Necrológicas
ALICIA RENE DE LORENZO de BIDAURI
A poco de haber cumplido sus 56 años, una enfermedad sigilosa aceleró su tarea y la partida no se hizo esperar: el pasado lunes 7 del corriente.
Alicia había nacido en esta ciudad en 1950, siendo sus padres Reneé Ocky y Felipe de Lorenzo, con quienes creció en la estancia La Manga; años más tarde llegó a la familia su hermano Ricardo, de quien ella estaba profundamente orgullosa.
Cursó sus estudios primarios en la Escuela de Los Mimbres y la secundaria en la Escuela Nº 7.
En plena juventud conoció a quien sería su compañero durante 38 años: Osvaldo Bidauri, contrajeron matrimonio en 1974. Un año antes la vida la golpeó duramente, cuando en un accidente de tránsito murió la abuela Renée.
Vivieron en la zona de Los Mimbres donde nacieron sus dos primeras hijas; años más tarde se radicaron en la estancia Siempre Verde, en Barker, donde nacieron sus dos hijos restantes y donde dedicaron sus días a la actividad agrícola, donde ella era una gran colaboradora y apoyaba cada proyecto e iniciativa.
Con el paso del tiempo la familia fue creciendo, con la llegada de sus hijos políticos, que le dieron la satisfacción de disfrutar de tres nietos: Juan Manuel, Agustina y Francisco, quienes la alegraron y hoy la extrañan.
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?Mamá, mientras escribimos nos parece imposible que te hayas ido, buscamos inútilmente explicaciones ante tu muerte. Nuestro corazón tiene mil interrogantes, la razón no nos da ninguna respuesta y tu ausencia se hace cada día más difícil.
Aprendimos mucho de vos mamá, por donde pasaste dejaste huellas. Nos quedan recuerdos muy fuertes, aquellos asados en el campo, las charlas, tus comidas, tus regalos. Aquellos consejos a personas, que como a vos la vida los había puesto a prueba en la lucha contra el cáncer.
Nos queda pensar que lo que vivimos como familia fue tan intenso porque te necesitaban en otro lugar, donde seguramente estarás muy bien. Extrañamos mucho tu presencia, pero buscaremos entre todos que tu partida duela sanamente, y que sea posible la alegría del reencuentro. ¡Te amamos! (Tu familia).
Hoy te lloro triste y apenado,
angustiado y deprimido
¡y me lo permito así,
porque así lo siento!,
pero, y aunque me cuesta decírtelo.
se que mañana, volveré
a vivir el gozo de la vida,
llevando conmigo tu recuerdo
y también tu compañía…
HECTOR FELIPE GOYARAN
Cuando contaba con 77 años de edad, el pasado jueves 10 del corriente falleció Héctor Felipe Goyarán, una persona llena de vida dedicada al trabajo.
Héctor nació en esta ciudad el 3 de julio de 1932, en sus comienzos asistió a la escuela primaria y en sus libres momentos colaboraba con el reparto de leche con su padre y desde chico recorrió las calles de la ciudad.
En 1946 terminó la primaria e ingresó a la recientemente inaugurada Escuela ?hoy- Técnica Felipe Senillosa, siendo él uno de los primeros alumnos, junto a su amigo de toda la vida Mario Tosini, quien luego se convirtió en su hermano político.
Simultáneamente, en noviembre de ese mismo año comienza a trabajar en el taller de Alberto Zavagno como cadete y a la noche iba a la Escuela Fábrica, lo cual lo formó en la conducción, compañerismo, orden y trabajo.
Al cerrar esa empresa, pasó a desempeñarse en la firma De la Vega y más tarde a Ginter S. A., donde cumplió 35 años de labor, cosechando infinidad de amistades que lo acompañaron hasta el final de sus días, en el mismo barrio que lo vio nacer, formar y partir.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
OSCAR HUGO ETCHEMENDY
Con pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Oscar Hugo Etchemendy, un querido y respetado hombre que contaba con 72 años de edad.
?Totó? Etchemendy nació en esta ciudad el 22 de julio de 1937; cursó sus estudios en el Colegio San José hasta sexto grado y más tarde estudio durante dos años en la Escuela Industrial que funcionaba en Las Heras y 9 de Julio.
Muy joven perdió a su padre y comenzó a trabajar en Molinos Río de la Plata, desempeñándose en el sector administrativo.
Se casó con Marta Perco y llevaron al hogar tres hermosos retoños: María Laura, Claudia y Paula.
Luego instaló en calle San Martín el lavadero ?Tandil?, que contaba con una gran clientela; luego lo vendió e ingresó como empleado del Banco Comercial del Tandil, como chofer de los camiones blindados, hasta llegar a ser tesorero en Casa Matriz, hasta que cerrara sus puertas.
