Necrológicas
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMARIA DEL CARMEN PUEBLA de MARCHIONI
El pasado jueves 24 de diciembre se apagó la vida de María del Carmen Puebla de Marchioni, una querida mujer nativa de Bahía Blanca, pero radicada desde hace tiempo en el barrio de Costa Rica al 300.
María del Carmen había conformado su hogar con sus hijos: Fernando, Heber y Romina; su hija política Ana y sus nietos: Agustina, Enzo y Bruno; su compañero Rubén Coral y sus hermanos Liliana y Gerardo, quienes al igual que su madre, Soledad, lamentan profundamente su partida.
?Negrita? para todos los que te conocimos, siempre te conformaste con poco y nos brindaste todo.
Generosa, alegre, siempre pensando en los demás. Buena amiga, buena madre, buena compañera.
Nos dejas un gran vacío, pero llevamos en el corazón todo el amor que nos diste siempre ¡Te amamos?.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque El Paraíso.
ELISA CORRADI de CLEMENTI
A la edad de 87 años, el pasado 11 de octubre se produjo el fallecimiento de Elisa Corradi de Clementi y sus seres queridos la recuerdan así:
?Entre canas y manos arrugadas
nos pasamos lo mejor de nuestro tiempo.
Cómplice de travesuras, consejos,
tardes de sonrisas y tristezas.
Entre canas y manos arrugadas
con tus fuerzas que no, que no quieren
despedirse, te acercas a nosotros
dándonos una caricia que quisiéramos
que nunca terminara.
Entre canas y manos arrugadas
el camino al cielo se abre, y el abrazo
tan esperado de Dios para recibirte.
Hasta siempre, te amamos
con todo nuestro corazón
(Armando, Susana, Pamela y Luciana)
JUAN ADOLFO CORRADO
Después de afrontar con mucha dignidad el proceso de una cruel enfermedad, a la edad de 74 años, el 22 de diciembre de 2009, falleció Juan Adolfo Corrado, el ?Chila?, como lo llamaban afectuosamente y lo conocían todos, especialmente, sus familiares y amigos.
Juan Adolfo nació en Tandil, el 4 de abril de 1935, hijo de Rosa Spina y Luis Corrado. Sus hermanos: María Teresa ?Porota?, Raquel ?Chicha?, Roberto ?Beto? (f) y Luis Antonio ?Pocho?(f).
En su juventud conoció a su gran compañera y amada esposa, Olga Carmen Peralta, con quien constituyó su familia integrada por sus hijas, Débora y Rosana. A lo largo de su existencia ?Chila? adoptó como hijos, ahijados, sobrinos o amigos otros seres queridos como: Susana, Graciela, María Rosa, Rubén, Daniel, Ignacio, Pedro, Darío, Mariana, Paula, María Laura, Gustavo H. B., Alejandro, César, Gustavo de M., Alfredo, Cristina, Analía, entre otros, y luego de muchos años nació, su gran debilidad, su luz, la ?nieta-hija?, Candela Tomasi Corrado.
En el transcurso de su vida trabajó como empleado administrativo en diferentes instituciones y empresas. Más de 40 años fue parte del personal de Ronicevi, dedicándole tiempo completo hasta su jubilación. Como lo describe en su libro, el jefe y amigo Nicodemo Vicente Mazzone: ?(?) un administrativo de honradez ejemplar. Solo él y yo sabíamos los saldos?.
Como nos relató afectuosamente Hugo Nario y familia, quienes conocieron a ?Chila? saben de sus virtudes de ?(?) hombre de bien, excelente esposo, padre, abuelo, amigo, compañero, trabajador leal. Fue un ser integro, honesto, sencillo, alegre, humilde y de gran corazón?. En su esencia, un espíritu generoso y solidario, que siempre estaba dispuesto para ?hacer el bien? y ayudar al otro.
El respeto por el prójimo, lo llevó a integrar y participar desde su adolescencia hasta su vejez, en distintos grupos, iniciativas (como su inolvidable Club Dock Sud o el Club Defensa), comisiones o centros de estudios, con los cuales se comprometía y mostraba otras virtudes, la responsabilidad, la presencia, el conocimiento de la realidad y la sensibilidad social.
