Necrológicas
PEDRO CHARO
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Accedé a las últimas noticias desde tu email “Pedro fue un querido hermano y amigo de muchos y es posible decir de él… pasó haciendo el bien.
Conocimos a Pedro en Fraterna Ayuda en los tristes momentos que vivía el país en 2001, se había quedado sin casa y aún no percibía su jubilación. Fue de esas personas de las que se puede decir que empiezan a formar parte de uno desde que se las empieza a tratar.
Pedro tenía en su alma un corazón enorme y alas para volar, imaginar e inventar; es así, que cuando soñamos entre varios un lugar para ´los más grandes de edad´, Pedro creyó en ese sueño y trabajó incansablemente para lograrlo.
Y es ahí que nació el Grupo “Los Grandes” de FAC, que cobijaba a los de la Tercera Edad, como risueñamente se llamaban: hacían teatro, participaban de encuentros en Adderly, Sol de Otoño o María Auxiliadora, cada mes iban al Jardín 904 con los “Abuelos cuenta cuentos”, jugaban a las bochas, a las cartas, en medio de matecitos con buñuelos.
Pedro fue el alma grande del grupo, siempre atento y caballero, con palabras de esperanza y amor…
Para todos los que tuvimos la felicidad de conocerlo, ahora sabemos que tenemos un ángel en el Cielo mirándonos y acompañándonos con amor”.
(Tus hermanos del Grupo “Los Grandes” de Fraterna Ayuda del Carmen).
Rubén nació el 16 de agosto de 1932 en Remedios de Escalada; desde muy joven estuvo en esta ciudad, trabajando en Tandilfer y luego desempeñó tareas como empleado de Metalúrgica Tandil.
Con su mujer Edelvis “Titi” Rigle Pizzol conformaron una hermosa familia junto a sus dos hijos: Laura y Marcelo; después se convirtió en el querido abuelo de sus nietos Mauro y Catalina.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
“Querido Abuelo: siempre te vamos a tener en nuestro corazón, sos un ejemplo de fuerza y sabiduría ¡Te recordaremos eternamente, te amamos”.
(Tu esposa, hija, nietos y familia).
Don Luis había nacido en Ingeniero White (Bahía Blanca) y desde hace muchos años estaba radicado en esta ciudad.
“Ahora partió hacia la Casa del Señor y descansa en paz”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
A la edad de 87 años, el pasado sábado 7 del corriente falleció Antonio Molina, causando dolor y pesar entre sus familiares y amistades.
Antonio había nacido en Benito Juárez el 22 de diciembre de 1924; era hijos de José Molina y María Pérez, siendo el mayor de ocho hermanos.
A los 12 años se retiró de la casa paterna para trabajar en diferentes tareas rurales hasta los 20 años, en que fue convocado al servicio militar que efectuó en San Carlos de Bariloche.
A su regreso conoció a Octavio “Bocha” Brivio, quien le ofrece para sembrar papas, actividad que desarrolla hasta 1964, en que es designado encargado de la estancia Las Lomitas, ubicada en el paraje El Empalme, hasta que alcanza su merecida jubilación.
En plena juventud contrajo matrimonio con Maruca, conformando una hermosa familia junto a sus hijos Eduardo y Betty, que con el paso de los años se casaron con María y Fito respectivamente y le dieron la alegría de disfrutar de sus nietos: Ricardo, Esteban, Victoria, Sebastián, Laura y Graciela.
Luego llegaron sus nietos políticos: Eugenia, Celeste, Paola, José y Marcelo, que le regalaron siete bisnietos: Martiniano, Martina, Tomás, Evelyn, Abril, Valentín y Angeles, quienes lo llenaron inmensamente de felicidad.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
“Antonio: fuiste un excelente esposo y padre. Disfrutaste de infinidad de reuniones con tu numerosa y unida familia, a la que guiaste con tu ejemplo de honradez ¡Te queremos mucho!”.
Antonio nació en esta ciudad el 7 de noviembre de 1923: era hijos de padres italianos: María Gracia Bonafiglia y Roque Miguel Gilardi; cursó sus estudios en la Escuela Nº 80 hasta segundo grado y por necesidad dejó de estudiar y se dedicó a trabajar.
A los 18 años conoció al amor de su vida: María Delia Verón, y estuvieron siete años de novios. Se casaron en 1980 y tuvieron cuatro hijos: Luis Martín, Miguel Angel, Antonio Aníbal y Dora Angélica.
A los 22 años ingresó a la policía en Tres Arroyos: En 1948 dejó de prestar servicios en la policía y pasó a desempeñarse en el ferrocarril, donde estuvo por espacio de 35 años, dedicándose exclusivamente a la actividad de artesano, hasta que enfermó en 1982. Su esposa lo cuidó hasta su último día de vida.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
“Abuelito: hoy ya no estás con nosotros, pero todos te vamos a recordar como el gran hombre que fuiste… maravilloso, trabajador, honesto y sobre todo un gran luchador.