Compró su primer automóvil y se dedicó a manejarlo como remís, con una amplia clientela; hasta que en los últimos años los dedicó a su hogar, a su querida esposa y a disfrutar del cariño de sus seis nietos: Matías, Ayelén, Leandro, Milagros, Tomás y María, cinco de las cuales visitaba en Buenos Aires..
Sus últimos años fueron muy tristes afectado por una cruel enfermedad, dejando una familia consternada y llena de dolor.
Sus restos, previo velatorio, recibieron cremación en Necochea.
MARIO ROBERTO VIDAL
?A nuestro querido papá: con 88 años, el 14 de septiembre, partiste hacia la casa del Padre, dejando entre nosotros el testimonio más hermoso de una vida plena.
Al recordarte nos viene a la memoria aquellas historias que nos solías contar, de lucha y sacrificio, que marcaron tu infancia, acompañando la austeridad de un hogar que ayudaste a sostener, a tu mamá Carmen junto a tu hermano Pepe, colaborando en la crianza de tus hermanos que hoy con gratitud y dolor sienten tu partida.
Le hiciste frente a las dificultades desde muy pequeño, conociendo el trabajo de la tierra, a veces entre gente desconocida y lejos de tu casa. Tu buena educación, tus buenos modales y las enseñanzas de ?Tito?, tu papá del corazón, a quien quisiste mucho, te fueron abriendo caminos que te ayudaron a crecer y a formarte como persona de bien.
A pesar de que concurriste pocos años a la escuela, Dios te bendijo con dones que te permitieron conducirte con responsabilidad, respeto y sabiduría de vida en lugares y circunstancias ajenas a tu realidad cotidiana.
Nos hablabas de aquellos años del servicio militar que prestaste en la marina, en la ciudad de Bahía Blanca. Fueron tiempos de enriquecer tus conocimientos y saber desconocidos aún para vos. Con esfuerzo, perseverancia y compromiso venciste los obstáculos y continuaste. Todas estas vivencias te hicieron recto en el ser, sabio en el hacer y con la mirada y el corazón puesto en el bien de casa cosa que te tocara vivir.
Así te fuiste ganando el aprecio, respeto y la valoración de quienes te conocían, como Juan Mon con quien trabajaste y te presentó a la familia Capdepont, con quienes iniciaste y junto al amor de tu vida, Soledad Vázquez, nuestra mamá, un largo camino de trabajo en aquella estancia tan querida para todos, ?Don Gabriel?.
Llegaste junto a mamá, al otro día de contraer matrimonio y la lluvia de ese día caía como el agua que bendijo los 48 años de trabajo en aquel lugar que quisiste como propio, cuidando cada detalle.
Tu corazón solidario te llevó a colaborar junto con vecinos del Paraje ?El Gallo? en el proyecto para construir el edificio de la Escuela N° 41, que funcionaba en el almacén del lugar.
Allí fuiste esposo, papá y abuelo, un papá preocupado y ocupado por darnos lo mejor, queriendo dejar en el corazón de cada uno de nosotros, tus hijos, las herramientas que nos ayudarán a enfrentar la vida y aunque el trabajo era intenso, no te impidió encontrar momentos para compartir juegos, paseos, estudios que hoy recordamos con emoción.
Así es querido papá, nos sentimos muy tristes y al mismo tiempo orgullosos por lo que fuiste y queremos dar gracias a Dios que en su infinito amor, nos hizo conocer un pedacito de ese cielo en el que deseamos que estés, al vivir de tu mano el amor que nos fuiste dando cada día, en la alegría, en la dificultad, en la fiesta y en la enfermedad compartida siempre en familia y como dijo alguien cercano en el afecto, hoy vienen a la memoria recuerdos de Don Mario y todos, todos, son lindos.
Por este preciado regalo, hecho vida en tu ser, querido papá elevamos una oración por tu alma, descanse en paz. Vivirás por siempre en nuestro corazón?.
Mamá, Mario, Rosita, Margarita, Roberto y Corita, tus hijos.
Sus restos, previo velatorio, descansan en el Cementerio Municipal.
RUBEN ERNESTO FABRE
A la edad de 60 años, el pasado viernes 18 del corriente se produjo el fallecimiento de Rubén Ernesto Fabre, causando dolor y tristeza entre familiares y amistades.
?Rubén: fuiste una brisa en mi vida, compañero y amigo, en las buenas y en las malas.
Agradezco a Dios haberte conocido, hubiera querido disfrutar más contigo ?tu lo sabes?, pero el destino no quiso.