Chila fue un hincha fanático de San Lorenzo y Santamarina. Una de sus pasiones, la vida en la naturaleza, disfrutó de las caminatas por diversos cerros, las sierras de Tandil y la zona, las ?crotiadas? por las vías (con Nido de Cóndores) y recorrió todos los paseos de la ciudad, siempre en compañía de Olga, de sus hijas, su nieta o amigos.
Su hobby favorito, salir a correr y prepararse cada año, con mucho entusiasmo y alegría para la tradicional y apasionante prueba atlética ?La Tandilia?, en la cual participó más de 25 años consecutivos.
Disfrutó cada etapa de su vida, supo aceptar y adaptarse a sus ?limitaciones? o cambios físicos, y así en los últimos años salía a caminar, dos o tres veces por semana, jugaba a las bochas, al tejo o a las cartas, en el Centro de Jubilados; e incluso participó en los Torneos Abuelos Bonaerenses.
Para Chila, la estación del año preferida era el verano y éste siempre fue sinónimo de disfrute: pileta, mates, cartas (el ?truco?), sol, picnic, la playa y muchos viajes (planificados e improvisados) en familia o con amigos? sembrando amistades por todos lados.
Otra de sus pasiones o diversiones, bailar, sobre todo en casamientos u otras fiestas, quedarse hasta el final del festejo y no perderse ningún asado, encuentro o reunión social. Además de recibir a vecinos, amigos o familiares en su casa, siempre con una sonrisa, un dicho, un mate listo (amargo o dulce, pero bien caliente).
Así lo recordamos hoy nosotros y nos sentimos agradecidos, orgullosos, felices de haber compartido la vida con esta gran persona.
?Abu: te amo y te seguiré amando por siempre. Sos el mejor abuelo del mundo (te diría, del universo).Se que tu corazón, tu alma está con nosotros y seguiremos juntos; vos serás mi ángel. Gracias por tanto amor y por enseñarme a vivir con alegría. Te extraño mucho y te pediría: ?quedate con nosotros? y guiame desde el cielo. ¡Te quiero muchísimo `mi vieji`?.!
Tu nieta, Candela.
Dedicatoria:
?Querido tío Chila: fuiste para mí, el tío ?compinche?, mi segundo padre, padrino, testigo de civil, el compañero de Tandilia, el que siempre estaba ante la menor dificultad o bien festejos que tuviéramos.
Compartíamos a nuestro querido San Lorenzo. En todo momento cuidaste a mi padre y te preocupaste por él con suma bondad y sin egoísmos (cosa que en vos no existía).
Fuiste ejemplo de honestidad y rectitud (no existe persona alguna que diga algo negativo de vos); querido y respetado por jefes, compañeros de trabajo y todos los que te conocieron.
Siento que fui el hijo varón que no tuviste. El mate nos acompañaba en todo momento y charlas.
Partiste hacia el seno de Dios en un día muy importante para mi: el aniversario de casado.
No alcanzan las palabras para decirte lo mucho que te quiero y extraño. Quisiera decirte mil cosas más pero las lágrimas no me lo permiten. Tío querido ¡te quiero!?.
Tu sobrino
Daniel Corrado.
CARLOS EDUARDO WOYCIK
A la edad de 68 años de edad, el pasado miércoles 23 de diciembre dejó de existir Carlos Eduardo Woycik, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
El farmacéutico ?Baby? Woycik había nacido en Bolívar, cursando sus estudios en la Universidad de La Plata, donde egresó con su título.
Amante del campo, muy joven se radicó en El Triunfo, pueblo cercano a la ciudad de Lincoln, donde estuvo cuatro años ejerciendo su profesión ?haciendo patria?, como él decía.
Tiempo después llegó a esta ciudad con su familia, encontrándose con compañeros de facultad y terminó por quedarse acá, adquiriendo la farmacia Rubbi ? Irazoqui; luego se trasladó a la farmacia que fundó en la esquina de Chacabuco y Maipú, donde estuvo atendiendo por espacio de casi veinte años.
