Necrológicas
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El pasado jueves 8 del corriente se produjo la desaparición física de Pedro Tapia, un conocido y estimado hombre que contaba con 88 años de edad.
?El Vasco? Tapia nació en María Ignacia (Vela) el 22 de noviembre de 1921, y desde muy joven comenzó a trabajar como empleado de la fábrica Loma Negra, en Barker, hasta alcanzar su merecida jubilación.
Además, tuvo una destacada actuación en la vida social, integrando la comisión fundadora del Club Loma Negra, del Club de Pesca, de la Mutual y de la Cooperativa de Producción y Consumo.
En su juventud contrajo matrimonio con Angela Krauel y tuvieron dos hijos: Rubén y Gladys, que con el transcurrir del tiempo le dieron la alegría de disfrutar de sus nietos: Luciano, Macarena, Agustina, Facundo, Bárbara, Micaela y su bisnieta Sofía.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
MARIA ANGELICA YAPPEZZUTTI
Tras una breve dolencia y a la edad de 91 años, el pasado viernes 4 del corriente se apagó la vida de María Angélica Yappezzutti, causando dolor y angustia entre sus familiares y amistades.
?Tera? había nacido en Rauch el 29 de enero de 1919; era hija de inmigrantes italianos, siendo la mayor de seis hermanos y la última en partir.
Desde muy chica se dedicó a los quehaceres domésticos, destacándose por ser una trabajadora ama de casa, tuvo una vida muy tranquila y amaba a los niños.
En su juventud se casó con Anastasio Romero (f), y tuvieron una hija: Cristina, que luego sumó a la familia a su yerno Daniel Fernández y a sus nietos Lucas y Andrés, por quienes redobló sus ganas de vivir.
Fue una mujer de gran corazón, generosa, sensible. Todo el que necesitaba y se acercaba a su puerta recibía prendas, que personalmente arreglaba y cosía, además de alimentos o la palabra que la reconfortaba.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
JORGE CRISTINO HEVIA
Con muestras de pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Jorge Cristino Hevia, un querido y respetado hombre que contaba con 69 años de edad.
?El Negro? Hevia, como lo llamaban sus conocidos había nacido en esta ciudad el 30 de julio de 1940; gran parte de su vida dedicó su actividad laboral como empleado de Metalúrgica Tandil.
Su partida deja un gran vacío entre sus seres queridos y amigos, que siempre lo recordarán con mucho afecto y gran cariño.
Sus restos, previo velatorio, recibieron sepultura en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria:
?En estos diez últimos años estuve a tu lado y aprendí muchísimo de vos. Gracias por dejarme entrar en tu vida. Fuiste un gran amigo y compañero de trabajo. Nunca te olvidaré?.
(Cristian Nicolás López)
ANGELA ESTENS de LABACA
Sencilla y mansamente, tal cual fue su vida, el pasado domingo 6 del corriente Angela Estens de Labaca partió de este mundo.
Ciertamente no será fácil encontrar las palabras que la definan, y que ella desearía leer en esta página, sobre su persona pues no le gustaba la lisonja y el barullo de las palabras de más.
Tenía espléndidos 95 años y una lucidez admirable y la aceptación callada, de quien sabe sobrellevar la incertidumbre de una larga enfermedad.
Nacida el 9 de julio de 1914, en el paraje ?El Centinela?, era la tercera de once hermanos. Fueron sus padres Herminda Carignani y Ceferino Estens. Sus primeros años transcurrieron en un hogar humilde, pero pleno de cariño, que disfrutó en compañía de hermanos y primos, ayudando y aprovechando el regalo de la naturaleza para sus juegos infantiles.
Comenzó la etapa escolar y concurrió con su hermana Amelia, a la actual Escuela Nº 1, a pie, enfrentando el frío y la lluvia en invierno, y el viento y el polvillo en verano, en un camino que aún transitaba.
Ansiaba estudiar, pero en tercer grado debió dejar. Tenía 9 años cuando Tandil festejó su centenario (1823?1923) y recordaba que su madre le puso el mejor vestido y un moño impecable en su cabeza y pasaron la tarde en los actos de la Plaza Moreno. Honraba los próceres y hechos patrios.
