Necrológicas
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El viernes 23 de abril se produjo la desaparición física de José Delmiro Sosa, un querido y apreciado hombre que contaba con 91 años de edad.
José nació en Rauch el 7 de abril de 1919; era hijo de Daría Maximiliana Sosa y Delmiro Basabilbaso; desarrolló su actividad laboral en el ferrocarril de Tandil.
Había conformado su hogar junto a Luisa Irene Maradei, del cual nacieron dos hijos: Nélida y José Alberto; que más tarde sumaron a la familia a su nuera Carmen y su yerno Miguel; además de disfrutar del cariño de sus nietos Daniel, Miguel Angel, José Alberto, Marcelo, Patricio, José, María A., Julia, Andri y Paula.
Sus restos, fueron acompañados por hermanos políticos, sobrinos, nietos políticos, bisnietos, familiares y amistades, que recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
VICENTA IRENE MONTENEGRO de VILLARREAL
A los 90 años de edad el pasado miércoles 14 de abril se apagó la vida de Vicenta Irene Montenegro de Villarreal, causado dolor y tristeza entre sus familiares y amigos.
Vicenta había nacido el 5 de abril de 1920 en San Luis, era la menor de una familia de diez hermanos; el 1960 contrajo enlace con Julio Villarreal, con quien tuvo cincuenta años de matrimonio. Durante veinte años vivieron en Barker y en 1980 se afincaron definitivamente en esta ciudad.
Fue una persona muy querida, dedicada a su esposo, a su hija y a ?su querida nieta?, como ella la llamaba; pasó su vida ofreciendo amor y cuidados a los suyos.
Luchó en varias oportunidades por su salud, recuperándose siempre gracias a su gran fortaleza. Su familia siente mucho su partida: su esposo, hija, yerno y nieta, que la recuerdan con mucho cariño.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria:
Viejita querida: gracias por tanto amor y dedicación, te voy a extrañar en cada momento de mi vida.
Siento un gran vacío, pero sé que ahora después de tanto sufrimiento por tu salud estás en el mejor lugar; en los brazos de Dios. ¡Que descanses en paz Mami!
Junto con Papá, Juan y Lucía te recordaremos siempre.
GERARDO BERNABE FERNANDEZ
Pesar y tristeza ha provocado la desaparición física de Gerardo Bernabé Fernández, un conocido y respetado hombre que contaba con 83 años de edad
Gerardo nació en esta ciudad el 28 de noviembre de 1926; en su juventud contrajo matrimonio con María Cristina Freiro y era padre de tres hijos: Jorge, Leticia y Laura, que más tarde sumaron a la familia a su hija política Viviana Alzú, a sus nietos Geraldina, Juan Ignacio, Esteban, Lucía, Sofía, Guillermina y Florencia, que luego le dieron la alegría de disfrutar de sus nietos Martín, Máximo, Valentina, Lautaro y Benjamín.
Su actividad laboral la desarrolló en las tareas agrícolas y trabajó en el campo, sector donde tenía innumerables amistades. Actualmente estaba jubilado y dedicaba su tiempo a sus nietos.
Sus restos, previo velatorio, se efectuaron en el cementerio parque Pradera de Paz.
LUIS MAZZOCHI
El pasado martes 13 de abril, se produjo el fallecimiento de Luis Mazzocchi, un conocido y respetado hombre de esta ciudad.
Siendo muy pequeño llegó de su país natal (Italia) junto a su mamá Dominga y su hermana María, aquí lo esperaba su papá Pedro, algunos años después nació su hermana Juana y todos juntos recorrieron distintos lugares hasta asentarse definitivamente en Tandil.
Desarrolló su actividad laboral como empleado ferroviario, desempeñándose como guarda. En su juventud conoció a Nelly con quien se casó y con la llegada de sus hijos Ester y Pedro Luis formaron una linda familia.
Fue un excelente deportista, jugó al fútbol en el club Ferrocarril Sud y luego a las bochas representando a la ciudad de Tandil en torneos nacionales y provinciales.
Acompaño a su esposa en la búsqueda incesante de su hijo desaparecido. La búsqueda de justicia lo llevo de regreso a su país de nacimiento, que lo cobijo y luego castigo a los culpables de la desaparición y muerte de su hijo Pedro Luis.
Los últimos años de su vida los transcurrió apaciblemente en compañía de su hija Ester y nieta Maria Laura , quienes lo despidieron junto a familiares y amigos.
