Necrológicas
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EMILIO ARMANDO VARELA
A la edad de 67 años, el pasado sábado 12 del corriente dejó de existir Emilio Armando Varela y su familia escribió en su recuerdo:
“Qué podríamos decir más que agradecerte por tu amor y apoyo incondicional de siempre.
Sabemos que desde algún lugar nos vas a seguir guiando. Te recordaremos siempre con mucho amor y cariño”.
(Tu esposa Piru; tus hijos Sergio, Emilio y Vanina; tus hijos políticos Adriana y Ariel y también tus hermosos nietos: Tomás, Martina y Benjamín).
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JULIA ISABEL PERALTA
A la edad de 59 años, el pasado 14 de abril se apagó la vida de Julia Isabel Peralta; su familia escribió en su recuerdo:
“Julia: ¿qué podemos decir? Te fuiste flaca y sabes una cosa ¡no lo podemos creer! Con vos se fue un ser muy especial.
Abrasaste con devoción la profesión de enfermera. Lo hiciste con verdadera vocación.
Desde muy jovencita te dedicaste a lo que ya tenías muy en claro: cuidar del otro con amor, dedicación, respeto, pero, por sobre todas las cosas, con una calidad humana que sobrepasa a todo.
La vida no te dio hijos, pero te sentiste madre de todos tus sobrinos, hasta tuviste la alegría de que uno de ellos naciera en el Día de la Enfermera. Qué orgullosa te sentías de serlo.
Buena hija, excelente hermana y mejor amiga de tus amigas.
Te vamos a extrañar y recordar siempre, en cada planta y en cada flor que tanto amabas. Agradecemos a Dios por darnos la oportunidad de haberte conocido y compartir tantas cosas lindas contigo ¡Te amamos!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
MARIANO ANTONIO FERNANDEZ MUÑOZ
Dolor y tristeza ha provocado la noticia del fallecimiento de Mariano Antonio Fernández Muñoz, un querido y respetado hombre que contaba con 60 años de edad. Su familia lo recuerda con estas palabras:
“Simplemente Mariano… hay personas que trascienden en la vida y se las conoce simplemente por el nombre, pasar por ésta y ser reconocida, obviando el apellido, habla a las claras que fue algo en la vida de un montón de gente.
Trabajaste largos años con la enfermedad a cuestas, peleándole al destino, con fe cristiana y no doblegándote ante el insoportable dolor, de ver día a día cómo tus sueños de desasían junto con tu cuerpo… pero… es sabido, el destino siempre gana…
Fuiste padre, hermano, hijo, sostén de tu madre, de tus hermanos, pendiente siempre de los demás. Te hiciste cargo de tu madre y tu hermano menor al fallecer tu padre, al prometérselo en su lecho de muerte, resignando tu vida en pos de los demás.
Trataremos de honrar tu legado. Aunque ya no estés físicamente con nosotros, siempre estará tu espíritu.
Agradecemos al doctor Ricardo Ferreyro (más que medico, amigo confidente), al enfermero Vitorio y a las enfermeras Laura y Sandra. Al igual que a la plantilla de médicos y enfermeras del segundo piso de la Clínica Chacabuco. A los amigos del alma Juan Domingo Martínez y Antonio Ridao.
A todos aquellos que a lo largo de la vida, supieron de su bonomía, humildad, honestidad, de su amistad incondicional, premiándolo a su vez con amistad y cariño”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ROBERTO CARLOS VOUILLOZ
El pasado lunes 7 del corriente falleció Roberto Carlos Vouilloz, un querido y respetado hombre que contaba con 81 años de edad. Sus seres queridos lo recuerdan así:
“Viejo: feliz cumple. Cómo explicarte lo importante que fuiste, sos y vas a seguir siendo para mí. Personas como vos hay pocas, siempre de tan buen humor, siempre sacando risas y alegrando a todos en las buenas y en las malas.
La verdad en este momento tengo un hueco en el corazón en el que siempre vas a estar presente y lo que te extraño es increíble, daría muchas cosas con tal de verte aunque sea un minuto nada más y escuchar tus silbidos, tus chistes constantes, tus cantos, escucharte a vos, hablar con vos, tocar tu nariz de boxeador deshuesada ja,ja,ja y abrazarte una vez más aunque sea.
