Necrológicas
VICENTE NESTOR TIBILETTI
A los 79 años de edad, el pasado miércoles 19 de septiembre falleció Vicente Néstor Tibiletti.
“Tito” Tibiletti, como todos lo conocían, era nativo de Ayacucho y hacía poco tiempo que se había radicado en Tandil a raíz de problemas en su salud.
De su matrimonio con Elsa Selva, a quien siempre amó a pesar de la temprana muerte, tuvo dos hijos: Cecilia, profesora del Conservatorio de Música “Isaías Orbe” Tandil, casada con el profesor Sergio Arroyo, y Néstor, martillero y corredor público de Ayacucho, casado con la profesora Laura Riela.
Cinco nietos eran su alegría constante: Julián, Pablo, Felipe y Bernardo Arroyo y Román Tibiletti.
Su vida fue muy completa: docente, estudiante de abogacía, militante político de la UCR, fundador del Ateneo “José Manuel Estrada”, funcionario municipal, comerciante, católico práctico y catequista.
Además, su vocación de servicio lo llevó a participar durante muchos años de la Conferencia Vicentina, dando no sólo ayuda material, sino espiritual, con una palabra de aliento tratando de solucionar las dificultades de muchas familias necesitadas.
También incursionó en la música, dando alegría con su acordeón a piano, su voz cálida y su sentido del humor con chistes y anécdotas con una oratoria inigualable…
En los últimos años se había dedicado a escribir artículos en el Diario “La Verdad”, actividad que lo mantenía permanentemente en contacto con la comunidad.
Reconocido y respetado por tanta gente como un “hombre de ley”, es imposible no dejar de recordar el amor inmenso y la generosidad que siempre supo darles a sus hijos, nietos y amigos, dejando a todos la mejor herencia: sus consejos y enseñanzas de vida con ética, honor y dignidad incuestionables.
Tito dejará una profunda huella en sus familiares y en las amistades que cosechara en las dos ciudades, que lamentan y lloran su partida.
Sus restos fueron trasladados a Ayacucho y previo velatorio recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl pasado miércoles 19 del corriente falleció María Bilbao de Rossi, una querida y apreciada mujer que contaba con 95 años de edad.
María nació en esta ciudad el 20 de diciembre de 1926; fue una mujer dedicada a los quehaceres del hogar y a su familia. Siempre le gustó el tejido, hasta sus últimos días le dedicó tiempo a su tejido.
Vivió sus últimos dos años en el Hogar I.A.M., donde fue cuidada y mimada por Juan Cruz, Ester y sus empleadas.
Había conformado su familia con Luis Rossi, sus hijos Ana María (f), Luis Alberto f) y Marta Ester; más tarde llegaron sus nietos José Luis y María Margarita; luego sus bisnietos Pablo, Federico y Facundo y también “tuviste la alegría de tener en tus brazos a tu tataranieta, llamada Mia (f), que ahora estará junto a vos en una estrellita y desde ahí nos darán fuerza para seguir fuertes y unidos. No te olvidaremos y ¡te extrañaremos Mami!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
“Nora: fuiste todo amor, cariño, dulzura, esperanzas… en esos días que te acercaban tanto a Dios, para tus padres, tu esposo Juan Antonio, tus sobrinos, tus amigos, para todos los que tuvimos la dicha de tenerte.
Siempre diste tu mano solidaria en las Rosadas Voluntarias, la música fue el encanto de tus horas, habiendo aprendido piano en el Conservatorio de Bruni, la costura tu pasión, confeccionando prendas, coquetos delantales y hermosos almohadones, que aprendiste en el Instituto Deguer.
A tus padres Andrés Olhasso y Matilde Amaya, oriundos de Tres Arroyos, les ofreciste lo mejor de tu vida.
“Querida Nora: Siempre hiciste todo con tanto amor y consuelo esperando algún día estar con Dios en el Cielo”.
Tota.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
El pasado lunes 17 del corriente, se durmió para siempre Sabina Adela Previdere de Mazzini, una querida mujer que contaba con 92 años de edad.
Sabina nació en O´Brien, partido de Bragado, el 14 de septiembre de 1920. En plena juventud se casó con Luis Rafael Mazzini y fruto de esa unión nació su única hija: Lidia Esther, radicada desde hace muchos años en esta ciudad.