“Yo soy la luz del mundo el que me sigue no andará en tinieblas sino tendrá la luz de la vida” NJ 8.12
HECTOR MARIO RIBAS
Cuando contaba con 79 años de edad, el pasado miércoles 21 de abril dejó de existir Héctor Mario Ribas, causando dolor y pesar entre sus familiares y amistades.
Héctor nació el 2 de enero de 1931 en esta ciudad; era hijo de María Fermina Cobas y Eduardo Manuel Ribas; en su juventud incursionó en el deporte jugando al fútbol en el club Defensores de Belgrano, integrando el conjunto que se consagró subcampeón en 1957; mientras que su actividad laboral la desarrolló como albañil y electricista. Su familia lo recuerda como a un hombre muy trabajador y familiero.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria:
?Padre mío: para mi fuiste lo más importante que me pasó en la vida. Fuiste mi ídolo, mi amigo, mi protector, mi apoyo y mi tranquilidad.
Siempre me brindaste todo. Quiero que sepas que aunque te hayas ido, seguís viviendo entre nosotros. Soy todo lo que soy gracias a vos.
Papá: sé que ahora estás en paz, sólo te puedo decir que te vamos a extrañar muchísimo?.
JOSE MARIA OSCARES
El pasado domingo 2 del corriente a la hora en que los pájaros azules repoblaban los plátanos de la calle Fuerte Independencia y rompían con sus silbos el silencio vespertino, envuelta en el humo del incienso de tu mísera vivienda, partía hacia el cielo José María Oscares, con tu alma de pajarito.
La vereda del Colegio San José, el alumnado y todos los que desde las primeras horas de la mañana transitan por ella sienten tu ausencia, pues tú formabas parte del paisaje humano de nuestra vecindad.
Tu muerte fue para la mayoría de la gente simple crónica periodística con tinte policial, pero para todos aquellos que a diario te veíamos ingresar en el templo del Santísimo Sacramento apenas abiertas las puertas y empezar tu jornada con una oración matinal, nos sigue recordando que todo ser humano no importa su situación y condición, es un buscador de Dios. Eras el lirio del campo y el pájaro del cielo, por los que el Creador vela…
Naciste el 3 de diciembre de 1949, en un conventillo de la calle Pinto y 14 de Julio, de muy cristianos padres: Julián Oscares y Carlota Villalba, quienes a los pocos días de tu llegada, pidieron al presbítero Hilario López Murray, te cristianara con las aguas bautismales y hacer de ti, fruto de su amor, un hijo de Dios. A tu alma embellecida por la gracia, agregaron los dulces nombres de José y de María.
En este estrecho espacio habitado por cuatro familias y decenas de niños donde bullía la vida, transcurrió tu infancia. En una excelente escuela pública del barrio, aprendiste junto a las primeras letras, un comportamiento y el lenguaje siempre dignos. Lo demás lo haría la universidad de la calle que tú muy bien conocías con sus soles y sus heladas…
Siguiendo ese impulso interior propio del ser humano, interpretaste con libertad el mandato bíblico de ganarse el pan con el sudor de tu rostro. Durante muchos años trabajaste de changarín de carga y descarga de cajones en varias verdulerías del barrio. Como un colibrí te bastaba lo que ibas libando diariamente en cada flor.
Desgraciadamente la soledad en la que se iba deslizando tu vida, te fue llevando hacia una enfermedad de la que nunca te pudiste librar, pese a los consejos y advertencias de familiares y amigos.
Luego llegaron los años difíciles, donde se desgastaron tus articulaciones y la enfermedad transformada en vicio, limitaban tus energías. Fue entonces que pasaste a ingresar con dignidad, en esa categoría social, que bien podríamos llamar sub- agentes pastorales y que numerosos acuden a las puertas de nuestros templos golpeando a los corazones generosos pidiendo una moneda.
Poco a poco fuiste ocupando un espacio en la vereda del Colegio San José, ejerciendo la función de guardacoches. Provisto de un trapito oscuro que en un tiempo fuera de color naranja, hacías señales ofreciendo un espacio de estacionamiento a cada conductor. Te acercabas al vehículo, y luego tu silencio y tu mirada lo decían todo.
A las 14 horas con la partida del último funcionario del Municipio terminabas puntualmente tu jornada matutina, para volver horas más tarde…
Tu estampa nos era familiar, luciendo el camperón bordeaux y el inconfundible gorro negro de lana, adaptado a las cuatro estaciones. Siempre dispuesto a prestar pequeños servicios, trasladar los bultos de ropa de Cáritas, cuidar el coche de alguna mamá que presurosa o distraída, bebé en brazos, corriendo dejaba mal estacionado su vehículo.
Compartías lo poco que poseías, ya sea con el compañero de la bohemia, el elixir prohibido que sigilosamente guardabas en una bolsita de compras entre las rejas de las ventanitas del Colegio San José o las migajas de pan que arrojabas al perro, tu compañero de circunstancia, tan vagabundo como tú. Sentado en el umbral de la puerta del Fuerte Independencia o en una silla y una botellita de agua fresca que las servidoras del Bar Antonino te cedían gratuitamente, te sentías feliz. Todo lo demás parecía sobrarte.
José María, partiste imprevistamente a ese mundo desconocido pero anhelado por todos, donde al decir del Apocalipsis, ?el Señor secará todas las lágrimas y no habrá más pena ni muerte?.
Hoy nos imaginamos con tu inseparable trapito naranja, haciéndonos señas desde la eternidad. Gracias José María porque con tu vida y con tu muerte, nos recuerdas que todo ser humano es valioso a los ojos de Dios y digno del mayor respeto.
José María, descansa en paz junto a tus Santos Patronos?.
MARIA ANGELICA ACOSTA
Cuando contaba con 87 años, el viernes 23 de abril se fue al cielo María Angélica Acosta, causando profundo dolor a quienes la amaron con todo el amor que una madre, como ella se merece.
María nació en Ayacucho, donde dio sus primeros pasos. Siendo joven se trasladó a vivir a nuestra ciudad, donde tuvo a sus hijos, a los que crió con mucho amor.
Fue una luchadora toda su vida. Entre otros trabajos, fueron casi 30 años los que dedicó a la parrilla ?Al ver verás?.
Fue una madre y abuela sin comparación, siempre tuvo la palabra justa y los mejores consejos, cada vez que la necesitamos nos dio calor, abrigo, jamás dijo que no a nada.
Siempre será un ejemplo de la vida. Su ausencia nos dejó un gran vacío y una profunda tristeza. Pero sabemos que hoy su alma descansa en paz y desde una estrella nos sigue mirando.
?Madrecita hermosa, te recordaremos con amor y como la maravillosa persona que fuiste. Vivirás en cada uno de nuestros corazones y te recordaremos cada minuto de nuestras vidas.
Ruego una oración por ti… te extrañamos mucho… hasta siempre viejita.
¡Que descanses en paz!.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MIGUEL ANGEL HERNANDEZ
El pasado sábado 1 del corriente se apagó la vida de Miguel Angel Hernández, una querida persona que contaba con 65 años de edad y sus seres queridos lo recuerdan así:
?Miguel Angel fue un hombre alegre, divertido, dispuesto a dar todo; así es como quería que se lo recuerde, disfrutando la vida como más quiso, estuvo donde quiso y cuando quiso.
El siempre decía que querían que lo recuerden como era y eso hacemos cada día que pasa. Recordamos y sonreímos?.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
LUIS GOMEZ
Con pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Luis Gómez, un querido hombre que contaba con 93 años de edad.
Don Luis nació en esta ciudad el 12 de agosto de 1916, era hijo de inmigrantes españoles. De joven vivió en la zona de Gardey, posteriormente comenzó a trabajar como cadete en el comercio, pudiendo abrir su propio negocio en la esquina de 25 de Mayo y San Lorenzo, junto a su esposa Delia López (f), con quien tuvo dos hijos: Luis y Jorge, junto a su hijo del corazón Daniel Mauricio Bacci.
Años más tarde concretaba su sueño anhelado, trabajando en la construcción, específicamente en frentes de edificios y revestimiento, realizando gran cantidad de trabajos junto a sus hijos, en Tandil y la zona.
Al alcanzar su merecida jubilación, se retiró y vivió en la zona de quintas, disfrutando sus días en compañía de sus nietos y demás familiares, realizando cotidianamente su hobby de cultivar la tierra, premiando con sus frutos a sus seres más queridos, lo cual lo llenaba de gran satisfacción.
Sus restos, previo velatorio, recibieron cremación en el Cementerio de Miramar.
Dedicatoria:
Un gran hombre, como los hay pocos… gran ejemplo de sabiduría inigualable con tus 93 años, ya casi 94 añitos. Ojalá algunos pudieran ser tan solo una parte de lo que vos fuiste.
Ayer te dejamos partir, dejándonos una tranquilidad en el alma, y un gran vacío y dolor por otro lado en el corazón.
Hoy te decimos que te amamos, y que será así por siempre, aunque es egoísta e inevitable que te extrañemos mucho de ahora en más. ¡Que descanses en paz abuelito querido!
Gisel y Luz, tus nietas más pequeñas.
– – – – – – –
Hoy solo puedo darle gracias a Dios por haberte tenido como mi abuelo. Para mí, el significado de esa hermosa palabra ?Abuelo? es el adjetivo para describirte, tengo los mejores y más hermosos recuerdos guardados en mi corazón, mi infancia está repleta de esos momentos compartidos junto a mis hermanos y primos, como aquel día en que me enseñaste a andar en bici y no solo me diste ?el empujón? sino que también me pusiste ?un lugarcito con una altura ideal? para poder frenar y bajarme sin caerme; eso demostraba tu amor hacia nosotros, porque nos cuidabas y acompañabas en cada momento que compartimos juntos.
Abuelo… hoy me resulta muy difícil no encontrarte en tu lugar, para compartir unos mates entre charlas y anécdotas aunque me duela en el alma tu partida, agradezco todo lo que vivimos a tu lado, siempre vas a estar conmigo presente; con la mejor de las sonrisas te voy a recordar, porque esa será mi forma de decirte: ¡gracias por ser mi abuelo!
Carolina.
ANGEL JOSE GUGLIELMONE
El pasado lunes 3 del corriente falleció Angel José Guglielmone, un querido y estimado hombre que contaba con 77 años de edad.
Angel había nacido en Ayacucho el 26 de abril de 1933; en su juventud se casó con María Julia Otero, con quien llevaba 51 años de matrimonio.
Su única hija: Mónica Liliana y sus dos queridas nietitas: María Sol y Jazmín Lazarte escribieron: ?nuestro amor infinito para vos papá?, querido esposo y cariñoso abuelo, además de muy buen vecino.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
ELENA ECHARRI de MURUZABAL
A los 83 años de edad, el pasado sábado 24 de abril se apagó la vida de Elena Echarri de Muruzabal, dejando pesar y angustia entre sus familiares y amistades.
Elena había nacido en esta ciudad el 21 de octubre de 1926. Creció junto a su madre y sus nueve hermanos, quienes se dedicaron a realizar actividades agrícolas desde muy jóvenes, debido al pronto fallecimiento de su padre.
Cursó sus estudios en la Escuela Nº 29, siendo alumna del maestro Riatto y su esposa, a quienes recordó siempre con mucho afecto.
Más tarde, aprendió costura junto a la señora Julia, con quien tuvo la posibilidad de trabajar, una vez aprendido ese oficio. Gracias a esa actividad, pudo conocer la gratificación del trabajo personal.
En su juventud contrajo matrimonio con Gregorio Muruzabal, con quien construyó una familia junto a sus dos hijos: Jorge y Olga. Se dedicó al cuidado de ellos, y al cumplimiento de los quehaceres domésticos.
Con el tiempo nacieron sus nietos Laura, Magdalena, Manuel y Elena, a quienes les brindó especial cariño. Ellos pasaron largas horas de juego junto a sus abuelos.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JUAN ANTONIO SELLES (sin foto)
El pasado viernes 23 de abril, dejó de existir Juan Antonio Selles, un querido y respetado hombre que contaba con 75 años de edad.
Juan había nacido en Mar del Plata el 6 de septiembre de 1934; muy joven contrajo matrimonio con Martha O. Iñiguez, formando una gran familia junto a sus hijos: Alejandro, José, Norma, Eduardo, Susana, Rocío, Jorge y Fabián, a quienes les inculcó su visión positiva de la vida.
Más tarde se fueron sumando a la familia sus hijos políticos: Omar, Elizabeth, Marcela, Sergio, María Gabriela y María; sus nietos Pablo, María Belén, Manuel, Mariano, Lorena, Emiliano, Lucía, Pablo, Cristian, Aylen, Rocío, Marina, Andrés, Jonathan, Luis Miguel, Cristina, Antonio, Antonella, Federico, Agustín, Martín, Alejandra, Oscar, Liliana, Margarita, Milagros, Joaquín y sus bisnietos. Todos ellos sienten un profundo dolor por su partida y ruegan una oración en su memoria.
Sus restos, previo velatorio, descansan en el Cementerio Parque Praderas de Paz.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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