La vida transcurrió y pronto se empleó con las familias Uez y Pozzo, que valoraban su empeño y honestidad. En el término de un año perdió a sus padres y consecuentemente con sus hermanos mayores contuvieron y apañaron a los cuatro más pequeños.
A la vida hay que darle tiempo y todo se equilibra, en 1947 conoció a Roque Labaca, se casaron en octubre de ese año, deja sus tareas, compran su casa, que la cobijó hasta su último día y nacieron sus tres hijos: Sara, Jorge y Cora.
Amaba los animales y las plantas, trabajaba incansablemente (huerta, frutales, peces y aves de corral) y siempre un bello cuidado jardín, donde se podía oler, desde jazmines, pionías, camelias y inolvidables rosales, y mucho antes, cuando sus fuerzas se lo permitían, cruzaban su patio, teros, tortugas y el infaltable canto de sus canarios.
Pero, don Roque enfermó y luego de ocho años de sinsabores falleció en 1963; nuevamente la lucha era su pan de cada día, sin desmayos, sin cargar las tintas en el destino, salió a pelear su lugar en el mundo, cuidó niños y personas mayores y poco a poco, al crecer sus hijos, la normalidad volvió a su vida.
Fueron años plenos, Cora se recibió de médica, Sara se casó y nacieron sus nietos: Marcos, Luciana e Ignacio Farcy, por tanto, razón tenía para agradecer a Dios. Fue una etapa dichosa y fructífera. Viajó y conoció lo que a ella le gustaba, una y otra vez, visitó la Fiesta de la Flor en Escobar, también Luján y Capital Federal. En verano, las playas de Necochea y Mar del Plata eran su destino y la vuelta al pago de su origen, hoy convertido en la zona más hermosa de Tandil.
Fue una mujer inteligente, que no tuvo la oportunidad de instruirse y una de sus mayores virtudes era el sentido común, con ideas claras y profundas, que la convirtieron en una esposa, madre y abuela siempre presente desde la sencillez y ubicación de su trato.
Cuando las fuerzas no eran las mismas, pero sí las ganas y alegría de vivir, compartió las tardes del domingo en la Plaza Independencia y junto a sus vecinos formaron un grupo donde el punto de encuentro era la ?parecita? de la casa de dos de ellas; allí languidecía el día y luego vuelta al hogar.
Hace 12 años nació su primera bisnieta, Milagros, y luego Alejo, Delfina y Camila Tapia. Su rostro y sus palabras reflejaban el orgullo y cariño que sentía por ellos, les recalcaba el uso correcto de las expresiones, y el buen comportamiento y sus besos y sus visitas hasta el último día la reconfortaban inmensamente.
A principios de 2009 su salud se quebrantó y comenzó a decaer. Su cuerpo y alma tan vitales, dieron paso a una abuelita chiquita, fatigada, pero nunca entregada y permanentemente acompañada por el afecto y la presencia de todos sus seres queridos.
Su familia la recuerda con muchísimo cariño y agradecen a Dios, tantos años felices compartidos a su lado.
Sus restos descansan en paz en el Cementerio Municipal.
REINA MARIA BIANCHI MATOCQ de PITTALUGA
El pasado viernes 4 del corriente se apagó la vida de Reina María Bianchi Matocq de Pittaluga y sus seres queridos la recuerdan así:
?Una estrella se apagó en nuestro Cielo. Se fue una mujer que dignificó al género. Alguien que enseñó a tres generaciones a ser uno mismo, a ser mejores personas.
Fue modelo en todos aspectos, familiares, educativos y públicos. Amó y fue amada por los niños y los maestros. Fue ejemplo de vocación hacia todo lo que significaba mejorar la educación, promover niños independientes y felices que pasaron bajo su responsabilidad, respetó a los maestros que la rodearon, pero inculcando que cumplir con el deber, lleva al ejercicio del derecho de cada uno.
Demostró siempre que no transigió con poderosos intereses ni con autoritarismos opresivos.