Te recordaré siempre. Tu Cris?.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JUAN DOMINGO QUIÑONES
El pasado sábado 19 del corriente se apagó la vida de Juan Domingo Quiñones, una querida y respetada persona que contaba con 64 años de edad.
Juan Domingo nació en Tres Arroyos el 1 de febrero de 1945; en su juventud viajó a Buenos Aires, donde contrajo matrimonio y se vino a vivir a esta ciudad a trabajar, desempeñándose en el oficio de arreglo de ascensores. Su pasión era seguir a su querido club Nueva Chicago.
Sus restos, previo velatorio, recibieron sepultura en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria
?Querido abuelo: gracia por dejarnos tantos recuerdos hermosos, de tus lindos momentos que vivimos juntos.
Te queremos mucho y te llevaremos siempre en nuestro corazón.
Tus nietos que nunca te olvidarán… Alejo y Aylen.
JOSE DOMINGO VERA
A raíz de un infarto y cuando contaba con 77 años de edad, el pasado martes 22 del corriente dejó de existir José Domingo Vera, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
?Mingo? Vera nació en Chile el 22 de mayo de 1932, conformando una familia de varios hermanos, entre los que se cuentan: Yolanda, Juana, Pedro, Irene y Alba Elena.
En el último tiempo estaba alojado en el Hogar San Cayetano, donde era muy querido y muy bien atendido.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MARIA SUSANA RIDOLFI de MACIAS
El pasado sábado 19 del corriente se apagó la vida de María Susana Ridolfi de Macias, una querida y estimada mujer que contaba con 59 años de edad.
Susana nació en Ayacucho el 24 de marzo de 1950 y vivió en Udaquiola, hasta que comenzó con sus estudios secundarios en la mencionada ciudad.
En 1970 ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas; en principio se recibió como Licenciada en Administración de Empresa y finalmente obtuvo el título que tanto ansiaba: Contadora Pública. En 1980 comenzó a desempeñar su actividad laboral en la DGI de Mar del Plata y pocos meses después logró el pase a la delegación Tandil de dicha repartición, donde dio todo su esfuerzo y trabajo hasta sus últimos días.
En su época de Facultad conoció al amor de su vida: Alfredo José Macías, con quien compartió toda su existencia; en 1984 tuvo la dicha de recibir a su hijo Leandro José y un año más tarde a Mariano. Siempre dio todo por sus hijos, trabajó para que nada les faltara.
Era una persona amante de la música, tocaba la guitarra desde los siete años, le gustaba cantar, tocar el teclado y bailaba folclore, lo cual la llevó a ser fanática de Los Nocheros, que quienes seguía permanentemente en distintas actuaciones y tuvo la oportunidad de conocerlos personalmente.
Asimismo, tenía un cariño muy especial por sus sobrinos de Ayacucho, a quienes siempre recordaba y cuando podía los visitaba, especialmente para las fiestas de fin de año o en sus cumpleaños.
Tenía una amistad entrañable con sus amigas de su época de estudiante: Ester Leoni, María Ester Rumbo, Cristina Gutiérrez y Sara Macaluso, con quienes se venían hasta sus últimos días.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el cementerio parque Pradera de Paz.
Dedicatoria
ALEJANDRO LUJAN GALABERT
?Papi?: a un año de tu partida, no puedo entender porqué te fuiste así de nuestras vidas, nos dejaste un gran dolor dentro de cada uno de nuestros corazones. Te quiero decir que me siento muy dolida al saber que nunca más has de volver.
Extraño todo, todo lo que pasábamos juntos, con la familia, tus jodas, jugar a las cartas, tanto yo, como mamá y todos los que te queremos, nos tuvimos que acostumbrar a no verte en tu casa.
Tantas cosas cambiaron desde que te fuiste, nos queda más que acostumbrarnos a vivir sin vos, a recordarte, que estés en nuestros corazones y presente en alguna que otra conversación recordando alguna anécdota, las bromas que hacías a los amigos, a nosotros…
Por eso te digo Papá, que siempre estarás presente en mi corazón y en mis recuerdos. (Tu hija que siempre te ama).
Te amamos: tu esposa, hijos, nietos, bisnietos, hijos políticos y amigos.
EDUARDO RODOLFO di TADA
A los 75 años de edad, el pasado lunes 21 del corriente, en los minutos finales del Día de la Primavera, dejó esta vida Eduardo Rodolfo di Tada, causando profundo dolor y pesar a sus familiares y amigos.
Eduardo había nacido en la ciudad de Benito Juárez el 10 de octubre de 1933. A muy temprana edad, sus padres Roger Antonio di Tada y Judith Hemilce Riera, se trasladaron a Tandil, siendo el menor de cuatro hermanos: Jorge Antonio (f), Roger Rubén y Mario Horacio (f).