Tenía un carácter muy especial, porque fue criada junto a sus doce hermanos con la rigidez del usted, de dar la mano y del valor de la palabra.
Cuando en el 2006, falleció su compañero, ya no fue la misma. Comenzó a enfermarse, más que nada de tristeza, Por tal motivo en el 2011 se mudó a esta ciudad, viviendo junto a su hija, a su yerno Alfredo Figueroa, su nieta Georgina, su nieto político Juan G. Arias y su bisnieta Yanela.
Siempre extrañó su ciudad, pero su enfermedad la iba consumiendo y pasó sus últimos meses en el Hogar Oasis, con el cuidado, cariño y afecto de Gabriel, Soledad, Sole, Ramiro, Pedro y María, quienes estaban constantemente con ella igual que el resto del personal del hogar. Ahí, se hizo querer por todos y la muestra de ese amor fue el acompañamiento de ellos hasta su hora final.
Vivió para festejar sus 92 años el 14 de septiembre, pero al día siguiente empezó su sueño eterno del que nunca despertó.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
El pasado sábado 22 del corriente, a los 73 años de edad, falleció Norma Nilda Rampoldi, causando un inmenso dolor y tristeza entre sus familiares y amigos.
Nació en esta ciudad el 25 de julio de 1939; contrajo matrimonio con Aníbal Arleo, y tuvieron dos hijos: Alberto y Javier.
De muy joven, la vida fue dura con ella, con la partida de su compañero, tuvo que ser padre y madre al mismo tiempo de dos adolescentes, pero nada detuvo su camino, decidió salir adelante, y entre sartenes y cacerolas, trabajo duro para poder darle estudio a sus hijos.
Fue la mamá de cada estudiante que pasó por su casa, siempre dispuesta a ayudar a todos y a estar donde hiciera falta.
“Tía Norma”, así te conocían todos, llena de sobrinos y sobrinos nietos, que te adoraban por lo gran persona que fuiste, acompañando a todos en los diferentes momentos, buenos y malos.
Y llegaron los nietos, Lucero, Tomás y Catalina, a quienes veías crecer, por momentos a la distancia, y que tanto amabas y extrañabas.
Es muy difícil estar recordándote, porque aún no nos hacemos la idea de tu partida… Todos los que compartimos la vida contigo solo encontramos palabras de inmenso agradecimiento, te vamos a extrañar muchísimo Tía, pero a la vez, sabemos que te encontraremos en cada momento, porque ahí estabas, en todos lados…
“Aún no puedo imaginar que ya no estés, que no te voy a ver más, que difícil…
Más que una tía, eras mi abuela y también la abuela postiza de mis hijos, Francina y Martino, a quienes les brindaste tu tiempo y tu gran amor…sé que te hubiese gustado verlos crecer..
Con mamá no nos podemos hacer la idea que ya no vas a venir de visita todas las tardes… que gran compañera fuiste de ella, no te despegaste ni un minuto de su lado, desde que falleció mi abuela.
No tengo palabras para expresar mi dolor, ni para agradecer todo lo que has hecho por nosotras. Pero estoy segura que en el cielo, vas a tener tu lugar, un lugar privilegiado, por lo gran persona que fuiste, y que desde allí, voy a poder seguir contando contigo, porque me guiaras siempre.
Me quedo con los mejores recuerdos, doy gracias a Dios de que hayas formado parte de mi familia.
Gracias por haberme enseñado que siempre hay que dar y no esperar nada a cambio, a no ser egoísta y demostrar que con poco, se podía lograr mucho.
Tía Norma, voy a extrañarte hasta el último día…”.
Mariela
Cuando contaba con 90 años de edad, el pasado viernes 14 de septiembre falleció Justa Delia Jáuregui de Olaechea.
Chola, como todos la conocieron, nació en Ayacucho el 20 de Junio de 1922. De muy pequeña, sus padres se radicaron en Tandil, siendo la última niña de 9 hermanos.
Curso sus estudios primarios en la Escuela N` 1 y a los 14 años recibió su título de corte y confección del “Sistema Julia”. En ese entonces ya trabajaba con su hermana mayor Julia (modista reconocida en nuestra ciudad), por la cual tenia una adoración infinita siendo ella 17 años más grande. Al poco tiempo entró a trabajar a la tienda “La Pampa Florida” (9 de Julio y San Martín, hoy Liverpool). Allí trabajo hasta que en 1950 contrajo enlace con Alberto Amadeo Olaechea, ferroviario.