Actuó con inteligencia, ecuanimidad, elocuencia, seguridad, benevolencia, más, la justicia, fue uno de sus valores preponderantes.
Su presencia física fue la de una mujer distinguida, elegante, con una sonrisa en el rostro que reflejaba la luz de su alma y unos ojos expresivos de emociones.
Sí… se apagó una estrella. Fue de brillo intenso y se asemeja a las que siempre seguiremos viendo su destello y belleza, muchos años después de haberse ido?.
Tu amiga del alma: ?Pichi?.
(Quien expresa en palabras lo que todos sentimos)
MARTA ESTELA GONZALEZ de TANTARDINI
A la edad de 62 años, el pasado miércoles 2 del corriente falleció Marta Estela González de Tantardini, dejando tristeza y angustia entre sus familiares y amistades.
Marta nació en esta ciudad el 15 de junio de 1947 y desde muy chica desempeñó su actividad laboral como una eficiente y trabajadora ama de casa; fue madre ejemplar, abuela y bisabuela cariñosa, sembró amor y cosechó muchos amigos que hoy lloran su partida de este mundo, al tiempo que elevan una plegaria por el eterno descanso de su alma.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
CRISTINA SOLEDAD CALABRESE
Cuando contaba con 90 años de edad, el pasado domingo 13 del corriente se produjo el fallecimiento de Cristina Soledad Calabrese.
Cristina nació en esta ciudad el 29 de mayo de 1920, desarrolló su oficio de pantalonera en varias sastrerías de la época.
Su hija del corazón la recuerda con mucho cariño; dio afecto a una bebé de 15 días, que es su nieta del corazón. Ella le dio una familia a Cristina, que la disfrutó con toda su alma.
?La recordaremos por siempre por su simpatía, gentileza y por lo amorosa con su prójimo?.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MARIA DEL CARMEN SUAREZ
De manera repentina, el pasado viernes 4 del corriente se apagó la vida de María del Carmen Suárez, una querida y apreciada mujer que contaba con 83 años de edad.
María nació en esta ciudad, era hija única de quien fuera enfermero de la Sociedad Española, don Avelino Suárez; desde muy jovencita dedicó con gran esmero su vocación docente, ejerciendo por varias décadas en la Escuela Técnica Nº 2 ?Felipe Senillosa?, donde comenzó como secretaria y llegó a ser regente, hasta alcanzar su merecida jubilación en 1991.
Durante su trayectoria supo demostrar su aptitudes personales y profesionales, calidez humana y su profundo respeto por las jerarquías y el alumnado, conformando una excelente relación con sus compañeros y con sus ?chicos? como ella llamaba a los estudiantes.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el cementerio parque Pradera de Paz.
HUGO ALBERTO ECHEVERRIA
A la edad de 69 años, el pasado sábado 5 del corriente falleció Hugo Alberto Echeverría, causando dolor y pesar entre sus familiares y amistades.
Hugo había nacido en esta ciudad el 30 de agosto de 1940, pero vivió mucho tiempo en Mar del Plata y Balcarce, desempeñando su actividad laboral como empleado de una mueblería y como chofer. También condujo unidades de la línea 503 de colectivos en Tandil.
En su juventud se casó y tuvo dos hijos y en la actualidad estaba separado de su esposa.
Su familia más cercana esta conformada por su hermano Mario y los suyos, sobrinos y demás familiares; mientras que sus últimos años transcurrieron en un geriátrico. Sus amigos y familiares lo recordarán con mucho cariño y afecto.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
EMILSE HAYDEE LARSEN de ZUBIGARAY
Cuando contaba con 85 años de edad, el pasado lunes 14 del corriente, se apagó la vida de Emilse Haydée Larsen de Zubigaray, dejando pesar y tristeza entre sus seres queridos.