No me olvido más de cada viaje a Tandil, todos los ratos que pasé con vos, me acuerdo que hace menos de cinco años jugábamos al futbol y nos moríamos de risa juntos, todas las veces que fuimos juntos al Calvario, las veces que estuve en tu casa con mis papás o con mis amigos. Siempre me recibiste con los brazos abiertos y eso lo valoro demasiado.
Te podés quedar más que tranquilo y podés descansar en paz porque la abuela va a estar más que cuidada y contenida con nosotros, nunca va a estar sola, sabemos cuánto nos necesita y siempre vamos a cuidar a la “Carola”.
Sinceramente solo tengo palabras de agradecimiento para vos Rober y con este textito me quedo muy corto sabelo, fuiste el mejor y sabés que siempre voy a estar con vos y vos siempre vas a estar presente en mi mente y en mi corazón, nunca pero nunca te voy a olvidar. Gracias por tanto, espero volver a verte… Te amo”.
Fran Sicardi.
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“Se me hace complicado resumir en una carta lo que fuiste y seguís siendo para mí. Antes que nada, gracias por ser mi abuelo y por cumplir el rol que te tocó de la mejor manera. Realmente, no tengo ni un recuerdo malo con vos, siempre fuiste alegría y era imposible estar de mal humor cuando vos estabas cerca. Todavía tengo en mi memoria los días que nos armabas la carpa para jugar, allá en la casa del parque, o cuando nos llevabas a la pileta pública y nos esperabas hasta que saliéramos. También tus silbidos (nunca me voy a olvidar que me enseñaste a silbar) y tus apodos, que eran los mejores y más graciosos. Voy a hacer lo posible para irme para Tandil cada vez que pueda para cuidar a la abuela y a la Carola.
Sinceramente, y no por el hecho de haber sido mi abuelo, fuiste una persona única, y te voy a extrañar por el resto de mi vida. Sé que son cosas de la vida estas, y que hay que aceptarlas, y sé que estás en un lugar mejor en este momento. Simplemente quiero decirte gracias, aunque no sea suficiente para agradecerte todos los momentos de alegría que me diste. Sos irremplazable. Gracias. Te amo abuelo, siempre vas a estar en mi corazón.
Juan Sicardi.
INES RAQUEL MARQUEZ de GARCIA
A la edad de 53 años, el pasado viernes 11 del corriente se apagó la vida de Inés Raquel Márquez de García, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
“Nanci” García nació el 19 de julio de 1958 en Federal (Entre Ríos); hace ya más de treinta años se casó con Daniel Alberto García y se vinieron a vivir a esta ciudad; dedicándose a los quehaceres domésticos, además de ser una buena madre de sus hijos Mauricio Daniel, Gastón Alejandro y Daniela Soledad, quienes hoy lamentan su partida, pero queda en ellos la imagen de su figura sabiendo que descansa en paz junto a Dios,
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio municipal de San Manuel.
DORA ALCIRA MALDONADO de RIVAS
Pesar y angustia ha provocado la noticia del fallecimiento de Dora Alcira Maldonado de Rivas, una querida y apreciada mujer que contaba con 88 años de edad.
Dora nació en esta ciudad el 23 de noviembre de 1923; vivió muchos años en estación Cangallo, era la mayor de tres hermanas: Clara Alicia y María Teresa.
Siendo muy joven contrajo matrimonio con Antonio Rivas y de esa unión nacieron sus cinco hijos: Carlos, Miguel, Raúl, Alberto y Roberto.
Luego, la familia se radicó en esta ciudad, en la zona de la estación ferroviaria, instalando Despensa Rivas, en avenida Colón al 1500, dejó muchos amigos, vecinos y clientes.
Más tarde se fueron sumando sus hijas políticas: Marta Pereyra, Olga Galloso, Lidia Pereyra, Viviana Cosellu y Alejandra Vidoz y después sus nietos: Pablo, Gimena, Mariana, Victoria, Santiago, Martín y Abril.
Era muy buena cocinera, sus ricos platos eran famosos y le gustaba tejer a mano.
