermano, sobrino, primo, amigo, esposo y padre inigualable; “ninguno de nosotros podrá olvidarte jamás, siempre en nuestro corazón. Te amamos y te vamos a amar eternamente”.
AMANDA ELISA SAAVEDRA de GUTIERREZ
A los 81 años de edad, el pasado jueves 3 del corriente se apagó la vida de Amanda Elisa Saavedra de Gutiérrez, causando pesar y angustia entre sus seres queridos.
Amanda nació el 10 de abril de 1931 en Saladillo, donde transcurrió su infancia junto a sus hermanos.
Muy joven se casó en primeras nupcias con Guillermo Garrido y tuvieron cinco hijos: María Inés, Ricardo, Silvia (f), Estela y Raúl. Por cuestiones de la vida quedó sola con ellos y se dedicó a trabajar en casas de familia.
Luego, en 1959 conoció a quien sería su segundo esposo. Néstor Apolinario Gutiérrez, con quien tuvo a Leonor (f), Mónica, Gladys, Marcela y Adriana.
Debido al trabajo de su compañero como ferroviario se radicaron en esta ciudad y cuando él alcanzó su merecida jubilación, instalaron un mercadito, que llamaron “Los Abuelos”, donde trabajaron juntos hasta hace poco tiempo.
Ya viuda se dedicó a viajar, viviendo con cada una de sus hijas en Mar del Plata, Buenos Aires y Tandil, aprovechando cuando la acompañaban a ir a jugar a las máquinas del Casino, ya que era uno de sus hobbies favoritos.
Su salud fue desmejorando a raíz de una diabetes que no se pudo controlar y que la llevó a la muerte, que es lamentada por sus hijos, nietos, hijos políticos y demás familiares.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
BERNARDO MALASPINA
El pasado jueves 3 del corriente falleció Bernardo Malaspina, un querido y respetado hombre que contaba con 79 años de edad, causando tristeza y dolor entre sus familiares y amistades.
“Pichi” Malaspina fue un ejemplo de hermano mayor aunque siempre necesitó que sus hermanos menores lo protegieran.
Fue un tío amoroso con sus sobrinos Ingrid, David y Solange, quienes fueron su debilidad.
Fue un amigo muy querido y un gran pescador, por toda la pasión que ponía al practicar dicho deporte.
Fue comerciante, en su fiambrería de la calle Sarmiento en donde estuvo siempre al lado de quien fue su compañera de toda la vida, Nilda. En dicho lugar también siguió haciendo amistades.
“Pichi te extrañamos”, tu familia.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
FILOMENA GUAITA
Cuando contaba con 100 años de edad, el pasado sábado 5 del corriente se apagó la vida de Filomena Guaita, dejando tristeza y dolor entre sus seres queridos.
Filomena había nacido en la zona rural de María Ignacia (Vela) el 15 de julio de 1912; era hija de Melitona Figueroa y José Guaita.
Vivió junto a sus hermanos en Pablo Acosta, dedicándose a las tareas domésticas; posteriormente se radicó en esta ciudad junto a dos de sus hermanos en el barrio de Villa Italia.
Fue una mujer generosa, luchadora y amante de las reuniones familiares.
Sus últimos años pasaron en el Geriátrico Balverde, donde fue muy bien atendida. Sus familiares agradecen a la señora Nelly y a todo su personal por al cariño y afecto brindado.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
CARMEN NAZAR de CROVO
El pasado lunes 7 del corriente falleció Carmen Nazar de Crovo, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Carmen nació en Ayacucho, donde pasó parte de su vida, llegó a esta ciudad muy joven, donde formó una hermosa familia junto a Alberto Crovo (f), sus tres hijos: María, Rubén y Jorge; además de sus nietos: Florencia, Francisco, Fátima, Octavio y Martina.
Fue una gran madre y abuela que brindó todo su amor a su familia y sobre todo una gran persona.
Hoy descansa en paz, aunque la vamos a extrañar mucho, la vamos a recordar todos los momentos lindos vividos en familia.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JORGE OMAR MIRANDA
Con muestras de pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Jorge Omar Miranda, un querido y respetado hombre que contaba con 68 años de edad.
Jorge nació en esta ciudad el 29 de noviembre de 1944; era hijo de Mercedes Llorens y Florentino Miranda, siendo el tercero de diez hermanos; su infancia y adolescencia transcurrió en Cantera Albión, donde comenzó con su actividad laboral a los 14 años y siguió luego en otras hasta 1971.
Fue conformando su familia junto a su esposa Lucía Castro y sus cuatro hijos: Cristina, Jorge, Karina y Sergio, a su nieto hijo del corazón Enrique, amando a sus otros nietos y bisnieto, a quienes esperaba todos los domingos haciéndoles un asado.
Trabajó 21 años en Metalúrgica Tandil, luego terminó en Cantera Carba, donde tuvo un grave accidente que le llevó más de diez años luchando con su salud.
Sus seres queridos agradecen al sector de infectología del Hospital Ramón Santamarina; a los doctores Gentile y Hernández; a la Sala 3, doctora Equiza, Aguera, Cóppola, Silva, Rojas, a sus médicos de cabecera Bressán y Rosario. Omar gracias por tu ejemplo de honestidad y trabajo.
Te recordaremos por siempre tus canciones y alegría. Te amaremos Tus esposa e hijos.
Sus restos fueron cremados y sus cenizas esparcidas en Cantera Albión.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios