Necrológicas
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RUFINO BRANDOLIN
El pasado lunes 28 de julio se produjo el fallecimiento de Rufino Brandolín, un querido y respetado hombre que contaba con 70 años de edad. Sus seres queridos escribieron en su memoria:
“Cada vez que la vida me golpea
cosa cotidiana en mí
aparece tu recuerdo, tus consejos
tus simples palabras de amor.
En este día de corazón
rindo este homenaje
al mejor padre del mundo
cuando veo correr una nueva estrella
pienso en cual de ellas estarás vos.
Y a veces cuando llueve,
dejo mojar mi cuerpo
y es como si me abrazaras vos.
También gritar este te quiero, que a veces
por rutina de tenerte todos los días callé
Viejo lindo y compañero tengo, yo digo
tengo, porque desde el Cielo estarás en nosotros
como siempre nos tuviste en tu corazón.
Tu familia que no te olvidará: esposa Ester; hijos: Luis y Juan; nueras: María y Gabriela; nietos: Lucas, Diego, Ezequiel, Diana, Damián y bisnieta: Ornela.
ELEODORO RODOLFO ESCUDERO
Cuando contaba con 83 años de edad, el pasado sábado 26 de julio falleció Eleodoro Rodolfo Escudero, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
“Tolo” Escudero nació en esta ciudad el 3 de julio de 1931; se crió en la zona de Azucena y se desempeñó laboralmente en tareas rurales.
Tuvo el afecto y compañía de sus hermanas y sus últimos años transcurrieron en el Hogar San José.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
AZUCENA CARMEN MAGISTRALI de FUNARO
Nacida en el seno de una familia de Villa Italia en 1932, hija de don Angel Juan Magistrali, ferroviario y carpintero, y de Josefa Aiello; era la menor de cuatro hermanos y dedicó su actividad laboral como peluquera.
Hace ya más de cincuenta años se casó con Salvador Jenaro Funaro, su compañero de toda la vida que partió en diciembre pasado. Fue madre de cuatro hijos: Marcelo, María del Carmen, Alejandra y Nicolás, quienes luego sumaron a la familia a sus hijos políticos: Graciela, Javier, Carlos y Florencia.
Siempre estuvieron junto a la abuela Doris, disfrutando de sus delicias en la cocina y su coquetería, sus queridos nietos: Pablo, Guillermo, María Victoria, Julieta, Leandro, Rosario, Juana, Manuela, Fátima, Valentín y su única bisnieta: Morita.
Partió el pasado jueves 24 de julio rodeada del afecto de toda su familia, dejándonos un legado de mucho amor y cuidado, con la unión familiar como premisa y la tranquilidad de haber vivido una vida plena.
MATIAS RENEE PEREZ
El pasado martes 1 del julio falleció Matías Reneé Pérez, un querido vecino, al que le faltaban diez días para cumplir 78 años de edad.
Matías había nacido en 11 de julio de 1936 en Gardey, luego de cumplido el servicio militar se radicó en esta ciudad junto a sus padres y hermanos.
Luego conoció a Beatriz (f), con quien se casó el 1 de julio de 1966, luego llegarían sus hijos Sergio y Pablo. De profesión mecánico desde muy joven y amante de los fierros y la pesca.
Con el paso de los años su familia se fue agrandando con la llegada de sus nueras Paula y Jorgelina, y sus nietas Malanie y Valentina y Micaela.
Hace unos años su salud venía deteriorándose, sumado al dolor por la pérdida de su esposa hace cinco años; vivió los últimos 14 meses de su vida gracias al cuidado del personal del Hogar Balverde.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MATIAS NICASIO RODRIGUEZ
A los 35 años de edad, a las 3,20 del pasado viernes 11 de julio dejó de existir Matías Nicasio Rodríguez, causando dolor y angustia entre sus familiares y amigos.
Matías nació el 19 de marzo de 1979 en esta ciudad, pero toda su existencia transcurrió en la localidad de San Manuel.
Su papá Cachi, su mamá Tita, sus hermanos Ariel y Bruno, sus abuelas Porota y Elba, sus cuñadas Belén y Flavia, su padrino Daniel y todos sus demás familiares y amistades que logró cosechar a lo largo de su vida gracias al amor inmenso que supo brindar, hoy y siempre lo recordarán.
“Matute, como lo llamaban, tuvo una vida muy social y activa a pesar de su problemas de salud, que no fueron un impedimento para él, que con una garra impresionante siempre lograba lo que se proponía. Y la familia hoy está tranquila de que siempre se le trató de cumplir todos sus deseos y caprichos.
Si bien el vacío que dejaste es gigante y muy difícil de llenar, todos te recordarán por la buena persona que fuiste, por el amor que diste a todo el mundo, sin importarte fuera quien fuera la persona. La palabra maldad no existía en tu vocabulario y constantemente transitabas la vida con una sonrisa en tu cara.
Nos quedarán millones de anécdotas, de buenos recuerdos que jamás olvidaremos y sabemos que desde donde estés ahora, nos guiarás y ayudarás a seguir adelante, siempre serás un ejemplo de vida y amor a la vida.
Matías, vivirás por siempre en nuestros corazones ¡Que descanses en paz!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio de San Manuel.
MARIA DE LAS MERCEDES POLICH de LORENZO
“Mecha, para sus compañeras de la Escuela Profesional N° 3.
Fue nuestra guía en los comienzos de la carrera docente, con su trato afable, sincero, correcto, equilibrado.