Luchaste treinta años de tu vida con tu enfermedad, por eso nuestro dolor es inmenso. Sabemos que desde arriba nos vas a cuidar y nos vas a guiar por el sendero correcto, porque para muchos de nosotros sos nuestro ángel guardián… Te vamos amar y extrañar por siempre… chau abuelito”.
(Tu esposa, hijos, nietos y bisnietos).
En Mar del Plata donde residía, se produjo el fallecimiento de Gerardo Binasco, quien contaba con 71 años de edad.
Gerardo era tandilense de nacimiento, hacía más de treinta años que estaba viviendo en la vecina ciudad, de profesión gasista–plomero. Aquí se destacó jugando al fútbol, pasando por varios clubes, luciendo la camiseta de su amado Ferro, como wing derecho, siempre se acordaba de sus compañeros.
Aquellos que los conocieron sabían de su carácter bonachón, buen amigo. Ante las adversidades de la vida supo luchar. Quedó solo con sus cinco hijos pequeños, ya que su esposa falleció muy joven, a los 34 años. Le había prometido a su querida Susy que iba a criar a sus hijos todos juntos y así lo hizo, sorteando obstáculos, luchando ante las injusticias que la vida le puso por delante.
Ambos tenían alma de aventureros, así llegaron a Mar del Plata, atesorando un sueño: la casa propia; meses después de fallecer Susy le entregan la casa y allí siguió, hasta ver crecer a sus hijos, hacerse grandes, dejaron de ser pichones y volaron, pero siempre regresaban a su “nido” donde papá los esperaba.
Una cruel enfermedad le llega, y otra vez la lucha, pero esta vez hacia un viaje.”Hoy te lloramos en Tandil quienes no estuvimos para despedirte en tu partida hacia La Casa del Señor. Allí te encontrarás con tu querida Susy. Junto a Dios bendecirán a ellos: sus hijos y nietos”.
(Tu cuñada Nelly y familia).
María nació en esta ciudad el 7 de septiembre de 1935; cursó sus estudios primarios en el Colegio Sagrada Familia y los secundarios en la Escuela Normal.
Muy jovencita perdió a su papá en un accidente de aviación, por lo cual abandonó sus estudios y se fue a trabajar a Buenos Aires.
Más tarde regresó y comenzó su actividad laboral como empleada administrativa de la firma Magnasco S. A., actividad que la contó por espacio de muchos años.
Había conformado su hogar junto a su esposo Manuel González y tuvieron dos hijos: Martín y Fernando, que luego se casaron y le dieron la alegría de disfrutar del cariño de sus nietos: Martina, Manuel, Agustín, Tomás y Paloma.
El destino la golpeó duramente, ya que perdió a su esposo muy joven y debió luchar con sus hijos muy pequeños. Estuvo como secretaria del Servicio de Radiología de la Clínica Paz, hasta que alcanzó su merecida jubilación.
Fue una mujer muy activa, destacándose como socia fundadora e integrante de las comisiones directivas del Museo Fuerte Independencia, secretaria de la Comisión de Damas del Hospital Ramón Santamarina, por cuyas instituciones trabajó incansablemente.
Durante su enfermedad fue atendida y cuidada por sus hermanos Kity y Oscar, su cuñada Mary, hijos y nietos, quienes hoy lamentan profundamente su partida.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
“Pety” Reguera había nacido el 6 de mayo de 1933 en Rauch; era hija de Ana Ratigán y Ramón Reguera.
En su juventud contrajo matrimonio con Angel Barragán, tuvieron un hijo: Angel Ramón, que luego conformó su familia con Susana Inglese, que le dieron cinco nietos: María Belén, Fernando, María José, Franco y Federico.
Su familia agradece al personal de Cami, de la Clínica Chacabuco y en especial a la doctora de cabecera Graciela Grande. Asimismo agradecen a todos quienes acompañaron en tan difícil circunstancia.
“Solo pedimos a Dios que encuentres tu paz y la vida eterna ¡siempre te llevaremos en el corazón y te recordaremos eternamente!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Daniel había nacido en Azucena el 8 de septiembre de 1959; era hijo de Teresa Elvira Romero y Aparicio David Ugarte (f). Hace pocos días, el viernes 20 cumplirían 27 años en pareja con Mónica Silvana Beringuer, con quien tuvieron cuatro hijos: Gerardo, Daniel, Mariano y Marina.
De su primer hijo tuvieron dos nietos: Agustín y Leonardo y ahora esperaba al tercero de su hija Marina.
El pasado domingo 1º de abril pudo cumplir su sueño de casarse con su querida Mónica en la Capilla de Azucena, siendo acompañado en ese hermoso momento por su familia y amigos.
Después de dos años y medio de sufrimiento, esta cruel enfermedad le ganó y Dios se lo llevó para que desde una estrella guíe a su familia.
“Fuiste un gran luchador, un gran esposo y un excelente padre y abuelo.
Te amamos y te extrañamos mucho, pero siempre estarás en nuestro corazón”.
(Tu esposa, hijos, hijos políticos y nietos).
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Inés nació el 30 de abril de 1926 en Italia; llegando a la Argentina en 1955 junto a su esposo e hijo llenos de proyectos e ilusiones, que poco a poco fueron logrando.
Se destacó como una eficiente y laboriosa ama de casa, dedicándose plenamente a su familia. Con el paso de los años tuvieron otro hijo; además le regalaron seis nietos, a quienes disfrutó con mucho amor y cariño.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
“Parece mentira, hoy, estar escribiendo esto.
Te nos fuiste Rober y no lo podemos creer aún.
Roberto naciste en Las Flores, como nacieron ahí tus padres y tus abuelos. En esa ciudad conociste al gran y único amor de tu vida: Ada. Siguiéndola, echaste raíces en Tandil, pero nunca dejaste de volver a tu pago y jamás dejaste de enseñarnos el valor de las raíces.
Ya en Tandil, comenzaste una larga carrera en el Banco de la Provincia, patrón al que siempre estuviste agradecido. Luego vendrían los chicos: Marcelo, Atilio y tus tesoros más queridos, Nacho, Tomy, Facu y Valen. Y por supuesto tus nueras: Marce y Vane; a quienes considerabas hijas.
Te desviviste por todos, siempre estuviste al lado de mamá, al lado nuestro, al lado de tus viejos, de tus suegros, de tus hermanos, de los chicos. Siempre poniendo el hombro, el consejo, el esfuerzo. En fin, todo, sin pedir nada ni esperar nada a cambio; un tipo incondicional para cualquier cosa. Nos enseñaste a “apechugarla cuando vienen verdes y a disfrutar cuando vienen maduras”. A vivir a pleno.
Por eso Robert, nos dejaste un vacío enorme como tu corazón, sos de esos tipos que no se olvidan nunca, que cuestan encontrar y que uno le pide a Dios con toda la fuerza imitar. Invertiste todo en ser un buen tipo y ese fue el mejor negocio de tu vida.
Hoy estás donde te mereces, junto a Jesús, tomando mate con Cata y Petrona, pescando grandes peces con Tito, Julio y Joaquín.
Un ángel que nos quiere, nos dio esta oración de San Agustín, que seguramente mandaste vos para consolarnos:
“No llores si me amas.
¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudieras oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!
¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Creedme: cuando la muerte venga a romper las ligaduras, como ha roto las que a mí me encadenaban, y cuando un día, que Dios ha fijado y conoce, tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a ver a aquella que te amaba y que siempre te ama, y encontrarás tu corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme, pero transfigurado, extático y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando contigo, que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.
Enjuga tu llanto y no llores si me amas”.
Pero Rober, no podemos parar de llorarte, tenemos paciencia. ¡Un beso grande y te queremos mucho! Ada, Marcelo, Atilio, Marcela, Vanesa, Nacho, Facu, Tomy y Valen.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
“Abuela Beba: te extrañamos desde el primer día que dejaste esta tierra para partir a ese maravilloso Cielo que te ganaste, por ser tal cual eras: una gran persona, honesta, sincera y generosa, que nos dio todo su amor sin pedir nada a cambio.
¡Qué difícil será el camino sin tenerte cerca! Pero desde allá arriba seguramente estarás cuidándonos y guiándonos como siempre lo hiciste.
Jamás te olvidaremos. Dejaste hermosos momentos y grandes enseñanzas que perdurarán para siempre en la memoria de cada uno de nosotros, que tuvimos la suerte de conocerte.
Abuela, mujer admirable, no has muerto, y nunca lo harás porque no se muere cuando el corazón deja de latir, se muere cuando en los recuerdos se deja de existir y tu estarás presente. Estás aquí, estás viva, para todos, para mí.
Estarás siempre en nuestro corazón como la mejor abuela, madre, amiga y compañera. Sus ejemplos de vida ¡Te amamos!
(Tus hijos Gusi y Tití, tu yerno Juan, tus nietos Martín, July y las Marías (Euge, José y Cecilia), tus nietos del corazón Cristian O., Lucas y Christian Ch. y tu bisnieto/a que viene en camino”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron cremación en el Crematorio de Dolores.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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