Desde ese momento hasta sus últimos días, su casa fue la misma, ubicada en Alem al 500.
De esta unión nacieron sus 2 hijos, Alberto Daniel y María Delia los cuales se casaron con María Elena Viano y Osvaldo Horacio Mendaña.
Tuvo tres nietas, a las cuales adoraba: Sofía Olaechea, Vanesa Mendaña y María Eugenia Mendaña. Estas últimas le dieron nietos políticos, Marcelo y Omar a los cuales adopto enseguida como nietos. Y gracias a Dios disfrutó un bisnieto Mateo (hijo de Vanesa y Marcelo) de dos años y medio, leyéndole un cuento, jugando, mirando dibujitos.
Chola era incondicional, vivió siempre atenta a toda la familia, ayudando a sus hijos y nietas en momentos difíciles, cuidándolos y disfrutando de tenerlos siempre junto a ella.
Siempre coqueta y atenta a su vestir, no pasaba un solo día sin dar su vueltita al centro con la excusa de hacer un mandadito o comprar un regalo.
Fiel católica, creyente en Dios y en la Virgen, con una Fe infinita inculcó a todo su círculo familiar el amor a Dios sobre todas las cosas.
Hasta el último momento estuvo rodeada de amor, cariño, afecto de sus hijos, hija política, nietas, nietos políticos, su adorado bisnieto y demás familiares, amigas y vecinos. Todos extrañaremos muchísimo a la “abuela Chola”.
Su alma descansa en paz y desde el Cielo nos cuida a todos con sus oraciones.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Pradera de Paz.
“A los 92 años de edad, el pasado jueves 20 del corriente se apagó la vida de Edgardo Juan Danilovich, causando dolor y angustia entre sus familiares y amigos.
“Ego”, como era conocido, nació en Coronel Dorrego el 8 de agosto de 1920; desde muy joven trabajó en la Municipalidad de aquel lugar, confeccionando planos, luego se dedicó al arte, dibujando y pintando cuadros y telones de teatro.
En su juventud conformó su familia junto a Antonia Valladares y se radicaron en esta ciudad. El pasado 20 de setiembre se apagó la luz de quien había iluminado la ciudad en los años ´50, como decía la gente, la “iluminó”, pues realizó los primeros letreros luminosos de gas de neón, como por ejemplo los ubicados en La Tandilense, UAM, LU 22, etcétera.
Su pasión era pintar. Luego de unos años se abocó a los carteles de casi todas las inmobiliarias de Tandil, tenía muchos más amigos que clientes. Nunca le importó lo material y en los últimos años le interesaba trabajar para conversar con todo el mundo.
Su lema era:”el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Tenía colocado desde hace varios años en el frente de su casa, un letrero que decía: “El verso para los poetas, lo políticos a otra cosa”.
Fue un padre, un abuelo y bisabuelo inolvidable. Así lo recuerda toda su familia por su sensibilidad, humildad, enseñanza y amor.
Sus hijas Graciela y Laura; sus yernos Roberto Alvarado y Juan Carlos Fernández; sus nietos Soledad, Diego Felicitas, Juan Manuel y Alejo”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
Con pesar y dolor fue recibida la noticia del fallecimiento de Héctor Alfredo “Milonguita” Suárez, un querido y respetado hombre que contaba con 82 años de edad. Su familia escribió en su recuerdo:
“Al irte de esta vida dejaste en la memoria de tu familia un recuerdo de alegría y esperanza, sembrando amor y sonrisas en todos nosotros.
Te vamos a extrañar mucho “Milonguita” y te llevaremos por siempre en nuestro corazón. ¡Te amamos!”
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
“Los motores están de luto: se fue esa persona que con solo oírlos en marcha sabía el dolor que les aquejaba.
Estoy seguirá que desde el lugar que te eligió Dios, debes seguir con lo que tanto amabas, que es la mecánica; ¿y sabes? Creo que hacía falta en el Cielo un mecánico como vos.
Carlos Marcial García nació en Balcarce el 18 de marzo de 1943. Pasó su niñez en Napaleofú, junto a sus padres, ya fallecidos, Olga y Pepe y sus dos hermanos: Hugo (f) y Pepe, que vive en Napaleofú.