Su familia agradece al Hospital Santamarina, cuyos médicos y personal pusieron mucho amor y dedicación en su atención, extensivo a todas las personas que acompañaron en este difícil momento.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
DOMINGA GERVASIA ECHEGARAY de CUETO
Cuando contaba con 97 años de edad, el pasado jueves 10 del corriente, se apagó la vida de Dominga Gervasia Echegaray de Cueto, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Dominga nació y se crió en Tapalqué; allí conoció a Aurelio “Lelo” Cueto (f), estuvieron varios años de novios, luego se casaron y tuvieron a su única hija; Mabel Edith.
“Querida abuelita: el tiempo ha quedado atrás y seguiste caminando por la vida casi sin darte cuenta de los años andados y hoy Dios decidió que tu vida se apagara dejando un profundo dolor en tus seres más queridos.
No alcanzarían las palabras para describir lo linda y buena persona que eras, son un ser inolvidable en nuestras vidas.
Cada uno de nosotros quiere agradecerte por todo el amor que nos brindaste y por habernos ayudado todas las veces que lo necesitamos. Fuiste una gran madre y una abuela tierna, dulce y complaciente con los “caprichos” de tus nietos.
Fue hermoso verte envejecer junto a nosotros, acompañándonos en cada etapa de nuestras vidas. ¡Gracia querida abuela por brindarnos el cariño y tu gran amor!
Tu recuerdo estará siempre en nuestra memoria y vivirás en el corazón de todos. Te amaremos eternamente.
Tu hija Mabel, tu yerno Julio, tus nietos Sergio, Norita y Julia; tus nietos políticos Mónica, José (f) y Alejandro; tus bisnietos Emanuel, Altagracia, Marcelino, Ana Clara y Anabela”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio municipal de Tapalqué.
JOSEFINA AURORA GILES
A la edad de 83 años, el pasado martes 1 del corriente partió a la Casa del Padre, Josefina Aurora Giles, confortada con los sacramentos de la Iglesia. Su familia la recuerda así:
“Junto al lecho de tu cama
fueron tres meses de vida,
de acompañarte en silencio,
de pesares, de fatigas,
de acariciarte las manos,
de velar cuando dormías,
de rezar juntas, rosarios,
de meditar con la Biblia.
Bajito me conversabas,
me contabas de tu vida,
de aquello que nadie sabe,
pero que yo intuía.
Parecía que la Virgen
preparaba tu partida,
cuando yo te hablaba de Ella
tu siempre me sonreías.
Te acompañé hasta el final,
ya era la despedida,
sólo te solté la mano
cuando el Señor ya venía
a llevarte al Paraíso,
era lo que merecías.
¡Gracias por tantos momentos
de esta amistad compartida!
Siempre creí que te daba
y era yo, quien recibía…”.
(Charito)
BEATRIZ CANO MOLINA de FERNANDEZ
Nacida el 11 de octubre de 1913 en Antas, provincia de Almería (España), doña Beatriz Cano Molina de Fernández conservaba a sus 98 años gran lucidez y sabiduría, sorprendía con su chispa y la gracia propia del pueblo al que pertenecía.
Llegó a este país con tan sólo diez años, junto a un hermano de 16, para reencontrarse con su padre Ginés y otros dos hermanos, al año se les uniría su madre Damiana.
Instalados en proximidades de Tandil, la actividad de la familia estaría por siempre ligada al campo.
Muy joven conoció a Simón Fernández, joven nativo de Antas, con quien contrajo matrimonio con sólo 16 años. Formaron una gran familia con cinco hijos: Josefa, Beatriz, Diego, Ginés y Ana. Con mucho dolor pierden a Diego, siendo muy niño y a Ana siendo muy joven. Con el transcurrir de los años, también llegarían 9 nietos, 17 bisnietos y un tataranieto.
Como gran parte de los inmigrantes que se establecieron en este país, por esos años construyeron un porvenir venturoso para su familia, con mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio.
Doña Beatriz enviudó a principios de 1993 y desde entonces estuvo rodeada del cariño de la familia y el cuidado de las asistentes, tratándola con mucho amor.
El pasado jueves 3 del corriente, en una cálida tarde de otoño, con tanta vida a cuestas, en silencio emprendió su partida.
“Querida abuela Beatriz: conservamos en nuestra memoria sus expresiones y frases tan particulares, sus pensamientos y las increíbles anécdotas de ser niñez y juventud”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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