Emilse había nacido el 6 de abril de 1925 en María Ignacia (Vela); era hija de Rodolfo Hugo Larsen y Nicolasa Paula Conni. Allá por 1949, en un baile del Club Ferroviarios de Gardey conoció a Enrique Zubigaray, con quien luego de varios encuentros sellaron su amor eterno. Tras dos años de noviazgo, en 1951 contrajeron matrimonio y tuvieron dos hijos: Alberto Enrique ?Beto? y Edgardo Luis ?Bocha?.
Vivieron en el campo, en donde se dedicó enteramente a Enrique, acompañándolo en su trabajo y a los quehaceres domésticos. Le gustaba tener flores en su jardín y especialmente cultivar su huerta, con la cual abastecía la cocina cotidiana.
En 1980 se radicaron en la ciudad, donde vio nacer y crecer a sus seis nietos: Gabriel, César, Ana, Laura, Valeria, Martín y Juan Manuel. En sus últimos días dedicó sus mimos a sus dos bisnietos: Agustín y Emiliano.
Madre protectora y amiga, esposa enamorada de su marido, para la cual los años no eran una carga sino suma de experiencia, Ama de casa, vivió dedicada a su hogar y a su familia. Muy buena cocinera, y su especialidad era los pasteles de membrillo que en cada cumpleaños llevaba de regalo y que sus familiares esperaban con ansias.
Era naturalmente cordial, generosa y auténtica, dejando un recuerdo bello a los que amó, a sus amistades y vecinos con quien compartió largas charlas en la vereda de su casa.
Trabajadora y solidaria, perteneció a la congregación Hijas de María, en Vela y a la comisión de la iglesia San Antonio de Padua, en Gardey.
Sus seres queridos ruegan oraciones a su querida memoria. ?Abuela, te vamos a extrañar… ¡besos!?.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
CARLOS ALBERTO VITULLO
A la edad de 86 años, el pasado sábado 5 del corriente dejó de existir Carlos Alberto Vitullo; sus seres queridos lo recuerdan así:
?Carlitos, como lo conocían sus familiares y amigos, había nacido el 24 de abril de 1924 en nuestra ciudad. Se crió junto a su única hermana Alicia y su primo Osvaldo.
Cursó sus estudios en el Colegio San José, cumpliendo todos los niveles de dedicación, se desempeñó laboralmente por espacio de treinta años como empleado del Banco Nación. Fue propietario del kiosco ubicado sobre calle Pinto, al lado de lo que por aquellos años fue el Bar Ideal.
Viudo de Nélida Paladino, quien falleció hace tres años, fue padre de Daniel. Alberto y Marcelo Ricardo. Más tarde se sumaron a la familia sus nueras Carolina y Sandra y tiempo después llegaron los nietos Leticia, Sebastián, Abril, Carla y Sofía y sus bisnietos Ema y Pedro.
Fue un hombre de amigos, de reuniones con ellos en diferentes bares clásicos de la ciudad, formaba parte de la Asociación Bancaria, institución con la que colaboraba.
Sus restos, previo velatorio, descansan en el Cementerio Parque Pradera de Paz.
RAQUEL GANDUGLIA de MIR
El pasado miércoles 2 del corriente se apagó la vida de Raquel Ganduglia de Mir, una querida y apreciada mujer que contaba con 85 años de edad.
Raquel había nacido el 28 de mayo de 1925 en la localidad de Perugorría, provincia de Corrientes; en su juventud contrajo matrimonio con Antonio Domingo Mir, con quien formó una hermosa familia junto a sus dos hijos Raúl Alberto y Carlos Francisco, viviendo en Mercedes (Corrientes), por algunos años.
En 1962 trasladan a su esposo, de profesión militar, hacia nuestra ciudad, por lo que toda la familia se radicó en estas tierras.
Fue ama de casa, una mujer dedicada profundamente a la crianza de sus hijos y al cuidado de sus seres queridos.
La vida le dio la posibilidad de poder disfrutar de sus nietos: Federico, Sofía, Eugenio, Valeria, Yesica y Alejandra, quienes lamentan profundamente su partida, pero queda en ellos la imagen de su figura, sabiendo que descansa en paz junto a Dios.
Sus restos, previo velatorio, descansan en el Cementerio Parque Pradera de Paz.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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