Contrariamente a su hermanos, todos abogados, él estudiaba Veterinaria; pero por esas cosas de la vida no pudo completar su carrera.
En su juventud, contrajo matrimonio con Cecilia F. Baggesen, la que fue su esposa, su amiga, su apoyo y su motor, naciendo de esa unión Eduardo Juan. El hijo que fuera su orgullo y su alegría.
Su actividad laboral la desarrolló en el Banco Comercial del Tandil y luego en la obra social Osecac, donde se desempeñó como Inspector Verificador, acogiéndose a la jubilación en 1994.
Desde allí en adelante se convirtió en el compañero inseparable de su esposa, con la que compartía su vida y su trabajo. Supo granjearse el afecto de sus compañeros de trabajo y de sus amigos.
Su carácter alegre los hizo además de padre., compinche de su hijo, siendo para él y sus amigos, uno más del grupo.
Se fue dejándonos el recuerdo de su carácter chispeante, sus cuentos y sus anécdotas, que siempre tenía la gracia y la picardía que les imprimía al recrearlas. Amante de los deportes. Hincha fanático de Estudiantes de La Plata, pudo verlo campeón, al igual que disfrutar del triunfo y recibimiento de Juan Martín Del Potro. También fue un gran admirador del TC, el que disfrutaba desde que comenzaban las clasificaciones los viernes, hasta la final del domingo, disfrutando de un almuerzo en familia.
Como católico practicante, frecuentaba la capilla de San José Obrero en la misa del sábado a la tarde, donde decía, cumplía el oficio de portero.
Sus días se alegraron con la llegada a la familia de María Guillermina Carloni, su hija, como llamaba a la novia de su hijo. Había generado con ella una complicidad muy especial, que quedaba de manifiesto cuando quería algo: ?Decile a Guille….? ó ?Guille vení que …?.
Nos deja un ejemplo de honestidad, de principios, de lealtad y de responsabilidad. De cariño, de alegría por la vida, de su fe inquebrantable que lo acompañó hasta el final.
Quizás hoy lloramos su ausencia, pero siempre recordaremos el hermoso legado que nos dejó, como esposo, como padre, como ser humano. Su sabiduría y su intelecto. Su amor por los libros y por la música.
En el tiempo que duró su enfermedad nos dio un ejemplo de estoicismo y de coraje que mantuvo hasta sus últimos momentos, participando en el Rito de la Unción rezando con el padre Marcos con profunda fe y confianza en el Creador, rodeado de su esposa, sus hijos, su hermano Roger, su familia, quienes estuvieron a su lado hasta el momento final.
Y podemos decir con la paz que nos da la resignación, que tuvimos la dicha de compartir su vida, que lo vamos a extrañar y que siempre estará en nuestros corazones, provocando alguna sonrisa al recordar algunos de sus chistes agudos y oportunos con que siempre nos sorprendía. Su espíritu jovial y cariñoso nos envuelve haciendo que la pena sea menos dolorosa recordando todos los días su amor por su familia, sus seres queridos y su profunda fe en Dios.
Sus restos, previo velatorio, descansan en el cementerio parque Pradera de Paz.
QUINTILIA DINA ALBERIGI
Con muestras de pesar y angustia fue recibida la noticia del fallecimiento de Quintilla Dina Alberigi, una querida y apreciada mujer que contaba con 96 años de edad.
Dina nació el 27 de mayo de 1913 en Luca (Italia), llegó a la Argentina acompañada por su esposo Valentín Papera, padre de sus tres hijos Yolanda, Bartolomé y Amerigo, que fallecieron por diferentes motivos. Viuda de Valentín se mudo a Buenos Aires con sus dos hijos varones.
Con el transcurrir del tiempo, contrajo matrimonio en segundas nupcias con Juan Peduto. Cuando enviuda de Juan, se vino a Tandil para compartir su vida junto a su hijo Amerigo, su nuera y sus 5 nietos: Dina, Juan, Gabriel, Pablo y Cecilia Papera, que ya vivían en esta ciudad.
Años después la vida le regaló la posibilidad de conocer a sus 3 noninos (bisnietos) como ella los llamaba, Micaela, Fausto y Valentino.
A los 96 años contaba con buena salud y una mente que transitó casi un siglo de vivencias, recuerdos y avances tecnológicos, que nosotros le mostrábamos, explicábamos la utilidad y ella escuchaba atenta.
?Abuela: ahora sí pudiste al fin reencontrarte con tus hijos. Te queremos mucho. Dina, Pablo y Ceci?.
Sus restos, previo velatorio, fueron trasladados al crematorio de la ciudad de Miramar.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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