No pudo con su genio andariego, prosiguiendo su derrotero en busca de nuevas aventuras, volvió a fundar una farmacia en San Martín de los Andes, y más tarde en Coronel Suárez, donde ya con su enfermedad, con la que luchó hasta el final, recaló nuevamente en Tandil, reencontrándose con sus hijos, que lo comprendieron, amaron y cuidaron hasta los momentos finales de su existencia.
Su partida de este mundo es lamentada por su esposa Susana Rodríguez y sus hijos Nadia Yanina e Iván Alejandro, que piden una oración para esta persona tan peculiar.
Sus restos recibieron cremación en el cementerio Las Acacias de Necochea y descansan en Bolívar, su tierra natal.
JOSE ALBERTO MIQUELARENA
En la trágicas circunstancias que diéramos a conocer oportunamente, el pasado viernes 25 de diciembre, en Purmamarca, Tumbaya (Jujuy), falleció José Alberto Miquelarena, un querido y conocido hombre que contaba con 44 años de edad.
José nació en esta ciudad el 30 de junio de 1965, y desde muy joven se dedicó a la profesión de maestro mayor de obras, actividad laboral que desarrollaba actualmente.
Por muchos años sirvió como ministro cristiano de los Testigos de Jehová, en Chilecito (La Rioja) y en Ascención (Prov. de Buenos Aires).
Tanto él como su familia tienen la esperanza que la Biblia asegura en las palabras de Jesús en Juan 5: 28,29 ?No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en la tumbas conmemorativas oirán su voz y saldrán?.
Confiamos en que estas palabras se harán realidad, cuando Dios elimina la maldad transformando la tierra en un paraíso y las personas fallecidas serán resucitadas y tendrán la posibilidad maravillosa para vivir para siempre con salud perfecta.
Esta es la clase de esperanza que José atesoraba y que ayudó a tantas personas a conocer a través de su vida.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque El Paraíso.
RAUL ALBERTO AMESTOY
Con muestras de pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Raúl Alberto Amestoy, un conocido hombre que contaba con 56 años de edad.
Raúl, Alberto o ?Gordo? nació en esta ciudad el 26 de octubre de 1953; era hijo de Juan Francisco Amestoy (f) y Susana Dolores González y se crió en el barrio de Maipú y Alberdi. Cuando tenía 7 años recibió con alegría la llegada de su hermana María del Carmen.
Cursó sus estudios en la Escuela Nº 1 y desde muy chico comenzó a trabajar en Sastrería Rour y en el Correo Argentino, donde se inició como mensajero y luego, en su mayoría de edad, pasó a integrar el plantel de carteros, donde se ganó el aprecio de todos los vecinos.
En 1972 contrajo matrimonio con quien sería su compañera de toda la vida, Alicia Beatriz Quiroga, y le dio a sus queridos hijos: Elizabeth, Silvina, Claudio y Paola. Con el transcurrir del tiempo se fueron sumando a la familia sus yernos, a quienes quiso como a sus propios hijos: Diego Galán, Juan Galán, Diego Navarro y su nuera Lorena Rodríguez.
Más tarde llegarían sus amores más grandes y por los que daba todo; sus adorados nietos: Karen, Sebastián, Lucía, Gonzalo, Daiana, Juan Alberto, Abigail, Milagros, Gisselle, Emanuel, Ludmila, Lourdes y Gastón, que desde el 2000 nos acompaña desde el Cielo.
Fue una persona muy querida por sus cuñados: Manuel, Silvia, Elena y Rubén, Susana y Pablo; al igual que sus sobrinos Cristian, Romina, Francisco, Natalia, Yessica, Alejandro, Facundo y Juan Pablo. También fue un hijo para sus suegros Claudio Quiroga y Elena Molleker, ambos ya fallecidos.
Fue un hombre muy luchador, primero para llegar adelante su hogar; después quiso ser Quijote y luchar contra molinos de injusticia en el Correo, pero como perdió su batalla y el trabajo, se sumió en una gran tristeza.
Y por último, desde hace unos años volvió a luchar, esta vez, contra su enfermedad, peleó con uñas y dientes pero Dios quiso que estuviera a su lado y el 16 de diciembre se entregó al Señor.