Siempre contaba que su primer trabajo fue cuando tenía 11 años, en un taller en Balcarce, donde lo ocuparon para barrer y lavar piezas. A los 16 años fue a la Escuela Mecánica de Miramar, donde se recibió de mecánico rural. Trabajó durante diez años en El Rápido, compañía de micros de larga distancia.
En 1965 se casó con quien sería su esposa de toda la vida: Susana Elena Portillo. Vivieron casi 48 años con mucho amor, con alegrías y tristezas.
De El Rápido lo trasladaron a Mar del Plata, donde nació su primera hija: Olgui, quien tenía 23 años cuando se marchó junto a Dios. Tengo la ilusión que estén juntos haciéndose compañía.
Cuando estaba por nacer Claudia, nos vinimos a Tandil y empezó a trabajar en Antueno y Lavayén. Luego llegó Andrea. Cada hija que llegaba, era una felicidad enorme para él. También la llegada de cada nieto: Carlitos y Nicolás, hijos de Claudia; Nicasio y Elena, hijos de Andrea. Esta última no llegó a conocer por cuatro días. Era una de las cosas que ansiaba ver, pero no pudo.
Quisiera, junto a mis hijas, yernos y nietos y se que Carlos también lo hará desde donde esté, agradecer todas las muestras de cariño de familiares y amigos, pues es muy importante para nosotros. Muchísimas gracias a todos”.
“Gordito: se que el camino que queda a recorrer en muy difícil. Pero por favor seguinos guiando para que se nos haga más fácil y mi amor, no lo olvides vos y Olgui, los sigo esperando ¿la cita? La cita esta noche y todas las noches, cuando esté soñando”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
A los 66 años de edad, el pasado sábado 22 del corriente falleció Ramón Oscar Murúa, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Ramón nació el 5 de noviembre de 1945 en la ciudad de San Andrés de Giles. Casado con Aída Ceferina Aguilar con quien compartió 45 años de su vida y con quien tuvo 4 hijos: Ceferino, Pablo, Marcela y Karina.
Durante su vida trabajó en diferentes y variados lugares en donde cosechó un sin número de amigos que lo acompañaron hasta último momento.
“Papá, querido Viejo, gracias por todo lo que hiciste y nos dejaste, a veces uno piensa qué decir o escribir en estos casos y generalmente sale poco, pero todo se resume a un enorme gracias, por la vida ejemplar que llevaste, por la familia que formaste, por dejarnos una empresa en marcha, por ser tan amigo de tus amigos, de los amigos de tus hijos y hasta de los de tus nietos.
Alguien nos dijo en estos días que ahora debemos encargarnos de darle lustre a nuestro apellido y decimos que es lo contrario, nuestra tarea será mantener el inmenso y luminoso brillo que vos le diste.
De tantas cosas y ejemplos que dejaste, rescato entre algunas, el coraje para enfrentar la vida, el ejemplo de tesón y trabajo al servicio de todos, las 24 hs de cada día.
La entereza y dignidad con que enfrentaste tus últimos tiempos en este mundo, sin quejarte, sin protestar en ningún momento ante el dolor para no preocupar aun mas a tu familia, esa bendita vocación de dar y ayudar a todos, haya sido por la familia, por los amigos, o por algún conocido, nos queda la paz y serenidad de haber dejado todo y acompañarte siempre, en la salud y prosperidad… o en el ultimo y penoso tiempo, el amor que nos unió y que tan fácil brindaste a tantos, es el mejor legado que un hijo puede recibir, te fuiste lleno de amor, dando y recibiendo amor, como solo vos supiste hacerlo, ayudando hasta que doliese.
Papá ¿con qué te fuiste?, ¿que te llevaste?, si nos dejaste todo. Tu ausencia nos deja una Paz y la tranquilidad de lo que había para decirte lo escuchaste en vida. Un orgullo enorme y la felicidad de que hayas podido revertir tu historia, haciendo en esa construcción cotidiana mejor la nuestra.
No te escribo en despedida, porque estás en la música, en el paisaje, en cada lugar donde respiro. Y como alguien dijo: ¿quién repite esta raza, esta raza de uno? Pero, ¿quién la repite con trabajos y todo?
Papá, querido viejo: gracias por amarnos a todos, y a todas”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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