Supo llegar a todas con mucho respeto y comprensión. La salud le jugó una mala pasada, pero nosotras la vamos a recordar siempre coqueta, dispuesta, tratando de solucionar todos los problemas con sumo aplomo.
“Si necesito ayuda, tu eres la fuerza”. Que Dios te reciba y te dé la paz eterna. Siempre vas a estar entre nosotras querida Mecha”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
ROGELIA ANA LEGUIZAMON
Cuando contaba con 71 años de edad, el pasado martes 22 de julio se apagó la vida de Rogelia Ana Leguizamón y sus seres queridos escribieron en su memoria:
“Mami: querida mami… qué falta me haces, siempre estuvimos juntas en las buenas y en las malas con la palabra justa, el abrazo, el consuelo, pensando cómo solucionar todo, atenta a mí, a los chicos, a los que les diste todo lo que pudiste y más… dándoles tanto amor ayudándome a educarlos y cuidándolos.
Dejaste los mejores recuerdos para su vida, disfrutaron de tu compañía, jugaron, rieron. Que buena madre, te agradezco todo lo que nos diste, tu bondad, paciencia, enseñanza, tu compañía.
Te amo, te ame y siempre te voy amar. Te fuiste sin despedirte, no se si escuchaste todo lo que te hablé, espero que sí, que sintieras mis besos, mis caricias, hasta un día Mami… ya nos volveremos a encontrar”.
Susy, Carli, Juancito, Quady y Pablo.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
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Dedicatoria:
“Querida Madre, amiga, compañera… eras todo lo que en la vida necesitaba; la guía por un camino recto. Me enseñaste a ser buena persona, ha ser buenos valores, ha ser solidaria, ha perdonar, con tu comprensión y compañerismo”.
HECTOR RAUL SCHLENKER
El pasado domingo 27 de julio se produjo el fallecimiento de Héctor Raúl Schlenker, un querido y respetado hombre que contaba con 53 años de edad.
Héctor nació en Jacinto Arauz (La Pampa) el 28 de marzo de 1961. Siendo apenas un niño, su familia se trasladó a la vecina República Oriental del Uruguay por unos años, volviendo luego a la Argentina y radicándose en Tandil, donde fue alumno de la Escuela N° 34 y tuvo el placer de cantar en “La Pequeña Cantoría del Buen Pastor”, desarrollando toda su actividad laboral y social en esta ciudad “!Que Dios le conceda la paz!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ELSA PONCE vda. de MANDARANO
“Esposa, madre y abuela ejemplar. Nacida el 14 de agosto de 1925 en Ingeniero Jacobacci. Hija de Mariano Raimundo Ponce y de María de los Dolores Gonzales.
Su nacimiento e infancia transcurrió en la Estancia La Dolores aún hoy perteneciente a sus descendientes en aquella zona de Río Negro. Se trasladó a Buenos Aires a fin de proseguir sus estudios secundarios hasta obtener el título de Maestra Normal Nacional en el colegio de la Inmaculada Concepción incorporado a la entonces Escuela Normal N° 3 de Maestras de Capital de donde egresó con excelentes calificaciones.
De regreso a su ciudad ejerció como docente hasta su enlace con el doctor Ubaldo Mandarano, joven médico oriundo de Azul quien desarrollaba su profesión en la lejana Patagonia. De esta unión nacieron sus dos hijos, Luis María, médico como su esposo y Carlos María, ingeniero.
Luego se radicaron en Tandil, siempre acompañada por Rosa oriunda también de la Patagonia quien colaboró en la crianza de sus hijos. Amante de la literatura y de la historia viajó junto a su esposo y desde jóvenes dedicaron su tiempo libre para recorrer el país, gran parte de América, Europa, Asia y Africa, siempre interesándose y adentrándose en la historia.
Tenía un cuaderno de bitácora donde relataba sus viajes, escritos colmados de hermosos recuerdos. Mujer coqueta de gran temple y bondad y sabiduría, estaba siempre dispuesta a tender su mano al que más lo necesitaba.
Partió de este mundo en compañía de su sus hijos y sus nietos Luis María y Luciano María.
LIDIA ARIZCUREN
Días atrás, falleció Lidia Arizcuren. Había nacido en Tandil el 1ro. de febrero de 1928, y era descendiente de inmigrantes españoles y franceses.
Quedó huérfana de joven, aunque pudo salir adelante y estudió magisterio. Ejerció con gran vocación la docencia en las escuelas 5, 13 de Vela, 2, la ex Escuela Técnica 2 y en distintos centros de educación para adultos. Sus alumnos siempre la recordaron con afecto y respeto, circunstancia que se repitió hasta su partida.
Contrajo matrimonio con Emilio José Mercapide, con quien tuvo dos hijas, cinco nietos y un bisnieto.
De carácter fuerte y decidido, brindó ayuda desinteresada a quienes la rodeaban, cualidad que preservó hasta sus últimos días. De espíritu inquieto, se mantenía informada pudiendo versar sobre cualquier situación contemporánea.
Tras culminar sus años en la docencia eligió mantenerse en actividad a pleno y asumió otros compromisos, pero, maestra al fin, nunca dejó de enseñar a través del ejemplo y hasta el último día dio testimonio –con su estilo silencioso, casi anónimo- de la virtud que más cultivo: la vocación por ayudar, hacer el bien y aliviar la vida de sus seres queridos, sin altisonancias, con su sensatez de siempre.
Con el mejor de los recuerdos, Lidia siempre estará presente en todos los que la conocieron desde el pupitre, la amistad o el simple trato cotidiano de una gran vecina de Tandil.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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