Su familia quiere agradecer a todos sus amigos que lo quisieron de corazón: Nora, Estela, Omar y familia, José, Alicia Iglesias, Edgardo y familia, Noemí y familia, Cristina, Mary y J. C. Cernuto y familia, Elvia y Juan Risso, a Javier Levigna por su apoyo incondicional, a sus vecinos y a todas aquellas personas que de una u otra forma estuvieron a su lado en estos tristes momentos.
También agradecer a la comunidad de la capilla San José Obrero, a todo el personal de la Escuela Media Nº 1 y Prosegur S. A., por el apoyo brindado y pedir una oración en su memoria.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el Cementerio Municipal.
DELIA ESTHER OLIVER de LABALA
A la edad de 79 años, el pasado viernes 25 de diciembre se apagó la vida de Delia Esther Oliver de Labala, dejando angustia y dolor entre sus familiares y amistades.
Delia era nativa de Carlos Casares, nacida el 18 de septiembre de 1930; muy joven, el 9 de septiembre de 1950 contrajo matrimonio con Egidio Reynaldo Labala (f) y tuvieron un hijo: Reynaldo José, quien más tarde sumó a la familia a su nuera María Teresita y sus nietos: Carolina, Mercedes, Ignacio, María Teresita, Joaquín y María Josefina, disfrutando del cariño de sus bisnietos: Martín, Ignacia y Jeremías.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
EDITH DORA PAEZ de RUPPEL
Cuando contaba con 83 años de edad, el pasado sábado 26 de diciembre dejó de existir Edith Dora Páez de Ruppel, causando pesar entre si círculo familiar y de amigos.
Edith nació en el paraje La Vasconia el 21 de octubre de 1926, conformando una familia con cinco hermanos: Carlos (f), Rubén (f), Edina (f), Eida y Emilse.
En su juventud se casó con Dionisio Ruppel (f) y fue buena madre de sus hijos Alberto (f), Luis (f), Dora y Susana, quienes con el correr de los años fueron sumando a sus hijos políticos Susana M. Torres (f) y Karl Heinz Weell; su nieta Norman y sus bisnietas Nicole y Sheila, quienes junto a sus cuñados Alejandro Medina, Mario Esmith y Elba, sobrinos y sobrinos nietos, elevan una plegaria en su memoria.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria
?Mami, tu vida se apagó el 26 de diciembre dejando dolor y conmoción a familiares y amigos. Siempre te recordaremos como eras, una personita especial que no cabías en el mundo, generosa, alegre, servicial, que siempre estaba para todo y todos.
Vamos a extrañar esa mirada angelical, tu sonrisa fresca, esas palabras transparentes; ese amor de madre y tus abrazos tibios que hacían olvidar nuestras angustias.
Siempre estarás en nuestros corazones y te agradecemos todo lo que hiciste por nosotros.
Con muchísimo amor:
Tus dos hijas, nieta y bisnietas.
ANGELA D´ALBIS
El pasado viernes 18 de diciembre y después de 82 años de una vida fecunda y dedicada a su familia partió al Cielo, Angela D´albis.
Angelita fue madre de dos hijos: Nino y Teresita, asumió el rol de madre y padre desde que ellos tenían siete y dos años respectivamente.
Luchadora infatigable, no se doblegó nunca ante los avatares de la vida.
Transcurrió su vida dedicada a sus cachorros, como acostumbraba a nombrarlos, y entre los salones de su querida Escuela Normal. Fue portera y mayordomo de la escuela y vivió durante 45 años en la casita de su patio.
Amiga, cómplice de rateadas, compañera, siempre lista y atenta para servir a su escuela, quizá emulando ese amor al trabajo y la responsabilidad que hoy cuesta tanto encontrar.
Angelita, la portera, la amiga, compañera, la mamá, la suegra, la abu, ya nos protege desde el Cielo.
Siempre estarás presente en el corazón de quienes te amamos, gracias por haber honrado y habernos enseñado a honrar la vida.
Sus restos, previo velatorio, descansan en el Cementerio Municipal.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios